"Los humanos siguen teniendo el control. La cuestión es qué hacen con herramientas tan poderosas", entrevistamos a Graham Yost, creador de 'Silo'

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Aviso: este artículo desvela algunos elementos narrativos de la tercera temporada de Silo.La tercera temporada de Silo cambia la escala de la serie, pero sobre todo cambia nuestra perspectiva. Después de contemplar el mundo desde el interior de los silos, la historia nos permite viajar hasta el momento en el que alguien decidió construirlos. La pregunta ya no es únicamente qué sucedió fuera, sino quién diseñó aquel sistema y qué razones utilizó para justificarlo.He tenido el auténtico placer de conversar con Graham Yost, creador y showrunner de la serie, sobre esta nueva etapa. Para mí era una entrevista muy especial: Speed y Broken Arrow son dos de mis películas favoritas y sigo su trabajo desde hace años. Además, como alguien que trabaja en tecnología, siempre me ha parecido que Silo posee una inteligencia poco habitual a la hora de hablar de sistemas, automatización y control.La tecnología de Silo nunca es un simple decorado. Cada máquina contiene una decisión, cada algoritmo representa una forma de entender el mundo y cada norma protege a alguien mientras limita la libertad de todos los demás. Durante nuestra conversación, Yost dejó clara la gran idea de la temporada: las herramientas pueden ser cada vez más poderosas, pero la responsabilidad continúa perteneciendo a las personas que deciden utilizarlas.Cambiar los libros para conservar la esencia de la historia La tercera temporada es la primera en la que la serie comienza a alejarse de forma más visible de las novelas de Hugh Howey, especialmente en la historia de Daniel y Helen. No parece haber sido una decisión conflictiva con el autor. Según me contó Yost, "Hugh siempre nos ha apoyado mucho. Su actitud ha sido: estáis haciendo una serie de televisión, haced lo que queráis. Y ha disfrutado viendo el resultado". Una libertad importante cuando adaptar literalmente una obra puede acabar traicionando aquello que la hacía funcionar.El cambio más evidente afecta al protagonista de esta parte de la historia. En las novelas se llama Donald y ya está casado con Helen, algo que introduce la infidelidad dentro de la relación. Yost y sus guionistas consideraron que aquello podía levantar una barrera innecesaria entre el personaje y el espectador: "No queríamos que nuestro protagonista tuviera una aventura. No queríamos que fuera un personaje por el que resultara difícil preocuparse". La serie no elimina la complejidad moral, pero decide construirla desde otro lugar.La solución fue convertir el vínculo entre Daniel y Helen en una historia de amor que pudiéramos contemplar desde su nacimiento. Esta decisión hace que el pasado posea una carga emocional mucho mayor y no funcione únicamente como una explicación de cómo se construyeron los silos. Yost me explicó que "pensamos que esa revelación podía crear un romance y que podíamos hacerlo dentro del contexto de un thriller de conspiración política". La relación no interrumpe la conspiración: se convierte en la parte humana que nos permite entrar en ella. Aquí aparecen las referencias cinematográficas que Yost lleva consigo desde hace décadas. "Nos encantan películas como La conversación, Los tres días del Cóndor o El último testigo"*, me contó al explicar el tono buscado para esta parte de la temporada. Son películas en las que el poder no necesita mostrarse abiertamente porque se nota en cada llamada, cada despacho y cada silencio. Utilizar ese lenguaje para contar el origen de Silo acerca la serie a nuestro presente y hace que su futuro resulte mucho más incómodo.El cambio también permite construir una relación con consecuencias a largo plazo. Yost afirma que decidieron "crear una relación cuyo eco pudiera llegar hasta el final de la serie". Esa frase da una dimensión distinta a Daniel y Helen: no están ahí para rellenar un capítulo del pasado ni para introducir una revelación concreta. Son una pieza emocional que continuará resonando mucho después de que comprendamos qué