Los vecinos aseguran que los episodios se han repetido durante los últimos meses, de forma especialmente violenta por las noches, y reclaman una respuesta policial ante una situación que, dicen, les está generando miedo e inseguridadEl barrio de Alcaravaneras, en Las Palmas de Gran Canaria, es una zona tranquila. Pero desde hace unos meses varios vecinos aseguran vivir con miedo por el comportamiento de uno de los residentes de la zona, un hombre de algo más de 40 años al que, hasta hace poco, describen como un vecino “ejemplar”.Según relatan, los episodios comenzaron a producirse con mayor frecuencia a principios de este año, después del fallecimiento de su madre. Desde entonces, aseguran, se han sucedido situaciones de insultos, gritos, amenazas y desperfectos, aunque reconocen que no ocurren todos los días.Les insulta e intenta agredirlesDurante el día también lo ven caminando por las calles del barrio y, según una vendedora de cupones, en ocasiones insulta e increpa a otros vecinos. Una trabajadora de limpieza de la zona asegura que llegó a insultarla y que incluso intentó agredirla.Pero es especialmente durante la noche cuando la situación se vuelve más complicada. Hay vídeos en los que se observa al hombre gritando e insultando desde la calle hacia las ventanas de algunos edificios. En otro de los episodios registrados, aparece golpeando con un palo fuertemente la puerta de un vecino hasta dejarla destrozada.No saben cómo sobrellevar el día a díaEste último afectado se encuentra ahora reparando los desperfectos. Asegura que ya no sabe qué hacer y que tiene miedo de que la situación vaya a más. “No sé por qué la ha cogido con nosotros si no le hemos hecho nada”, explica. Recuerda que durante años había sido un vecino ejemplar y que el cambio comenzó hace unos meses, cuando estos episodios empezaron a producirse de forma puntual, pero cada vez con mayor preocupación entre los residentes.El problema, explica, no termina cuando cesan los gritos. Ahora los vecinos se preguntan cómo protegerse y quién debe hacerse cargo de los daños. Algunos valoran instalar cámaras de seguridad o una alarma e incluso contratar un seguro para la comunidad que pueda cubrir los desperfectos.La policía, por ahora, no actúaTambién aseguran haber recurrido a la Policía. Según su relato, les habrían trasladado que mientras no exista una agresión con lesiones o “no haya sangre”, las posibilidades de actuación son limitadas.Una situación que genera especialmente preocupación entre quienes viven más cerca. La vecina que reside justo encima del hombre se asoma a la ventana cuando llega la cámara, pero, visiblemente atemorizada, prefiere no hablar. Con gestos deja claro que no quiere hacer declaraciones y que tiene miedo.Al otro lado de la calle, la propietaria de una peluquería ha optado por otra estrategia: cuando lo ve acercarse, cierra la verja del establecimiento. “Y punto”, explica, como medida preventiva para evitar cualquier problema.Los vecinos aseguran no saber qué está ocurriendo ni qué ha provocado este cambio de comportamiento. Tampoco quieren señalar ni estigmatizar al hombre. Lo que reclaman, dicen, es poder recuperar la tranquilidad y que exista una respuesta antes de que alguno de estos episodios termine teniendo consecuencias más graves.