Cristóbal Martínez, delegado territorial de la ONCE en Andalucía, Ceuta y Melilla, analiza en esta entrevista los principales logros de una organización que está a punto de cumplir 88 años y que ha hecho de la autonomía, el empleo y la inclusión de las personas con discapacidad sus grandes señas de identidad. Desde la transformación del tradicional cupón y la incorporación de nuevos juegos hasta el papel de la mujer, la formación de los vendedores o la creación de empleo, Martínez defiende el modelo de la ONCE como una fórmula para que las personas con discapacidad sean dueñas de su propio destino y puedan ganarse la vida trabajando, sin depender de la beneficencia ni de la limosna. - La ONCE nació en plena Guerra Civil y está a punto de cumplir 88 años. ¿Cuáles considera que han sido sus mayores logros desde entonces? - Yo creo que el principal logro fue la unidad: conseguir que todas las personas ciegas de España estuvieran integradas en una única organización, con presencia en todo el país y con unos objetivos comunes, independientemente de dónde hayamos nacido, de nuestra procedencia o de nuestra familia. Tenemos un proyecto común: mejorar la vida de las personas. Nuestra prioridad son las personas ciegas, pero pensamos también en el conjunto de la sociedad y en que las personas ciegas y las personas con discapacidad queremos ser dueñas de nuestro propio destino. Queremos que nadie decida por nosotros y que, adquiriendo autonomía y contando con herramientas para salir adelante, seamos capaces de buscarnos la vida, que es lo que hemos hecho durante estos casi 88 años. Ese ha sido quizá el principal logro: tenerlo claro, aunque no siempre haya sido fácil, y haber llegado hasta aquí con una organización social única en el mundo, admirada internacionalmente, que cubre las necesidades de las personas ciegas, las empodera y les permite afrontar su vida con más recursos, capacidades y posibilidades. Además, ayuda al conjunto de la sociedad. Cuando decimos que en el Grupo Social ONCE trabajan alrededor de 80.000 personas, hablamos de personas con y sin discapacidad. Hemos generado oportunidades para mucha gente. - Comentaba antes que el 45 % de la plantilla son mujeres. ¿Qué papel ha tenido la mujer en la historia de la ONCE? - Las mujeres de la ONCE han sido luchadoras desde siempre. Han trabajado en igualdad desde el mismo origen de la organización e incluso antes de que existiera la ONCE. En distintas ciudades, como Sevilla, ya había organizaciones y rifas locales impulsadas por personas ciegas y con otras discapacidades. Cuando aquello dio lugar a la ONCE, tuvimos claro desde el primer momento que no podía haber discriminación. La igualdad debíamos aplicarla también dentro de nuestra propia casa. Las mujeres han sido vendedoras de cupones, trabajadoras y técnicas desde el comienzo. Hoy tenemos más mujeres que hombres en algunas áreas técnicas y administrativas, y en los puestos de máxima responsabilidad procuramos que haya tantas mujeres como hombres, porque nuestro compromiso es que exista una igualdad plena en todos los sentidos. - ¿Se está perdiendo el oficio de cantar o pregonar el número por la calle? - No sabría decir si se está perdiendo. Es verdad que fue muy popular y que forma parte de una estampa muy típica de nuestro país, pero muchos vendedores y vendedoras siguen haciéndolo, no solo en las grandes ciudades, sino también en los pueblos. Tenemos vendedores que recorren todo el país, y España es muy diversa: hay ciudades, pueblos, zonas rurales, cortijos y casas dispersas por el campo. Nuestros vendedores llegan a todas partes, y la forma de comunicarse con los clientes y avisar de que están allí puede ser llamar a una puerta, pregonar un número o tocar un silbato. Hay vendedores muy ingeniosos que hacen cosas realmente curiosas. Hay quienes no pregonan porque trabajan en un punto donde quizá no sea apropiado, pero otros han convertido el pregón en su forma de divertirse y llamar la atención. Hoy caminamos mirando el móvil y a veces no nos damos cuenta de lo que tenemos alrededor hasta que alguien nos llama la atención de una manera sencilla y directa. - ¿Sufren los vendedores