Los legendarios periodistas que cubrieron la primera edición de la París-Roubaix celebrada después de la Primera Guerra Mundial bautizaron a la prueba de los adoquines como el Infierno del Norte’. No lo hicieron por la dureza del recorrido sino por un paisaje dantesco destruido por la contienda armada; todo eran ruinas, una masacre por las batallas, por los muertos, por las bombas y la metralla.Seguir leyendo....