papel desempeñaron en la creación del sistema.El Algoritmo no se ha rebelado contra nadie El Algoritmo adquiere una importancia decisiva durante la tercera temporada. Ya no es solo una presencia misteriosa, sino un sistema capaz de influir en decisiones que afectan a miles de vidas. Resulta inevitable pensar en la inteligencia artificial actual y en la facilidad con la que estamos empezando a delegar en ella elecciones cada vez más relevantes. Sin embargo, Yost no quería contar otra historia sobre una máquina que se vuelve consciente y decide atacar a la humanidad. La tercera temporada presenta al Algoritmo no como una IA rebelde, sino como una herramienta cuyo peligro depende del uso humano. La serie pone el foco en cómo delegar decisiones en sistemas poderosos puede diluir la responsabilidad "Esta no es una serie sobre una IA que se descontrola", me explicó. Tampoco es, en sus palabras, una historia sobre "un genio que ha salido de la botella" y ya no puede volver a encerrarse. Me parece una distinción fundamental porque desplaza el conflicto desde la tecnología hasta nuestra relación con ella. El Algoritmo no necesita rebelarse: ya dispone de personas dispuestas a aceptar sus respuestas y convertirlas en órdenes.Yost lo resumió con una de las ideas más interesantes de toda la entrevista: "Los humanos siguen teniendo el control, pero están utilizando estas herramientas. La cuestión es qué hacen con ellas cuando son tan poderosas". Eso es exactamente lo que convierte al Algoritmo en algo inquietante. No elimina la responsabilidad humana, aunque ofrece a sus usuarios una forma muy cómoda de fingir que la decisión ya ha sido tomada por otro. La serie refleja así un peligro mucho más próximo que una hipotética rebelión de las máquinas. Cuando una recomendación llega revestida de datos, predicciones y probabilidades, resulta fácil confundirla con una verdad inevitable. Pero siempre existe alguien que decide confiar en el sistema, alguien que establece sus objetivos y alguien que considera aceptable el coste de obedecerlo. La tecnología crea distancia entre la decisión y sus consecuencias, aunque nunca llega a borrar por completo la responsabilidad.Por eso Silo no presenta la IA como una criatura ajena a nosotros. El Algoritmo es una extensión del sistema político que lo creó, de sus miedos y de su obsesión por preservar el orden. Lo peligroso no es que la máquina haya desarrollado una moral propia, sino que los seres humanos utilicen su aparente neutralidad para ejecutar decisiones morales sin tener que mirarlas directamente a los ojos.Una inteligencia artificial que habla de forma diferente con cada persona La voz del Algoritmo fue una de las decisiones que más debatió el equipo. Yost recuerda que hablaron sobre ella en la sala de guionistas, con los directores y con los distintos responsables de la producción. Finalmente decidieron que fuera una voz generada mediante inteligencia artificial, una elección especialmente coherente con la naturaleza del sistema y con el momento tecnológico en el que se estrena la temporada.Sin embargo, no querían que todos los personajes escucharan exactamente la misma voz. Yost me explicó que "es una IA que suena un poco diferente de una persona a otra, dependiendo de cómo hable cada una". La identidad del Algoritmo permanece, pero su forma de expresarse se adapta ligeramente a su interlocutor. No es una diferencia evidente, sino una sensación que trabaja por debajo de las palabras."Puede cambiar el énfasis, el ritmo o el pequeño espacio entre dos palabras. La huella de la voz no sería exactamente la misma", detalló Yost. Es una decisión fascinante porque convierte la personalización en una herramienta dramática. Cada persona cree estar hablando con el mismo sistema, pero en realidad recibe una versión modulada para ella. El Algoritmo no se limita a responder: aprende cómo debe dirigirse a quien tiene delante. Esta idea conecta con una realidad tecnológica que ya conocemos. Los sistemas digitales adaptan lo que vemos, el orden en el que lo vemos e incluso el tono con el que intentan convencernos. En Silo, esa personalización alcanza