la picaresca de personas que intentan robarles algún boleto? - Es una pregunta complicada. La inmensa mayoría de los ciudadanos no solo no hace eso, sino que está muy pendiente de las personas ciegas o con discapacidad que venden cupones y de que estén protegidas. Muchísima gente vela por que a una persona que está ganándose la vida honradamente no le ocurra nada. También puede haber alguien que se aproveche de esa circunstancia para robarle o quitarle un boleto, pero no es lo habitual en absoluto. Es algo anecdótico y residual. - ¿Es difícil encontrar jóvenes que quieran ser vendedores de la ONCE? - Tenemos mucha gente joven, aunque la respuesta depende en gran medida del momento en el que se adquiere la discapacidad. La discapacidad está, en cierto modo, asociada también a la edad: una persona puede sufrir un accidente cuando ya tiene cierta edad o desarrollar un problema degenerativo en los huesos, la espalda, los nervios o la visión. En esos casos, se incorpora a este trabajo siendo mayor y después de haber desempeñado otros empleos que ya no puede mantener. Cuando la discapacidad aparece en la juventud o al comienzo de la edad adulta, muchos se incorporan con absoluta normalidad. La edad no es un freno en sí misma. También es lógico que, en una primera etapa, las personas jóvenes intenten formarse y prepararse para acceder al empleo que les gusta, a su vocación o a aquello que quieren hacer. Más adelante se incorporan a la vida laboral y aquí encuentran una vía de acceso a un empleo digno, de calidad y reconocido, siempre que sean médicamente aptos y cumplan los requisitos establecidos para vender los productos de juego. - ¿Qué requisitos debe cumplir una persona para vender cupones o trabajar en un quiosco de la ONCE? - Para incorporarse a nuestra plantilla es necesario tener reconocido al menos un 33 % de discapacidad, siempre que esa discapacidad no sea incapacitante para el puesto de trabajo. A partir de ahí, hay que solicitarlo. Existen distintas vías para informarse. En nuestros puntos de venta hay códigos QR y también se puede acudir a los centros de la ONCE repartidos por toda Andalucía. Allí se explica qué documentos deben aportarse y cuáles son las fases del proceso. Básicamente, hay que presentar la documentación que acredita la discapacidad y superar un reconocimiento médico. Ese reconocimiento es obligatorio por ley, no porque lo imponga la ONCE. La normativa exige valorar las capacidades y limitaciones de una persona para desempeñar cualquier trabajo, en este caso el de vendedor. Si desde el punto de vista médico no existe ninguna limitación incompatible con el puesto, comienza un curso de formación. En él se proporcionan estrategias y herramientas y se enseña a manejar el TPV, la máquina que llevan los vendedores y que les ofrece autonomía y seguridad tanto a ellos como al cliente. Después se asigna un punto de venta o una zona de acuerdo con las condiciones y limitaciones que se hayan determinado. - El uso del TPV y el pago con tarjeta, ¿han hecho que se pierda la costumbre de dejar propina al vendedor? - Cada vez más personas pagamos con tarjeta en cualquier establecimiento y, en ocasiones, ni siquiera llevamos dinero físico, mucho menos monedas. Es una tendencia general que ha venido para quedarse. La propina es, por supuesto, algo opcional que algunas personas pueden dar, pero nunca ha sido una motivación para nosotros ni algo con lo que cuente el vendedor. El vendedor ejerce su trabajo con profesionalidad, cariño, cercanía y confianza. Debe ser una persona de confianza para el cliente. La relación económica consiste en vender un producto y cobrarlo; no hay nada más que deba formar parte de esa transacción. - Cuando un vendedor reparte un premio muy grande, ¿recibe alguna comisión? - No. Un vendedor nunca recibe una comisión por haber dado un premio. Además, tenemos un compromiso ético esencial: nuestro personal jamás identifica a la persona agraciada. Los premiados son absolutamente anónimos y el vendedor nunca comunica a quién le ha tocado, porque forma parte de la intimidad de esa persona y de la protección de sus datos. Si el premiado quiere acercarse al