León XIV alerta de una «forma sutil de dominio» de la IA: los algoritmos pueden decidir quién es visible y quién queda fuera

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León XIV ha dirigido a los legisladores una advertencia que alcanza al corazón del poder digital. La inteligencia artificial puede convertirse en una forma sutil de dominio sobre las personas cuando nadie responde por las decisiones de los algoritmos ni por los intereses inscritos en ellos.El Papa coloca el foco en mecanismos que suelen pasar inadvertidos: las reglas que ordenan una plataforma, recomiendan contenidos y reparten atención. Esos sistemas pueden determinar quién entra en la conversación pública, quién permanece invisible y qué mensajes terminan condicionando el debate sin una rendición de cuentas suficiente.La preocupación no se limita a las redes sociales. León XIV la extiende a la privacidad, el empleo, la dependencia de los países pobres y la educación de los menores. Su petición es que el poder político proteja la vida cotidiana de millones de personas antes de que la eficacia técnica se convierta en la única medida aceptada.El poder de decidir quién permanece invisibleEl aviso fue pronunciado ante los participantes en la reunión de la International Catholic Legislators Network en el Vaticano. Según el relato oficial publicado por Vatican News el 21 de agosto, León XIV describió estos avances como una nueva cara de la antigua tentación de dominar y ejercer poder sin prestar servicio a los demás.Para contener ese riesgo, pidió reglas legales claras, vigilancia independiente y usuarios informados. También reclamó que los gobiernos no renuncien a su responsabilidad. Una legislación adecuada, sostuvo, debe proteger frente a la explotación, defender la intimidad y exigir transparencia. La alerta de la AEPD sobre riesgos de imágenes privadas muestra hasta qué punto una acción cotidiana puede dejar datos personales en servidores ajenos.La visibilidad algorítmica tiene además una dimensión íntima. Un asistente capaz de conversar durante horas reúne información sobre miedos, deseos y rutinas, y puede adaptar sus respuestas a cada usuario. Es la misma capacidad de simular intimidad para manipular sobre la que ha alertado el historiador Yuval Noah Harari. Para León XIV, ninguna ideología o interés particular debería imponer por sí solo los valores de esos sistemas.El Pontífice añadió una advertencia geopolítica. Los Estados con menos recursos pueden quedar atados a la infraestructura, los modelos y las decisiones comerciales de los más ricos. Si esa dependencia dicta qué lenguas, valores o prioridades reciben atención, la innovación corre el riesgo de convertirse en «colonialismo ideológico o económico», en palabras del Papa.La familia y el trabajo frente a la lógica del sistemaLeón XIV reserva un lugar central a la familia, a la que define como «primera escuela de humanidad». Pide que la IA no reduzca los vínculos a datos o simulaciones ni exponga a los menores a contenidos que distorsionen sus deseos. Los avisos para los padres ante conversaciones sobre suicidio reflejan la gravedad de los asuntos que ya gestionan estas plataformas.La petición va más allá de añadir filtros. Los padres necesitan información comprensible, herramientas que funcionen y apoyo para su tarea educativa. El Papa teme que las relaciones humanas queden reducidas a datos y que la abundancia de respuestas automáticas desplace el diálogo, la confianza y la responsabilidad que se aprenden dentro de la familia.En el trabajo, el límite aparece cuando la eficiencia del sistema se impone sobre la persona. León XIV rechaza que la dignidad de quienes trabajan quede subordinada a decisiones automáticas. El debate afecta ya a profesiones con miles de empleados en España y a predicciones sobre empleos que afrontan sustitución, pero también a sistemas que asignan turnos, miden el rendimiento o seleccionan candidatos sin explicar sus criterios.El mensaje de León XIV no pide detener el desarrollo técnico. Reclama que la creatividad tenga límites reconocibles y que las autoridades puedan exigir cuentas. El mundo, afirmó, no necesita una IA que disminuya a la humanidad, sino una tecnología servidora del bien común. Esa condición se juega en decisiones concretas sobre privacidad, infancia, empleo y poder político.