la propia voz de la autoridad. No hace falta que el Algoritmo grite ni amenace cuando puede encontrar la cadencia exacta que inspira confianza en cada interlocutor.Ahí reside parte de su poder. Una orden impuesta provoca resistencia; una recomendación que parece comprendernos puede ser aceptada casi sin discusión. El Algoritmo no domina únicamente por la información que posee, sino por su capacidad para crear una relación diferente con cada persona. Y la serie utiliza una variación mínima en la voz para contarnos algo enorme sobre la forma en que la tecnología puede moldear nuestro comportamiento.Llegar hasta el límite de la ciencia sin entrar en la magia La tecnología de Silo 1, el Silo de los Fundadores, es mucho más avanzada que todo lo mostrado anteriormente. La criogenización, las nanomáquinas, la manipulación de la memoria, la automatización o la comida impresa forman parte de un mundo que se encuentra muy lejos del nuestro y que, al mismo tiempo, conserva una lógica reconocible. Quería saber dónde establecía Yost la frontera entre la ciencia ficción creíble y la tecnología convertida en magia. La tecnología de Silo busca situarse justo más allá de lo posible sin parecer magia. Por eso la serie incluso modifica elementos de los libros cuando una solución tecnológica rompe esa sensación de realismo Su respuesta contiene una regla narrativa muy clara: "Intentamos llegar hasta el límite y dar un pequeño paso más allá, pero sin entrar en la magia". Me parece una magnífica definición de la tecnología de Silo. No hace falta que todo pueda construirse mañana, pero sí que podamos imaginar una línea más o menos continua entre lo que existe ahora y lo que vemos en pantalla.Esa regla ya llevó al equipo a modificar algunos elementos del segundo libro. Yost recordó el momento en el que Juliette cae y la nanotecnología contribuye a evitar su muerte: "Dijimos que no queríamos hacer eso. No queríamos que resultara demasiado mágico". La serie necesita que cada solución extraordinaria parezca pertenecer al mismo universo físico que el resto de la historia, no que aparezca únicamente porque el guion necesita salvar a un personaje. La criogenización sí forma parte de las reglas aceptadas por la serie. Yost explica que "en el mundo de Silo, la criogenización funciona" y permite conservar los cuerpos durante los largos periodos en los que permanecen congelados. La propuesta está más allá de nuestras capacidades actuales, pero procede de una idea que conocemos. Esa pequeña conexión con la realidad basta para mantener intacto el pacto con el espectador.Lo mismo ocurre con las nanomáquinas, capaces de curar y también de destruir. Yost y su equipo no necesitan explicar cada mecanismo hasta convertir la serie en un manual técnico. Lo importante es que la tecnología mantenga sus propias reglas, tenga consecuencias y no se transforme en una respuesta ilimitada para cualquier problema. En Silo, cuanto más poderosa es una herramienta, más importante resulta preguntarse quién la controla.Manipular los recuerdos para controlar a las personas Entre todas las tecnologías de la temporada, la manipulación de la memoria es probablemente la que plantea preguntas más profundas sobre la identidad. Los recuerdos dejan de ser un espacio íntimo e inviolable para convertirse en algo que puede reducirse, alterarse o utilizarse como una herramienta política. Si alguien controla lo que una sociedad recuerda, también puede controlar lo que esa sociedad considera posible.Yost cree que alguna versión de esta tecnología podría aparecer antes de lo que pensamos. "Ya existen formas de manipulación y control de la memoria", me explicó, en referencia a tratamientos terapéuticos que intentan reducir el peso de determinados recuerdos traumáticos. La realidad está todavía muy lejos de lo que muestra Silo, pero el punto de partida no pertenece por completo a la ciencia ficción.El creador menciona especialmente a personas que han sufrido experiencias extremas, como los veteranos de guerra: "Hay formas de trabajar con personas en terapia para que determinados recuerdos queden suprimidos y no tengan que vivir