Imagen generada por la IA Gemini con fines ilustrativos.La economía colombiana se enfrenta a una profunda transformación de sus flujos comerciales a medida que el dólar estadounidense se aproxima a la barrera de los $3.000, un nivel que no se registra desde el 1 de octubre de 2018. Este escenario de revaluación del peso colombiano (que ha sido una excepción en los últimos días) ha abierto una brecha de posibilidades: por un lado, representa un respiro para los importadores y compradores de bienes de capital del exterior; por el otro, se ha convertido en un obstáculo para los exportadores y el sector turístico nacional, que pierden competitividad de manera acelerada.Y es que incluso para los empresarios colombianos, la caída en el precio de la divisa extranjera genera fuerzas opuestas. Por una parte, disminuye el costo de adquirir maquinaria y materias primas del exterior, pero, por otra, pone en desventaja a los productos nacionales y reduce las ganancias de quienes venden afuera.Según las cifras oficiales del DANE, las importaciones totales colombianas ascendieron a US$38.075,8 millones CIF en el período de enero a junio de 2026, lo que representa un aumento del 13,6 % en comparación con el primer semestre de 2025. Este empuje estuvo jalonado principalmente por el grupo de manufacturas, que acumuló US$28.594,7 millones CIF en el semestre (+15,2%). Dentro de este grupo, destaca, por ejemplo, la importación de maquinaria y equipo de transporte, que creció un 33,6 % solo en junio y acumula US$13.210,0 millones CIF en lo corrido del año (+25,3 %).No obstante, esta ola de importaciones baratas tiene un reverso preocupante para el aparato productivo local. Bruce Mac Master, presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), alertó sobre los riesgos de esta revaluación del peso: «Colombia está viviendo un momento muy complejo, derivado de la inmensa revaluación que se está presentando en la tasa de cambio. Estamos perdiendo competitividad y los exportadores están teniendo inmensos problemas en términos de los recursos que monetizan que cada vez son más bajos en pesos», dijo.El líder gremial asoció directamente este fenómeno cambiario con las elevadas tasas de interés en el país, las cuales pasaron de estar en un 9 % en agosto de 2022 a ubicarse actualmente en un 12 %, lo que, en su opinión, está «generando flujos de capitales gigantes hacia nuestra economía que están profundizando esta situación». En respuesta, pidió flexibilizar los mecanismos de política monetaria para evitar que «eventualmente perdamos capacidades en nuestro aparato productivo».Esto cobra especial relevancia ante el deterioro de la balanza comercial, que registró un déficit de US$2.161,0 millones FOB en junio de 2026 frente a un saldo en rojo de US$1.099,8 millones FOB en junio de 2025. Incluso, de manera acumulada, en el primer semestre de 2026, el déficit comercial del país se ensanchó hasta llegar a los US$8.198,7 millones FOB.Sustitución de los productos localesUn informe del Banco de Bogotá concluye que la fortaleza del peso colombiano, que cerró el mes de julio como la divisa con mejor desempeño a nivel mundial, ha modificado los hábitos de consumo de los hogares, inclinando la balanza en favor de los productos extranjeros y afectando la producción local.La entidad financiera resalta que este «efecto de sustitución» es evidente al contrastar las ventas del comercio minorista frente a los indicadores de la manufactura nacional. Mientras que el consumo interno de mercancías importadas registra aumentos significativos en categorías comerciales como vestuario (+4,6 %), calzado (+5,3 %), electrodomésticos (+20 %), equipos de sonido y video (+42 %), productos electrónicos (+31 %) y artículos para el hogar (+18 %), la producción nacional de esos mismos segmentos sufre caídas de consumo o avances insignificantes: vestuario creció apenas un 0,8 %, calzado avanzó 1,8 %, los equipos de sonido y video cayeron un 7 % y la producción nacional de electrodomésticos se contrajo un 5 % en el mismo periodo de análisis.Como consecuencia de este desfase, la manufactura local ha mostrado una recuperación débil y desigual. En lo corrido del año hasta mayo de 2026, la industria colombiana creció un 1,2 %, una cifra muy distante del desempeño del PIB agregado nacional, que registró una expansión del 2,7 %. Además, en el mes de mayo de 2026, el sector manufacturero sufrió una contracción del 0,4 % en su producción y ventas, acompañada de una reducción del 1 % en el empleo sectorial.A nivel de exportaciones industriales, las ventas de manufacturas colombianas al exterior pasaron de un crecimiento del 10,6 % en 2025 a un avance del 1,7 % en los primeros cinco meses de 2026, evidenciando caídas notables en las exportaciones de textiles (-1,2 %), papel (-12 %) y cuero (-15,8 %). De hecho, de acuerdo con la Encuesta de Opinión Industrial Conjunta (EOIC) de la ANDI, los tres problemas capitales de los industriales en 2026 han sido «la falta de demanda, el costo y suministro de materias primas y el comportamiento de la tasa de cambio».Petróleo y gas: importaciones estructurales más allá del dólarEl sector minero-energético también muestra un dinamismo exterior particular en el volumen de sus compras. En junio de 2026, el grupo de combustibles y productos de industrias extractivas registró compras externas por US$785,9 millones CIF, un salto del 67,2 % comparado con junio de 2025. Este comportamiento fue impulsado en gran parte por el aumento del 68,5 % en la categoría de petróleo y sus derivados.Sin embargo, desde la perspectiva de la Cámara Colombiana de Bienes y Servicios de Petróleo, Gas y Energía (Campetrol), este incremento de importaciones no es consecuencia