Las praderas de pastos marinos funcionan, desde hace millones de años, como una de las cajas fuertes de carbono más eficientes del planeta: parte de lo que absorben queda enterrado en el fondo del mar durante siglos. Un experimento con 27 tanques de agua marina, cuatro especies de plantas y tres temperaturas distintas acaba de mostrar una grieta en esa caja fuerte: con el agua más caliente, la fracción de carbono difícil de degradar que liberan estas plantas cae más de una cuarta parte