La emocionantísima corrida de Victorino no abrió la boca y dijo más que ninguna

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Murieron los toros de Victorino con la boca cerrada, pero dijeron muchas cosas en su regreso a Málaga doce años después. En todos los idiomas posibles, en el latín que sabían, en el afrancesado de la clase, en el español de la emoción apasionada. Hubo un ejemplar extraordinario, Borracho, con el que deleitó un inmenso Fortes. Exigentes y con complicaciones todos los demás, con un Emilio de Justo enorme, tragando frente a un Escusano que poco se pareció a aquel extraordinario de la Hispanidad venteña. Por la puerta grande se marcharon mientras Manuel Escribano lo hacía por la de la enfermería. No lo perdonó el primero, con una cornada de quince centímetros en el músculo tibial, pero aun así volvió... Ver Más