constantemente con ellos". La intención original puede ser aliviar el sufrimiento. El problema comienza cuando una herramienta concebida para curar termina en manos de quienes quieren imponer una versión concreta de la realidad. "No me sorprendería que alguna versión de eso acabara apareciendo en el futuro", reconoce Yost. A mí tampoco. Muchas tecnologías inquietantes no nacen con el propósito de controlar, sino de resolver una necesidad legítima. Es el contexto, la escala y la persona que obtiene acceso a ellas lo que acaba transformando su significado.Silo lleva esa posibilidad hasta su consecuencia más perturbadora. Borrar un recuerdo no solo elimina información: modifica la manera en que una persona comprende quién es, por qué está allí y qué razones tendría para rebelarse. El control perfecto no consiste en impedir que alguien formule una pregunta, sino en conseguir que olvide que alguna vez tuvo motivos para hacerla.El miedo a la nanotecnología ha cambiado La nanotecnología ocupa un lugar central en la mitología de Silo, aunque nuestra relación cultural con ella ha cambiado desde que Hugh Howey publicó los libros. Yost recuerda que entonces existía una preocupación mucho mayor por sus posibles consecuencias. La gran amenaza era el escenario hipotético en el que nanomáquinas autorreplicantes terminan consumiendo toda la materia disponible."Cuando Hugh escribió los libros, la nanotecnología provocaba mucho más miedo", me explicó Yost. "El gran temor era que pudiera convertirse en el devorador de materia". La saga nació en un momento en el que esta tecnología representaba uno de los posibles finales de la humanidad. La adaptación decidió conservar aquella inquietud y convertirla en una de las fuerzas invisibles que sostienen su mundo. Sin embargo, el paso del tiempo ha modificado nuestras prioridades. La inteligencia artificial ocupa hoy buena parte del espacio que antes pertenecía a otros miedos tecnológicos, mientras que la nanotecnología ha dejado de estar tan presente en la conversación pública. Yost lo admite al señalar que "no creo que la gente tenga ahora tanto miedo a la nanotecnología", aunque la serie siga aprovechando el temor original de los libros. Aunque Silo mantiene el temor a la nanotecnología de los libros, Yost señala que las preocupaciones han cambiado y hoy la IA ocupa ese lugar. Frente a amenazas futuristas, recuerda que las armas nucleares siguen siendo un peligro mucho más real e inmediato Esta evolución también dice algo sobre nosotros. Las tecnologías que tememos no siempre son las más peligrosas, sino aquellas que en cada momento resultan más nuevas, desconocidas o difíciles de comprender. A veces imaginamos amenazas futuristas mientras convivimos con instrumentos de destrucción mucho más antiguos y perfectamente reales.Yost cerró esta parte de nuestra conversación con una observación que devuelve la mirada al presente: "Las armas nucleares siguen siendo probablemente lo primero que deberíamos temer en el mundo". Después de hablar de nanomáquinas, criogenización e inteligencias artificiales, la amenaza más inmediata sigue siendo una tecnología creada hace más de ochenta años y controlada enteramente por seres humanos.El poder siempre encuentra una manera de llamarse protección Una idea atraviesa toda la serie: personas que limitan la libertad de otras porque creen estar protegiéndolas. En los silos, la censura, la vigilancia y el castigo no se presentan como caprichos de un villano, sino como piezas necesarias de un sistema creado para evitar una catástrofe. Le pregunté a Yost si veía la serie como una crítica al poder o como una exploración de la forma en que las personas justifican moralmente su uso.Yost se inclina por la segunda lectura porque, como me explicó, "en la serie volvemos una y otra vez a la idea de que todo el mundo tiene sus razones". Es una premisa mucho más interesante que dividir el mundo entre personas buenas y malas. Quien ejerce el poder rara vez se despierta pensando que ese día desea convertirse en un tirano; normalmente se convence de que hace lo único posible.Bernard y los responsables del orden representan