Disculpen pero no puedo dejar pasar la oportunidad en plena “Moriamanía” de colgarme de sus tetas en mi columna. Me siento autorizada: yo crecí en los 80, una época en donde muchas mujeres del espectáculo eran conocidas por mostrar sus culos y tetas, y los capocómicos se reían de lo que les provocaba tener esas partes cerca suyo.En eso consistía gran parte del humor picaresco que estaba pensado básicamente para entretener a los hombres, y a mí eso un poco me indignaba.Y después estaba ella: la vedette que no nos dejaba afuera a nosotras. Moria era un torbellino, una explosión de glamour y brillos, y a su vez se reía de todo eso.En mi caso, Moria y su personaje Rita Turdero, la Pantera de Mataderos, cumplían un rol importante en mi cabeza de niña: cada vez que algo me daba miedo o inseguridad, yo cerraba los ojos y me repetía para mis adentros “Chiribin Chiribin, uhu uhu”, y así ahuyentaba mis fantasmas.Por aquellas épocas no era de lo más habitual ver a una mujer como Moria en la tele. No es que ahora sí lo sea, pero era una época donde las mujeres acompañaban al cómico, y su caso ella era la capocómica.Hace no tantos años todo era mucho más rígido que ahora. Por ejemplo, cuando yo quise empezar a trabajar en los medios, los lugares a los que a mí me interesaba entrar, como por ejemplo la radio, estaban copados por varones y no era nada fácil.Me acuerdo que algunas colegas mujeres que lo habían logrado, me comentaban que para nosotras había básicamente dos maneras de entrar en el medio. Haciéndote la potra y generando la falsa ilusión de que algún día iba a pasar algo, o hacerte “el amigo”, o sea mostrarte varonera, ser como uno más para ellos. Pero entrar así como era una, era difícil.Y no solo eso, negociar el tema del sueldo también tenía sus rarezas machirulezcas. Nunca olvidaré aquella vez que fuí a pedirle aumento al de recursos humanos de un canal de televisión en el que trabajaba y me dijo: "¿Pero tu marido no gana bien?" "¿Queeeé? ¿Qué tiene que ver, señor?"Hay que aclararle a las nuevas generaciones que hasta hace no taaantos años, según me cuentan algunas mujeres que hoy tienen alrededor de 80, si una mina laburaba era vista como poooobre, no tiene un marido que la mantenga. Ni hablar si eras soltera, porque la obra “No seré feliz pero tengo marido”, el éxito teatral que hizo durante tantos años Linda Peretz, era un título que representaba a toda una generación.Aunque también hay que decir que todo esto que parece tan de otra época, a veces no lo es tanto.Dalia Gutman. Foto: Ariel Grinberg Hace poco tuve un problema personal y me atendí con una profesional recontra joven y recontra capaz. Yo la felicité por su profesionalismo y calidad humana y ella me contestó: “Gracias, porque hay gente que cree que trabajo acá porque ando con alguien” ¿Queeeé? ¿Todavía siguen pasando estas cosas?Parece que sí. Parece que el hecho de que una mujer ocupe ciertos lugares que siempre estuvieron copados por varones sigue generando sospechas: ¿Qué habrá hecho ésta para entrar?Parece que ese famoso techo de cristal que en algún momento creí que ya casi no existía, todavía le queda mucho trecho para hacerlo estallar en mil pedazos. Y hay que hacerlo.Sospecho que mucho de ese trabajo hay que encararlo uniéndonos entre nosotras, alentándonos, con nuestras reglas. Y, sobre todo, con menos dudas sobre nosotras mismas y bien teflonadas, como diría Moria, para que lo que viene de fuera y no nos suma, no se nos pegue.Protegernos para no dejar de vivir las cosas que queramos vivir. Y a quienes se pregunten: “¿Cómo habrá hecho ésta para estar ahí?" La respuesta sea: "Laburando, mi amor". Y al que no le guste: “Chirin chiribin uhuhuhu!”Porque... ¿Quienes son? ¡Y el decorado se calla!Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de ClarínQUIERO RECIBIRLOTags relacionadosMoria CasánTerapia AbiertaFeminismo