La Cetrina, la finca que durante años fue uno de los refugios personales de Enrique Ponce , tiene ahora una nueva vida. El torero ha decidido incorporar la propiedad al mercado de los eventos exclusivos y ofrece la posibilidad de alquilarla por 5.000 euros al día , una tarifa pensada para quienes quieran celebrar una boda, una reunión privada o una ocasión especial en pleno corazón del campo jiennense. La propiedad se encuentra en el término municipal de Navas de San Juan, en la comarca del Condado, y ocupa más de 900 hectáreas de dehesa. A poca distancia de lugares como Úbeda y Linares, La Cetrina combina el paisaje andaluz con una arquitectura concebida a imagen y semejanza del universo taurino que ha acompañado al diestro durante toda su trayectoria. Durante años, además, la finca estuvo estrechamente ligada a la vida familiar de Ponce. Fue uno de los escenarios habituales de su matrimonio con Paloma Cuevas y, tras su separación en 2020, permaneció en manos del torero. Ahora, lejos de desprenderse de ella, ha encontrado una nueva fórmula para sacar partido a una propiedad que forma parte de su historia. La vivienda principal terminó de construirse en 1997 a partir del proyecto del estudio de arquitectura Díaz y Sanjuan. El cortijo cuenta con unos 420 metros cuadrados distribuidos en tres plantas, con las zonas comunes en la planta baja y los dormitorios en la superior, además de un sótano. Su aspecto mantiene la estética tradicional de las construcciones rurales andaluzas, con fachadas encaladas, tonos albero y elementos de hierro forjado. Uno de los espacios más característicos es el patio interior, organizado alrededor de una fuente. Pero si hay algo que diferencia a La Cetrina de cualquier otra finca rural es la cantidad de detalles que remiten directamente a la profesión de su propietario. La entrada principal, por ejemplo, reproduce elementos de la Puerta Grande de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y está coronada por el escudo de la ganadería de Ponce. El mismo espíritu se traslada al exterior. Los jardines cuentan con una piscina diseñada con la silueta de un capote de brega y la inicial del torero, mientras que el complejo dispone también de una capilla privada, pabellones destinados al entrenamiento y una plaza de toros propia, completamente acondicionada e iluminada. La finca no solo ha sido testigo de la vida personal y profesional de Enrique Ponce. Entre los acontecimientos celebrados entre sus paredes destaca el enlace de Baltasar Garzón y Dolores Delgado, que eligieron precisamente La Cetrina para festejar su boda. Ahora, la propiedad abre sus puertas a nuevos huéspedes, aunque bajo una fórmula muy diferente. El alquiler por 5.000 euros diarios permite convertir este espacio privado en escenario de celebraciones y encuentros, manteniendo el carácter exclusivo que siempre ha rodeado a la finca. A esta vertiente más vinculada al ocio se suma, además, la actividad agrícola de la propiedad. Más de 400 hectáreas están dedicadas al cultivo intensivo del olivar, con alrededor de 53.000 ejemplares de variedad picual destinados a la producción de aceite de oliva virgen extra. La Cetrina adquirió especial protagonismo durante los años de matrimonio de Enrique Ponce y Paloma Cuevas. El torero había comprado la propiedad a comienzos de los años noventa, cuando su carrera comenzaba a consolidarse, y con el paso del tiempo convirtió aquel terreno en uno de sus principales refugios. La separación de la pareja en 2020 abrió entonces la incógnita sobre qué ocurriría con la finca. Sin embargo, la propiedad no entró en el reparto de bienes gananciales y permaneció bajo titularidad exclusiva de Ponce. Mientras el diestro comenzaba una nueva etapa sentimental junto a Ana Soria y fijaba su residencia en Almería, La Cetrina continuaba formando parte de su patrimonio. Ahora, años después de aquellos cambios, el torero ha optado por darle una segunda vida sin desprenderse de ella. La que fue durante décadas una propiedad vinculada a su intimidad se convierte así en un enclave disponible para quienes puedan permitirse celebrar un día especial en uno de los rincones más singulares de su patrimonio.