perfectamente esa contradicción. "Hicieron lo que hicieron porque pensaban que tenían que hacerlo o, ¡Dios mío! Algo increíblemente horrible sucedería", señala Yost. Sus decisiones son crueles, pero ellos las entienden como el precio necesario para que el silo continúe existiendo. El miedo a una tragedia futura convierte cualquier abuso presente en una medida aparentemente razonable. Lo más esperanzador de la serie es que algunos personajes todavía son capaces de cambiar cuando conocen la verdad. Yost define Silo como una historia sobre "personas que, si hubieran recibido la información adecuada en el momento adecuado, habrían tomado decisiones mejores". La frase concede a la verdad un poder que el propio sistema intenta negar constantemente.Yost reconoce que esa visión quizá sea "un poco más optimista que la realidad", porque conocer los hechos no garantiza que alguien abandone sus convicciones. Aun así, conserva cierta esperanza: "A lo largo de la historia humana, cuando ha habido más libertad y más verdad, las personas han respondido a ellas. Eso no significa que ahora mismo no estemos en medio de un enorme retroceso, pero creo que las cosas pueden corregirse". En una serie construida alrededor del control, la posibilidad de cambiar de opinión termina siendo uno de los actos de libertad más importantes.Un thriller político que nace de nuestro presente La historia de Daniel y Helen adopta el pulso de un thriller político de los años setenta. Cambian los espacios, la luz y hasta la manera en la que se administra la información. Yost no pretendía abandonar la ciencia ficción, sino encontrar el género adecuado para explicar cómo una sociedad reconocible pudo terminar construyendo los silos.Por eso el mundo anterior se sitúa solo un poco por delante del nuestro. "Consideramos que la historia de Daniel y Helen sucede ligeramente en el futuro, pero básicamente pertenece a nuestro tiempo", me explicó. Los coches parecen actuales, las calles resultan familiares y las instituciones siguen siendo las nuestras. No existe una distancia visual que permita al espectador tranquilizarse pensando que todo sucede en una época incomprensible."Eso ayuda a mantener la historia anclada en la realidad. No está sucediendo en Marte ni nada parecido", añade Yost. Me parece una decisión esencial. Cuanto más reconocible es el punto de partida, más inquietante resulta el destino. El mundo de Silo no nace de una civilización alienígena ni de una tecnología imposible: surge de despachos, decisiones políticas y miedos que ya forman parte de nuestro presente. La trama de Daniel y Helen muestra que los silos nacen de un mundo casi idéntico al nuestro. Lo inquietante es que la distopía surge de decisiones humanas, no de una tecnología fuera de control Yost recuerda que se concibió la serie desde la primera temporada como un thriller distópico. La historia del mundo anterior permite potenciar ahora esa segunda identidad: "Con la trama del pasado y la historia del origen conseguimos reforzar el thriller. Ya no es únicamente ciencia ficción". Entender cómo se construyó el sistema requiere entrar en el terreno de la conspiración, donde las decisiones más trascendentes suelen tomarse lejos de quienes tendrán que sufrirlas.La tercera temporada consigue así que el futuro de Silo parezca menos lejano que nunca. Yost lo resume al afirmar que "la historia parece salir de nuestro mundo y continuar desde ahí ciento cincuenta años hacia el futuro". Esa es quizá la revelación más perturbadora: los silos no son la consecuencia inevitable de una máquina que se volvió contra nosotros, sino el resultado de personas que construyeron un sistema para proteger a la humanidad y acabaron convencidas de que cualquier sacrificio estaba justificado para conservarlo.En Applesfera | 'Silo', tercera temporada - capítulos, información y lo que se sabe de su renovación en Apple TVImágenes | Facilitadas por Apple - La noticia "Los humanos siguen teniendo el control. La cuestión es qué hacen con herramientas tan poderosas", entrevistamos a Graham Yost, creador de 'Silo' fue publicada originalmente en Applesfera por Pedro Aznar .