Donaciones para Colombia por terremoto. Foto: Cruz RojaEl terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el pasado 10 de agosto no solo provocó una tragedia humanitaria, sino que también asestó un duro golpe a la economía nacional. Según un análisis de la actividad comercial realizado a partir de datos transaccionales de tarjetas de crédito y débito de Bancolombia, el consumo en términos reales cayó un 8,9 % a nivel nacional durante la semana en que ocurrió el sismo, en comparación con la dinámica habitual de compras registrada en agosto.Las dimensiones del suceso explican en gran parte esta contracción. De acuerdo con cifras de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), la emergencia dejó más de 300 personas fallecidas, 143 desaparecidas y aproximadamente 185.000 afectados. A nivel de infraestructura, las pérdidas materiales y las graves disrupciones en las cadenas de suministro ya amenazan con desacelerar el crecimiento económico del país en los próximos meses.Los dos canales de la contracciónLos analistas de Bancolombia identificaron dos canales principales que explican la brusca caída del consumo de los hogares colombianos: La destrucción de capital físico e interrupción de la actividad productiva y el ahorro de precaución.En el primer caso, la parálisis temporal de los comercios y la pérdida de infraestructura en las áreas más impactadas redujeron drásticamente la demanda en el corto plazo. En el segundo caso, el temor ante posibles réplicas y las dificultades generales derivadas de la catástrofe llevaron a los hogares —incluso en regiones alejadas del epicentro— a restringir sus gastos y priorizar el ahorro.No obstante, los expertos de la entidad financiera señalan que el retroceso del consumo nacional no fue aún más severo gracias a la rápida movilización de ayuda humanitaria y la compra masiva de insumos de emergencia, factores que compensaron y contuvieron parcialmente los impactos negativos en el gasto privado.Chocó y el Eje Cafetero bajo máxima presiónEl informe de Bancolombia concluye que, aunque la contracción afectó a casi todo el territorio, el impacto se distribuyó de manera muy desigual. Mientras que la pandemia de COVID-19 en 2020 generó caídas homogéneas en todo el país, este terremoto concentró sus peores efectos económicos en las zonas directamente afectadas, las cuales representan en conjunto el 12 % del consumo nacional.En promedio, el gasto de los hogares en los departamentos más golpeados se ubicó un 26,7 % por debajo de su promedio histórico semanal.Particularmente, Chocó, a pesar de representar solo el 0,2 % del consumo de la nación sufrió la peor parálisis. Durante la semana del terremoto, la caída del consumo en el departamento fue 2,42 veces superior a la observada al inicio de la pandemia de 2020, evidenciando un colapso económico y social sin precedentes.La región del Eje Cafetero (que concentra cerca del 4 % del consumo del país por su vocación turística y comercial) experimentó un impacto financiero de gran magnitud: Risaralda lideró las caídas regionales con un desplome del 40,9 % en su consumo, registrando niveles casi idénticos a los del confinamiento por la pandemia; Quindío reportó una contracción del 27,2 % y Caldas registró un descenso del 20,6 %.Finalmente, con un retroceso del 23,1 % en su dinámica comercial frente a una semana habitual, el Valle del Cauca (que aporta aproximadamente el 8 % del consumo en Colombia) fue uno de los principales motores detrás del desplome del promedio nacional.Por otro lado, el efecto del ahorro preventivo se hizo evidente en las grandes capitales que no sufrieron daños directos por el movimiento telúrico. En Antioquia, el consumo cayó un 14,7 %, mientras que en Bogotá la moderación del gasto fue más sutil, registrando una baja del 2,4 %.Así mismo, hubo regiones del país que mostraron un comportamiento atípico al alza. Departamentos como Cundinamarca, Atlántico, Bolívar y Nariño registraron un incremento en sus niveles de consumo durante la semana del evento. Este fenómeno se atribuye directamente a las compras masivas destinadas a la asistencia humanitaria y la movilización de recursos para apoyar a las poblaciones damnificadas.—