Una meditación del Papa León XIV sobre el Centurión del Evangelio para militares y capellanes militares

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(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 24.08.2026).- Por la mañana del lunes 24 de agosto, el Santo Padre recibió en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostólico a una Delegación del Ordinariato Militar para Portugal en ocasión de su aniversario número 60. Ofrecemos a continuación la traducción al castellano de las palabras del Papa pronunciadas en italiano.***En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén! ¡La paz sea con vosotros!Excelencia Reverendísima, Distinguidas Autoridades, Reverendos Capellanes, ¡Queridos hermanos y hermanas!Han venido a Roma, y con ustedes han venido también, en cierto sentido, los demás miembros de sus unidades. Al recibirlos, extiendo mi saludo a todos los integrantes —cristianos y no cristianos— del Ejército, la Fuerza Aérea, la Marina, la Guardia Nacional Republicana y las Fuerzas de Seguridad Pública de Portugal. De manera especial, a la luz de Cristo resucitado, recuerdo a los dos jóvenes militares del Ejército que, el pasado viernes, perdieron la vida mientras, generosamente, como el buen samaritano, se detuvieron junto al camino para prestar ayuda: los encomiendo al Señor, junto a sus familias.Pensando en el bien del conjunto de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, de sus miembros y de sus respectivas familias, fue como hace sesenta años se instituyó el Vicariato, que en 1981 asumió el nombre de Ordinariato Castrense y, hace veinticinco años, tuvo su primer obispo. Han querido, pues, venir a Roma para conmemorar precisamente este aniversario. Que el Ordinariato, aportando su inestimable contribución al bien espiritual y al conocimiento de los valores cristianos, continúe siendo un espacio de constructiva colaboración con las autoridades estatales, gubernamentales y militares.Para quien cree en Cristo, la peregrinación a esta ciudad representa una ocasión única de renovación personal, reconociendo la centralidad de Dios en la propia vida y fortaleciendo la fe mediante la oración sobre la tumba del Apóstol Pedro. Cada día, a cada uno de ustedes se les confía la noble misión de defender la soberanía de la Patria y el Estado de Derecho, velando por la seguridad de sus conciudadanos y protegiéndolos de las injusticias. Quisiera, pues, repetirles esta exhortación de san Pablo: «Fortaleceos en el Señor […] Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia, y calzados los pies con el celo por propagar el Evangelio de la paz» (Ef 6, 10.14-15).Sed fuertes en el Señor como el centurión que, en Cafarnaúm, se acercó a Jesús. Él conocía bien los valores que guían vuestra vida: la obediencia, la disciplina, la renuncia, la lealtad, el compañerismo, la dedicación, la responsabilidad y el coraje. Al mismo tiempo, aquel militar sentía la necesidad de Dios, sabía que el ser humano no se basta a sí mismo, sino que aspira a algo más, a algo que lo trasciende. Teniendo un siervo que sufría terriblemente, se acercó a Jesús, quien le aseguró que iría a curarlo. Él entonces le respondió: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; di solo una palabra y mi siervo quedará sano. Porque también yo, que soy un subordinado, tengo soldados a mis órdenes y digo a uno: «Haz esto», y lo hace» (Mt 8, 8-9). En esta actitud es posible constatar cómo el centurión consideraba importante la jerarquía y cómo esta dimensión de su vida cotidiana lo llevó a interpretar la relación con Jesús de Nazaret, a quien profesa como su Señor, como su Dios. Maravillado por tales palabras, Jesús dijo: «En verdad os digo que en nadie he encontrado en Israel una fe tan grande» (v. 10). Si, por un lado, este militar era consciente de su autoridad, por otro, ante el Hijo de Dios mostró la fuerza de la fe y el coraje de la humildad. De hecho, el ser humano, por mucha responsabilidad que tenga, por mucho poder que ejerza, por irreprochable que sea, siente siempre hambre de infinito y sed de eternidad. Ahora bien, el infinito y la eternidad están a nuestro alcance en Jesucristo: son don del Señor.Excelencia Reverendísima, queridísimos capellanes, a ustedes les confía la Iglesia el crecimiento espiritual del personal militar y de las fuerzas del orden de su nación. Acojan a todos, escúchenlos, ilumínenlos con la sabiduría de la Palabra de Dios, permanezcan a su lado actuando en nombre de Cristo en la celebración de los Sacramentos, acompañen a cada uno de ellos sin olvidar a sus familias. De este ministerio específico suyo se recogerán los frutos del crecimiento personal en la práctica de la vida cristiana y del fortalecimiento del esprit de corps de las Fuerzas Militares y de Seguridad a las que sirven. Gracias por la cercanía que, como buenos pastores, ofrecen a quienes desempeñan un servicio tan importante, especial y exigente para el bien de Portugal y más allá. Su testimonio de amor por la Iglesia y por la Patria es bálsamo que conforta y da esperanza.Y, finalmente, deseo expresar a todos ustedes, que han venido hasta aquí, la estima, el aprecio y el reconocimiento por el trabajo que realizan en el Ordinariato. Que Nuestra Señora de Fátima los acompañe en las diversas misiones, tanto en Portugal como en el extranjero. Que la alegría del Señor sea vuestra fuerza. ¡Dios os bendiga!Gracias.Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace.   The post Una meditación del Papa León XIV sobre el Centurión del Evangelio para militares y capellanes militares appeared first on ZENIT - Espanol.