exclusiva de la tasa de cambio favorable, sino de un desajuste estructural entre la producción interna y la demanda nacional, especialmente en lo referente al gas.Los datos de Campetrol y el Gestor del Mercado de Gas Natural revelan que, entre enero y julio de 2026, las importaciones de gas natural promediaron 235 millones de pies cúbicos diarios (MPCD), frente a los 173 MPCD registrados en el mismo periodo de 2025; esto representa un aumento del 35,6 %. Únicamente en julio de 2026, la importación de gas promedió 302 MPCD, un incremento del 54,6 % en contraste con los 195 MPCD del año anterior.Este comportamiento comercial responde a que la producción comercializada local de gas natural reportada por la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) ha venido disminuyendo: promedió 699 MPCD en el primer semestre de 2026 frente a los 811 MPCD del primer semestre de 2025 (una reducción del -13,8 %). Solo en junio de 2026, el gas importado representó el 29 % del total de la oferta del mercado (con un promedio de 286 MPCD importados frente a 704 MPCD de producción comercializada nacional).Por estas razones, Campetrol sostiene que Colombia va a requerir gas importado para atender su demanda, independientemente del nivel de la tasa de cambio. “Tenemos una demanda que necesita ser abastecida y una oferta nacional que hoy no está creciendo al ritmo requerido», le dijo el gremio a Valora Analitik.En relación con los bienes de equipo e insumos para la explotación petrolera, la organización sostiene que la adquisición externa responde estrictamente a la reactivación y nivel operativo (perforación y mantenimiento de campos) y no a la coyuntura del peso. Por tanto, la agremiación considera la tasa de cambio como uno más de esos factores, y no como la explicación única del repunte del comercio exterior en su rama.El turismo: una ventaja cambiaria que se diluyeEl turismo receptivo es una de las actividades que más rápidamente experimenta los efectos negativos de una divisa estadounidense devaluada. Cuando el dólar rozó los $5.000 en 2022, el país se convirtió en un destino extremadamente competitivo y barato para los viajeros que llegan con esa divisa. Con un dólar cercano a los $3.000, esa ventaja cambiaria se debilita ostensiblemente.«Con un dólar alrededor de $3.000, Colombia pierde parte de esa ventaja cambiaria que tuvo frente a los viajeros internacionales. El país deja de percibirse como un destino tan económico frente a otros mercados de América Latina», señaló Juan Camilo Vargas, director de Asohost.Vargas añadió que el contexto de alojamiento turístico por plataformas en Colombia está transitando hacia un periodo de consolidación, reportando un inventario de 138.340 listings a junio de 2026, un volumen de reserva anual que promedia 1.044.320 noches reservadas, una ocupación media del 34 % y una tarifa promedio diaria de $322.272. No obstante, resalta que la tasa de cambio no es el único factor determinante en este comportamiento y que la industria debe buscar factores agregados de valor.«Colombia está entrando en una etapa de estabilización y madurez del mercado. Ya no estamos en una fase donde solo crece la oferta de manera acelerada; ahora el reto está en operar mejor, profesionalizarse, manejar precios con datos y diferenciar la experiencia», indicó.Paralelamente, la depreciación del dólar genera un fenómeno de flujo migratorio inverso. Al abaratarse la divisa estadounidense, viajar al exterior se hace muy muy económico para los ciudadanos colombianos, quienes optan por realizar turismo emisivo (viajes internacionales) antes que desplazarse internamente dentro del territorio nacional. Esto reduce la clientela del turismo local, mientras que los turistas extranjeros perciben al país como un destino cada vez más costoso.Incertidumbre y desaceleración en las regiones: el caso de MedellínEn las economías locales del país, el impacto cambiario se entrelaza con otros elementos de incertidumbre nacional, como el costo laboral derivado del alza del salario mínimo o los cambios legislativos en ciernes, afectando las expectativas corporativas.En Medellín, las autoridades turísticas han manifestado su inquietud. Si bien la llegada de visitantes extranjeros no residentes por el Aeropuerto Internacional José María Córdova se ha mantenido relativamente estable, se ha registrado una caída cercana al 26 % en la llegada de turistas nacionales y colombianos residentes en el exterior. La secretaria de Turismo de Medellín, Ana María López, asoció este descenso a factores de coyuntura general, señalando que «se ha tenido una reducción significativa también por razón del terremoto», sumado a los impactos estacionales de acontecimientos como las elecciones o el Mundial de Fútbol.A nivel departamental, el informe económico de Antioquia reconoce que el efecto tasa de cambio impacta el ritmo de expansión del turismo. Al junio de 2026, la ocupación hotelera y en alojamientos de Antioquia registró una caída de 2,2 puntos porcentuales (frente a la reducción de -1,7 pp observada a nivel nacional). De igual manera, la llegada de visitantes extranjeros no residentes decreció un 0,6 % en el departamento (frente a una caída del 1,9 % nacional). A pesar de esta desaceleración, Antioquia retiene una porción importante del turismo receptivo nacional, absorbiendo el 26 % del total de visitantes extranjeros del país a junio de 2026, lo que equivale a 563.300 personas.Sin embargo, en los últimos días el dólar en Colombia se ha movido por encima de los $3.100 motivado principalmente por los indicadores macroeconómicos estadounidenses, lo que refuerza la advertencia de los analistas de la dificultad de predecir hacia dónde puede moverse la tasa de cambio.—