La relación de las personas con la memoria guarda secretos que la psicología trata de desentrañar. Saber cómo funcionan los recuerdos y qué hace que algunos sean más vívidos puede depender de las emociones, pero también hay aspectos como el legado que juegan un papel fundamental en aquello que la persona es capaz de traer al presente desde una etapa pretérita de su existencia.Una creencia que se ha extendido durante años era la de considerar que cuando alguien de la tercera edad repetía determinadas historias de su juventud era un signo de desmemoria. Sin embargo, el regreso a esos relatos está mucho más cerca de ser un proceso psicológico con propósito que una falta de firmeza en aquello que se vivió años atrás.La revisión de vida como herramienta para afianzar un legado Relatar historias de juventud sirve para reforzar la imagen que se quiere dejar en los demás - UnsplashAsí lo recoge un estudio elaborado por investigadores de psicología de la Universidad Queen's, que se han basado en el concepto de 'revisión de vida' acuñado en la década de 1960 por el médico gerontólogo y psiquiatra estadounidense ganador del Premio Pulitzer Robert Butler para arrojar luz con base científica a ese comportamiento que se repite en la generación que ya tiene cumplidos los 75 años de vida.Hay un comportamiento que se repite con frecuencia y que es común a toda una generación: la tendencia de las personas mayores de 75 años a repetir las mismas historias. Ya sea aquella de cuál fue el primer coche que hubo en casa, la noche en que conocieron a su pareja, un compañero de juventud con el que ayudaban en las labores o con el que coincidieron en la escuela. Esa dinámica no se debe a un deterioro cognitivo ni al estancamiento en el pasado, sino que busca plasmar la versión de sí mismo quiere legar al futuro el protagonista, buscando aceptación, coherencia e integración personal.No se trata de un simple repaso de anécdotas, sino de construir un compendio narrativo con el que dar significado a décadas de decisiones y pérdidas, y así lo ha recogido el equipo investigador de la Universidad Queen's, en Canadá. Los datos recopilados en el estudio revelan que el 87% de las historias repetidas proceden de la ventana de edad entre los 10 y los 30 años. Se trata del momento vital en que se moldea la personalidad, aspecto en el que todas esas vivencias tienen peso específico.Historias con las que reafirmar la identidad y la personalidad El recuerdo de los mayores del hogar perdura en la memoria de sus descendientes - UnsplashA este tramo de máxima intensidad biográfica se le conoce en la literatura científica como el 'pico de reminiscencia'. En esa etapa se concentran logros destacados y que marcan el devenir vital, como los primeros empleos, los noviazgos o la independencia personal. Por este motivo, los mayores lo que hacen es ensayar un repertorio de unas diez historias elegidas minuciosamente. Se trata de un legado que entregan a interlocutores cercanos y cuya elección tiene poco de aleatorio, como quien transmite un objeto valioso a la siguiente generación.El psicólogo Jeffrey Webster diseñó una escala para medir este tipo de memoria y destacó dos funciones primordiales en estos relatos: reafirmar la identidad personal y transmitir enseñanzas. Al narrar una antigua hazaña o un obstáculo superado, el mensaje implícito busca la reafirmación del carácter, pese a que la historia carezca del rigor histórico que tenía en origen. La frase invisible tras el relato es una declaración de intenciones: «fui valiente y así quiero que me recuerdes».La diferencia clave entre la memoria afectiva y la demenciaAl tratarse de memoria, resulta inevitable pensar en un deterioro cognitivo cuando se produce la repetición de contar experiencias, si bien es importante diferenciar este proceso de 'maduración' de recuerdos ante las señales que pueden alertar de un proceso de demencia.El deterioro cognitivo llega acompañado de señales más allá de la repetición, tales como la desorientación temporal, cambios en materia de conducta e incluso dificultades para afrontar las tareas del día a día. En el caso del traslado de memoria, los recuerdos se mantienen ordenados y se acompañan de emociones con una clara relación con el episodio evocado. Además, el narrador reconoce en todo momento a su interlocutor y lo identifica como una persona de confianza a la que contar esa vivencia clave.Así pues, lejos de constituir un síntoma de debilidad mental, el hábito de repetir las viejas historias representa la edición final de una vida. Constituye el esfuerzo consciente de quien selecciona las vigas de su propia biografía para que sus seres queridos las aprendan, las repliquen en las reuniones familiares y las mantengan vivas en el futuro.