Nunca sabemos cuando un «hasta mañana» se puede convertir en un doloroso «hasta siempre». La vida es así de caprichosa, disfrazada de una incontrolable ruleta rusa a la que involuntariamente jugamos a diario sin saber cómo será el final. A veces sale cara y la bala se pierde en los instantes de felicidad que se quedan para siempre guardados en la memoria. Son esas risas, son esos buenos momentos los que nos dan la energía necesaria para tirar hacia adelante cuando más nos pesan los jirones de la herida. En ellos está el espejo en que mirarnos cuando no se encuentra el sentido a lo que nos sucede. La fortaleza no depende de nosotros, sino de quienes nos dan el... Ver Más