Crítica de 'La constelación del perro' (***): Ridley Scott y su lección de cómo disfrutar el apocalipsis

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A Ridley Scott le faltan un par de meses para cumplir 89 años y, según sus geriatras, está como una pera limonera para el ejercicio de su profesión, la de hacer películas grandes, al menos de tamaño. La novela de Peter Heller ('The dog stars') requería una producción enorme, un mundo aniquilado por un virus, con ciudades vacías, edificios carcomidos por la vegetación y con unos cuantos supervivientes que resisten a la escasez y al empuje de bandas carroñeras y asesinas. Al tiempo, la historia también requiere de respiración, contemplación y sentimiento. Y el veterano director la viste elegantemente de ambas cosas, de tensión y violencia y de serenidad y belleza. Los personajes clave no son muchos, un joven que pilota su desvencijada avioneta, su perro, un militar duro con el que ha construido un lugar habitable y seguro, un padre y su hija a los que encuentra accidentalmente y una purrela de personajes a los que generalmente hay que disparar. Y visualmente, Scott atiende con igual espectacularidad la sensación de naturaleza muerta e irrecuperable y la de otra naturaleza respirable, habitable y superviviente. En cierto modo, y a pesar de ser una historia por completo apocalíptica, ofrece una mirada esperanzadora, además de melancólica. No se para en exceso en los interiores de sus pocos personajes, salvo en el principal, Hig, el piloto, de quien se cuenta parte de su pasado mediante ilusorios 'flashbacks', la muerte de su joven esposa embarazada y el peso sentimental que ocupa en su presente. Es por lo tanto Jacob Elordi (Hig) el que transporta mayor carga emocional en la historia y su interpretación requiere también algo más de sutileza que la de, por ejemplo, Josh Brolin , un guerrero en su salsa, o Guy Pearce , un hombre agresivo y desconfiado que ha conseguido sobrevivir junto a su hija, Margaret Qualley , también con pasado traumático y algunos sentimientos que se esfuerza en conservar. El presente de la película se sitúa en 2037 y tampoco se para Ridley Scott en muchas explicaciones sobre lo que le ocurrió a la humanidad; se habla en varias ocasiones de un virus, una gripe o algo así, y aún permanece la desconfianza entre los pocos supervivientes, que evitan la proximidad y el contacto. Lo que parece interesarle más de la historia es la búsqueda de tranquilidad en un mundo destruido y caótico, algo que transmite bien 'La constelación del perro' con la gran familia de menonitas a los que Hig suministra algunas de sus necesidades en ocasionales paradas de avión. Y hay media docena de secuencias muy violentas de gran tensión y ferocidad que interrumpen la armonía visual y musical, alguna de ellas especialmente inhumana y carnicera, pero que resuelve con tanta brillantez como prisa para volver a su paz apocalíptica. Es ingenioso y deslumbrante el tramo del aeropuerto, que actúa en la historia como si se hubiera caído allí de otra película, con su diseño estiloso y su puesta en escena refinada. Definitivamente, 'La constelación del perro' no es la mejor película de Ridley Scott , pues las mejores ya las hizo al principio de su carrera, pero sí está entre las mejores de las más recientes, a la altura de la espléndida 'El último duelo' o de 'Marte' . Hay que estar preparado para el Ridley Scott nonagenario que llega, pues va a entrar en la década con ímpetu.