vendedor y regalarle una comida, un detalle o un café, puede hacerlo, pero no forma parte de ninguna comisión ni de nada establecido. - ¿Cada cupón queda vinculado al vendedor que lo ha vendido? - Existe una trazabilidad absoluta del producto, de modo que la ONCE sabe qué vendedor ha vendido un cupón premiado, pero nunca se vincula esa información con la identidad del cliente. El cliente cobra el premio en una entidad bancaria o en una oficina de la ONCE y debe realizar una serie de trámites. Hay que comunicarlo a Hacienda, efectuar las comprobaciones legalmente exigidas y aportar la documentación correspondiente. En ese procedimiento no interviene el vendedor. - ¿Los vendedores tienen prohibido comprar sus propios cupones? - No, no lo tienen prohibido. Lo que sí trabajamos intensamente, tanto con ellos como con la sociedad en general, es el juego responsable. La ONCE fue pionera en España en asumir compromisos de juego responsable y cumple voluntariamente los máximos estándares internacionales de juego seguro. Eso implica, entre otras cosas, formar a nuestros vendedores para que no jueguen de manera inadecuada o desordenada y para que sean capaces de detectar comportamientos problemáticos entre los clientes. Reciben formación constante e instrucciones para que, si observan una situación de riesgo, ofrezcan recomendaciones e información por escrito y, por supuesto, dejen de vender a esa persona. El juego debe ser algo lúdico. Si toca un gran premio, puede hacer muy feliz a alguien y cambiarle la vida, pero por encima de todo debe ser una diversión y no convertirse en un problema para nuestros trabajadores ni para los clientes. Lo aplicamos a rajatabla. También está absolutamente prohibida la venta a menores. A veces algunas familias no entienden que un vendedor se niegue a entregar un cupón a un niño cuando su padre o su madre están delante, pero evidentemente no puede hacerlo. Por eso tratamos de hacer pedagogía con la ciudadanía. - ¿Hay algún barrio o municipio de Sevilla donde toque más el cupón? No hay un barrio concreto. En Sevilla puede parecer que toca con más frecuencia por su volumen de población, pero el juego es azaroso y el azar es caprichoso. Hay vendedores que han dado varios premios y otros que no han repartido ninguno durante toda su trayectoria laboral. Por dar algún dato, han caído premios con cierta frecuencia en zonas como Utrera o Los Palacios, que tienen una población considerable y un nivel de venta alto. Normalmente, donde más se vende también hay más posibilidades estadísticas de que toque, aunque al final lo determina el azar. - ¿Hay alguna época del año en la que sevillanos o andaluces compren mucho más? - No hay grandes fluctuaciones. Tenemos una clientela muy fiel y constante. Eso no significa que compre todos los días ni siempre el mismo producto. Hay clientes de distintas edades y con gustos diferentes, y el tipo de producto que se compra también varía según la zona. A lo largo del año celebramos cinco sorteos extraordinarios, que atraen a clientes específicos. Algunas personas se acercan solo por esos sorteos y después juegan esporádicamente o no vuelven a hacerlo. Los productos ordinarios se venden más porque están disponibles durante más tiempo, pero, en general, las ventas son bastante estables durante todo el año y en toda España. - ¿Cómo se pasó del cupón tradicional a otros productos y canales? ¿Se hizo para atraer a un público más joven? - Hubo un momento en el que la ONCE tuvo que afrontar la diversificación de sus canales. No podíamos depender únicamente del canal tradicional y de nuestros vendedores. Además, la propia clientela y la sociedad demandaban la venta por internet y la existencia de canales físicos complementarios, con puntos de venta colaboradores que deben cumplir las mismas normas que nuestros vendedores. Esos canales acercan el producto al cliente en lugares o franjas horarias en los que no puede estar un vendedor. También fue necesario diversificar los productos. Tradicionalmente éramos vendedores de cupón, pero el cupón estaba asociado a un público quizá de mayor edad, que lo conocía y lo compraba por tradición, y tenía menos