Las anteriores revoluciones tecnológicas destruyeron ocupaciones y terminaron creando otras. Bill Gates cree que esta vez la comparación puede fallar. La inteligencia artificial aprende tareas intelectuales, se incorpora al software que ya utilizan las empresas y avanza a una velocidad que deja poco tiempo para reaccionar. Para el fundador de Microsoft, el cambio desborda los precedentes conocidos.Su advertencia llega después de examinar los últimos avances en programación. Las capacidades de Claude Code, la herramienta de Anthropic, le hicieron admitir que estos sistemas ya le superan en una materia que conoce bien. El problema, sostiene, es que esa mejora coincide con una sustitución acelerada de personas en numerosos sectores.Gates plantea tres respuestas. Quiere que el uso de la IA soporte nuevos impuestos, propone reservar determinadas ocupaciones a trabajadores humanos y pide vigilancia internacional para los modelos que puedan emplearse con fines dañinos. La prioridad consiste en ganar tiempo para proteger a quienes perderán su empleo antes de que la automatización se extienda por toda la economía.Un impuesto contra la sustitución «¿Autorregulación para la herramienta más peligrosa jamás inventada? ¡No, gracias!Bill Gates Durante una entrevista concedida a The New York Times, Gates aseguró que los directivos mejor informados están inquietos, aunque pocos reconocen en público el alcance del peligro. A su juicio, las grandes cantidades de dinero invertidas y las próximas rondas de financiación empujan al sector a rebajar sus advertencias mientras continúa el desarrollo a toda velocidad.El filántropo ha desarrollado sus propuestas en un ensayo de cerca de 6.000 palabras publicado en su página personal. Una de ellas consiste en gravar los tokens y los robots. Su razonamiento parte de una diferencia fiscal: contratar a una persona genera cotizaciones, mientras que comprar una máquina suele tratarse como un gasto empresarial. Ese incentivo favorece los recortes por IA y reduce los ingresos públicos cuando aumenta la necesidad de ayudas.El impuesto serviría para encarecer el reemplazo, financiar la formación de los afectados y reforzar la red de protección social. Gates admite que la medida restaría algo de eficiencia económica, pero considera asumible ese coste. Varias empresas ya han comprobado los límites de agentes y la factura de una automatización apresurada, desde fallos operativos hasta la necesidad de volver a contratar especialistas.Oficios reservados a personasLa segunda propuesta recibe el nombre de «Human Reserved». Gates parte de una idea sencilla: hay trabajos cuyo valor depende del trato humano, incluso si una máquina llega a ejecutarlos. Recuerda a los cuidadores que atendieron a su padre durante el alzhéimer y señala otros casos delicados, como comunicar a un paciente que padece una enfermedad incurable. También contempla proteger ocupaciones cuando quienes las desempeñan tienen pocas posibilidades reales de reciclarse.La decisión abriría preguntas difíciles. Cada país tendría que acordar qué tareas quedan protegidas, durante cuánto tiempo y cómo evitar que las empresas eludan las reglas. La inquietud afecta ya a las profesiones más expuestas, entre ellas la atención al cliente, la traducción, la programación y la redacción. Para los jóvenes, las primeras oportunidades laborales pueden reducirse justo en los puestos que hasta ahora servían como puerta de entrada.El temor no se limita a perder una nómina. Los empleados que ven salir a sus compañeros pueden desconfiar de la tecnología, reducir su compromiso y dedicar parte de su esfuerzo a proteger su puesto. Los datos sobre el miedo laboral ayudan a explicar por qué Gates insiste en que la transición necesita decisiones públicas antes de la crisis.Amenazas que cruzan fronterasEl empleo ocupa buena parte de su diagnóstico, pero la amenaza supera el terreno económico. Gates avisa de que unas pocas personas con acceso a sistemas avanzados podrían diseñar nuevos patógenos. Por eso reclama revisiones obligatorias para cualquier modelo capaz de crear moléculas con las que se pueda desencadenar una pandemia, además de acuerdos entre países para vigilar los riesgos biológicos y los ciberataques.Su posición conserva una visión favorable de lo que la IA puede aportar a la medicina, la educación, la agricultura o la energía. El resultado dependerá de quién reciba esos beneficios y de cómo se repartan los costes. Gates promete llevar el asunto a sus reuniones con dirigentes y empresas tecnológicas porque las decisiones no pueden quedar en manos de un pequeño grupo cuando el empleo y la seguridad de millones de personas están en juego.