El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó el pasado 31 de octubre una resolución clave que consolida el plan de autonomía marroquí como la base principal para resolver el conflicto del Sáhara Occidental. Este movimiento supone el mayor triunfo diplomático reciente para Rabat y sienta las bases para un cambio de paradigma en todo el norte de África.La maquinaria diplomática estadounidense ya se ha puesto en marcha para capitalizar este impulso. El enviado especial de Estados Unidos, Steve Witkoff, anunció en televisión que su equipo trabaja a contrarreloj para cerrar un acuerdo definitivo entre Marruecos y Argelia en un plazo de 60 días. El presidente Donald Trump busca anotarse una nueva victoria histórica en política exterior bajo la bandera de la pacificación internacional.Un pacto de esta magnitud tendría repercusiones directas para Europa y, muy especialmente, para España. Un acercamiento real entre ambos vecinos permitiría integrar la economía del Magreb y reducir drásticamente la presión migratoria hacia el continente europeo. En este sentido, un análisis publicado por el Middle East Institute señala que la reconciliación facilitaría una mayor cooperación energética y una coordinación antiterrorista mucho más efectiva en la inestable región del Sahel.El rearme argelino y el dilema de seguridadLa rivalidad entre ambos países hunde sus raíces en la época poscolonial y en la breve guerra fronteriza que libraron en 1963. Desde entonces, sus sistemas políticos han evolucionado hacia visiones antagónicas. Marruecos ha mantenido una postura prooccidental y favorable al libre comercio, mientras que Argelia ha recelado tradicionalmente de las alianzas de su vecino.El reciente acercamiento entre Rabat y el Estado de Israel ha disparado la sensación de amenaza en Argel. Para contrarrestar esta situación, el Ejecutivo argelino ha aprobado un presupuesto de Defensa de 25.000 millones de dólares para 2025, una cifra que eclipsa por completo el gasto militar marroquí y evidencia la escalada de tensión en la zona.Esta inyección económica contempla la futura adquisición de cazas furtivos rusos Su-57 y Su-35, así como misiles Iskander-M y sistemas de radar avanzados. Ninguna de las dos potencias norteafricanas desea un conflicto armado abierto, pero ambas se están preparando activamente para los peores escenarios posibles en lo que constituye un dilema de seguridad que cualquier acuerdo de paz deberá desactivar.La debilidad del Frente PolisarioEl tablero geopolítico actual muestra a un Marruecos en clara posición de ventaja. El reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara en 2020 generó un efecto dominó que ha sumado los apoyos explícitos de España, Francia y Reino Unido a su plan de autonomía. Frente a esta ofensiva diplomática, Argelia y el Frente Polisario han quedado relegados a una posición de debilidad estratégica.La postura de Argel se ha caracterizado en los últimos años por ser puramente reactiva, centrada en intentar frenar la influencia regional marroquí. Cualquier negociación exitosa impulsada por Washington deberá ofrecer una salida digna para Argelia. Los expertos apuntan a que los incentivos deberían centrarse en la modernización de la economía argelina y en la atracción de inversión extranjera directa.El éxito de esta mediación estadounidense supondría un duro golpe a la influencia de Rusia y China en una región vital. A fin de cuentas, el Magreb sirve de puente ineludible entre Europa y el África subsahariana, por lo que apaciguar las tensiones redefiniría el equilibrio de poder en todo el Mediterráneo.