capacidad para llegar a las personas jóvenes. Por eso adoptamos otras fórmulas que ya existían en otros países, como los rascas y otros juegos activos. Gracias a esa decisión hemos podido mantener nuestra labor social. Si hoy somos más, llegamos a más personas, ofrecemos más servicios y el Grupo Social ONCE alcanza alrededor de 80.000 trabajadores, es porque en su momento fuimos valientes y diversificamos para captar y fidelizar a nuevos clientes. El cupón es un producto de lotería pasiva: se compra en cualquier momento y se sortea por la noche mediante un sistema tradicional de bombos y bolas. Es un modelo muy característico de España y no es el habitual en el resto del mercado mundial del juego. No podíamos limitarnos a un solo producto y un solo tipo de sorteo, porque no cubría todos los gustos ni permitía sostener todas nuestras necesidades. Sin esa diversidad habríamos atravesado problemas muy serios y quizá hoy no existiría la ONCE que conocemos. - ¿Hay algún tipo de rasca que tenga más premios que los demás? - Los de mayor precio ofrecen proporcionalmente más premios, porque un porcentaje mayor de la recaudación se destina a ellos. En algunos productos, hasta el 67 % de la recaudación se dedica a premios. Lógicamente, cuanto mayor es esa proporción, mayores son las posibilidades de obtener premio, y la experiencia del cliente puede ser también más atractiva. - ¿Qué ocurre con los cupones que no se venden al final del día? - El vendedor los devuelve a través de su terminal. La máquina comunica telemáticamente y de forma segura cuáles no se han vendido. Cuando se cierra la venta del sorteo de ese día, el sistema registra los cupones no vendidos y los anula automáticamente. De ese modo se evita cualquier riesgo de fraude, aunque el vendedor pueda continuar vendiendo productos correspondientes al día siguiente. - ¿Existe algún número «maldito» que la ONCE no quiera poner a la venta? - No, no existe ningún número maldito. Hay números que pueden tener un nombre popular o asociarse a algo negativo, como «la muerte», pero precisamente algunos clientes los buscan mucho. Nosotros ponemos todos los números a la venta, sin ninguna limitación. Un número que a una persona puede no gustarle, a otra le parece raro, especial o capaz de darle suerte. - Desde el 1 de julio está a la venta el Cupón Extra de Navidad. ¿Considera que ofrece un premio competitivo frente a la Lotería de Navidad? - Considero que es un buen sorteo y que resulta muy necesario para nosotros. Nos aporta recursos que permiten mantener nuestra labor, llegar a más gente y desarrollar nuevos servicios, entre ellos la Fundación ONCE Baja Visión. Después de varios años, creíamos que el precio podía incrementarse si aumentábamos proporcionalmente el premio. Técnicamente ha sido posible: el cupón ha subido a 15 euros y ofrece un premio de 600.000 euros. Por eso nos parece un sorteo competitivo, con una emisión limitada, que gusta a nuestra clientela. Además, forma parte de la estrategia de juego del Estado a través del Ministerio de Hacienda, que respetamos plenamente. - ¿Hay premios grandes que se queden sin cobrar porque se haya perdido el cupón o haya caducado? - Puede ocurrir de manera ocasional que a alguien le caduque un cupón sin haberlo cobrado, pero no es lo normal, especialmente cuando se trata de premios grandes. La gente suele estar muy pendiente. - ¿Cómo explicaría a un ciudadano qué hay detrás de cada cupón? - Lo explicaría de una forma muy sencilla. En todos los países hay personas ciegas y con discapacidad, tanto en países más desarrollados que España como en otros menos desarrollados. Sin embargo, no existe en ningún otro lugar una organización comparable a la ONCE. Hay asociaciones de personas ciegas en muchos países y, normalmente, hay varias, no una sola. Por eso insisto en que la unidad ha sido esencial. También hubo un elemento decisivo en España: queríamos ganarnos la vida mediante el trabajo. No queríamos depender del Estado, de la beneficencia o de la resignación de vivir de la limosna o, como mucho, de una pensión sin aportar nada a la sociedad. Queríamos contribuir mediante el trabajo, y de ahí surgió la