A George R.R. Martin no le gustó demasiado cómo acababa Juego de tronos. En general, puso pegas a todos los episodios que se rodaron sin su supervisión. Y fueron bastantes, ya que se desvinculó de la serie mucho antes de que acabase. Sin embargo, con Dos metros bajo tierra, disponible en España gracias a HBO y Movistar Plus+, no guarda ningún lazo oficial. Simplemente le encanta su desenlace.La serie Dos metros bajo tierra fue una de las protagonistas de los años dorados de la televisión. Compartió emisión con The Wire, Los Soprano o Perdidos, y, aunque guardase un perfil más bajo que estas, acumula cientos de millones de adeptos que, a día de hoy, siguen debatiendo sobre diversos detalles de la trama.George R.R. Martin, aunque prefiera Deadwood, considera que el mejor episodio de la historia de la televisión es el que cierra Dos metros bajo tierra, como escribió en su blog. “Si tuviese que escoger un desenlace perfecto, sería ese”, declare. “El último episodio fue, de lejos, el mejor final de la historia de la televisión, y dudo que pueda hacerse mejor”.¿Qué hace especial al final de 'Dos metros bajo tierra'?No hace falta que avisemos: si no la has visto, te vamos a enterrar con spoilers. Dos metros bajo tierra sigue a la familia Fisher, propietaria de una funeraria. El hijo mayor, Nate, trabaja en Seattle, pero la muerte en un accidente de tráfico de su padre lo hace quedarse en la funeraria y, con el tiempo, convertirse en director de la misma junto a su hermano David.En el último tramo de la quinta temporada, Nate recae de su malformación arteriovenosa y, en el inolvidable capítulo Ecotono, fallece cuando parecía haberse recuperado y mientras su hermano dormía junto a su cama de hospital. El último segmento de Dos metros bajo tierra es, por eso, el más memorable de todos: la muerte de Nate se ve seguida por su devastador funeral y el duelo personal, y posterior aceptación, de cada uno de sus familiares.El episodio final, Todos están esperando, se hace eco de cómo la muerte de Nate tiene algo de sacrificio: las relaciones entre los Fisher estaban desgastadas y todos terminan uniéndose para reconfortarse mutuamente. La hija menor, Claire, que durante la temporada había mantenido un enfrentamiento con su madre (con bofetada de esta incluida), se reconcilia con ella e incluso se ofrece a rechazar una beca artística en Nueva York para quedarse a su lado. Ruth, la madre, se lo prohíbe. Ella sabe mejor que nadie lo que es ser una mujer que consagra su vida a cuidar a los otros, y quiere para Claire la libertad que no pudo tener.La última secuencia acompaña a Claire despidiéndose de su familia. Antes de irse, toma una instantánea del grupo y Nate (la presencia de los fantasmas en la serie es recurrente) le susurra que su esfuerzo es inútil: “No puedes hacer una fotografía. Ya se han ido”.Tras esto, Claire sube al coche y se aleja de su casa natal. En el retrovisor, vuelve a aparecer Nate corriendo, y el automóvil lo deja atrás. En este momento, con la audiencia al borde las lágrimas o ya sucumbida, viene el golpe más demoledor: la serie, como había hecho en casi todos los capítulos anteriores, va dando cuenta de muertes. Pero en este caso, de los propios Fisher: cada miembro de la familia tiene su funeraria cuota de pantalla. Algunos, como Ruth (que falleció en 2025), mueren en la cama. Otros, como Keith, el marido de David Fisher, tiroteado en su trabajo como guardia de seguridad.El propio David muere un segundo antes de creer ver a su marido en un chico que agarra un balón de rugby, mientras que Brenda, la mujer de Nate, lo hace en mitad de una conversación con su hermano. La muerte de Claire cierra la serie: ella fallece pasados los 100 años, insinuando que su carrera como artista ha sido un éxito. Así, Dos metros bajo tierra es el desenlace perfecto porque cierra no todas las tramas, sino todos los futuros de cada personaje. Y, por imposible que pueda parecer, hace no mucho se barajó una secuela. Pero esta opción también murió.