Cuando uno pasea por las calles de Mónaco se acuerda de la famosa estrofa de Estopa que dice aquello de que mal repartido está el mundo desde el primer mes de enero. No es país para pobres, ciertamente, aunque si se coje el tren que comunica Mónaco con Niza o Ventimiglia, a eso de las 8 de la mañana, se verá como los vagones quedan vacíos en la estación de Montecarlo con currantes franceses o italianos que trabajan en el Principado y que también llegan en coches que generalmente son más pequeños y menos lujosos que los exhiben los lugareños.Seguir leyendo....