comercialización de productos de juego. Después comprendimos que las personas con discapacidad podían desempeñar muchos otros trabajos. Además de trabajar en la ONCE o en sus empresas, algunas querían hacerlo fuera, y desde la organización debíamos ayudarlas a encontrar empleo. Para eso había que convencer a las empresas, proporcionar herramientas, adaptar los puestos de trabajo y demostrar que una persona con discapacidad es fiable y puede ofrecer un gran rendimiento. Lo mismo ocurre con el acceso a la Administración. Debe existir una reserva de plazas y una adaptación de las pruebas, porque las personas con discapacidad tienen el mismo derecho que el resto de los ciudadanos a acceder al empleo público. Nuestro éxito consiste en querer aportar. Pagamos impuestos como cualquier ciudadano; la propia organización paga los que le corresponden y las personas trabajadoras también lo hacemos con orgullo, porque el Estado se sostiene con la contribución de todos. Al mismo tiempo, debemos movilizar a la sociedad para que las políticas públicas no dejen atrás a las personas con discapacidad, que con demasiada frecuencia son las grandes olvidadas. - Dentro de esa diversificación están también los hoteles Ilunion. ¿Cómo nació la idea y estaban pensados solo para personas con discapacidad o para todo tipo de público? - Los hoteles nacieron dentro de nuestro grupo de empresas a finales de los años ochenta. El primer hotel se inauguró en torno a 1990 o 1991, en Islantilla, y actualmente contamos con 32 establecimientos en toda España. Surgieron como una empresa más de lo que hoy llamamos Grupo Social ONCE. Queríamos dar ejemplo mediante la gestión de empresas dirigidas en muchos casos por personas ciegas o con otras discapacidades y demostrar de lo que éramos capaces. Forma parte de nuestra visión de la vida: ganarnos la vida mediante el trabajo. La ONCE es una organización social que presta servicios y reinvierte sus recursos, pero también entendimos que, gestionando empresas de diferentes sectores, podíamos crear empleo para muchas personas con discapacidad y demostrar que una compañía puede ser rentable económicamente y, al mismo tiempo, rentable socialmente. La ONCE tenía que dar ese primer paso para que otros se sumaran. Gracias a ello, Ilunion cuenta con alrededor de 45.000 trabajadores y trabajadoras en empresas de distintos sectores, y aproximadamente el 40 % son personas con discapacidad. Estamos demostrando al país que, si nosotros podemos hacerlo, los demás también pueden. - Antes mencionaba la Fundación ONCE Baja Visión. ¿En qué consiste? - La Fundación ONCE Baja Visión surgió en 2025. Es una iniciativa muy reciente que creemos que va a dar muchas alegrías y a ayudar a numerosos ciudadanos. Estimamos que alrededor de 400.000 personas en España tienen o pueden llegar a tener problemas de baja visión. Se trata de personas que, afortunadamente, no tienen una pérdida visual tan grave como para necesitar los servicios ordinarios de afiliación de la ONCE, pero que tampoco ven bien. Necesitan asesoramiento, apoyo, herramientas, ayudas ópticas, estrategias e investigación. En muchos casos padecen enfermedades graves o raras que dificultan mantener un empleo, trabajar o conducir. La Fundación, creada e impulsada por la ONCE, cuenta ya con más de mil beneficiarios en toda España y quiere llegar a todas las personas que puedan necesitarla. Prestará servicio a quienes tengan reconocido más de un 33 % de discapacidad originada por problemas visuales, con independencia de la enfermedad concreta. Estas personas tendrán a su disposición distintos recursos, inicialmente sobre todo a través de internet. También se beneficiarán indirectamente de la inversión en investigación que estamos promoviendo para que en España se investigue más en oftalmología y óptica, y para prevenir, paliar o tratar enfermedades que pueden causar daños muy graves a la visión y sobre las que actualmente se investiga poco. Animamos a cualquier persona con problemas de visión y certificado de discapacidad a consultar la página de la Fundación ONCE Baja Visión. Allí se explica cómo inscribirse y acceder gratuitamente a todos estos recursos.