Probablemente hemos vivido la mejor temporada, la más divertida y espectacular, del ciclismo moderno, y también una de las más tristes, después de la muerte terrible de FinlayTarling en la Volta a Portugal. Desde aquel sprint majestuoso de Wout Van Aert en el Vélodrome André-Pétrieux de Roubaix, incontestable victoria, hasta el ascenso indescriptible de Tadej Pogacar en el Alpe d'Huez, pasando, claro, por la eclosión de Paula Blasi, ganadora de casi todo, con exhibiciones en la Vuelta a España y con definitivo marchamo de líder, pese a las tácticas de equipo, en el Tour femenino. Y todavía nos queda la Vuelta de los hombres, que se presenta, como ocurre a menudo en los últimos años, no como una cenicienta en el calendario de las hermanas de tres semanas, sino como un evento de gran categoría, durísimo, atractivo, esta vez a través del arco mediterráneo y sin recorrido cantábrico ni llegada a Madrid.Seguir leyendo....