Jordi Martí, arquitecto: «Un toldo verde es como tener un radiador delante de la ventana», pero cambiarlo por uno blanco no basta

Wait 5 sec.

El toldo verde oscuro forma parte del paisaje de muchos balcones españoles. Su función parece evidente: impedir que el sol alcance el cristal. Sin embargo, basta tocar la lona durante una tarde de agosto para comprobar que esa barrera también puede almacenar una cantidad considerable de calor justo delante de la vivienda.Jordi Martí, arquitecto técnico, profesor y divulgador, llamó la atención sobre este efecto en un vídeo publicado en TikTok. Su advertencia no significa que sea preferible dejar la ventana expuesta. Cualquier sombra exterior bien colocada suele reducir la radiación que llega al vidrio; la cuestión es que unas lonas aprovechan mucho mejor que otras esa primera defensa contra el calor.Martí explica que un tejido oscuro absorbe gran parte de la radiación solar y aumenta mucho su temperatura. Si queda demasiado cerca de la fachada, con poca circulación de aire, la lona caliente cede energía al entorno inmediato. Parte se disipa hacia la calle y parte alcanza la ventana por radiación y por el aire recalentado que se acumula debajo.La comparación del arquitecto es deliberadamente gráfica: ese paño muy caliente se comporta como una fuente de calor situada frente al hueco. Aun así, el balance sigue siendo normalmente mejor que el de una ventana a pleno sol, porque el toldo evita que la radiación directa atraviese el cristal y caliente suelos, muebles y paredes interiores.Un toldo blanco tampoco es la respuesta completaLa alternativa intuitiva consiste en sustituir el verde por una lona blanca. Una superficie clara refleja más radiación y se calienta menos, pero un tejido fino o poco opaco puede dejar pasar parte de la luz. Por eso Martí sostiene que los toldos «funcionarían mucho mejor si fueran reflectantes por la parte superior» y advierte de que el color, por sí solo, no permite juzgar todo el rendimiento.La solución que presenta se apoya en los estudios del arquitecto e investigador Hubertus Pöppinghaus sobre estructuras textiles de sombra en España. El diseño más favorable combina una cara clara o reflectante orientada al sol con otra oscura hacia el suelo. La primera devuelve buena parte de la radiación incidente; la segunda limita los reflejos que podrían dirigirse hacia las personas, la fachada o el interior. Si ambas capas están separadas, el aire que circula entre ellas ayuda además a evacuar el calor acumulado.También importan la densidad y la opacidad del tejido, la distancia respecto a la ventana, la inclinación y el hueco disponible para que escape el aire caliente. Una lona exterior que proyecte sombra sobre todo el cristal es especialmente útil en orientaciones este y oeste, donde el sol entra con un ángulo bajo y los voladizos horizontales protegen peor.Qué revisar antes de cambiar la lonaAntes de comprar un toldo nuevo conviene comprobar la ficha del tejido y no quedarse únicamente con la muestra de color. La protección frente a la radiación solar, la transmisión de luz, la resistencia a la intemperie y la posibilidad de ventilar bajo la lona son datos más útiles que una etiqueta genérica como «toldo térmico».El uso diario también cuenta. Extenderlo antes de que el sol alcance la ventana impide que el interior llegue a calentarse, mientras que bajarlo cuando el cristal y la habitación ya están recalentados tiene un efecto más limitado. Esa lógica coincide con otras recomendaciones para proteger la casa durante las horas de más calor y ventilar solo cuando la temperatura exterior desciende.Por tanto, no es necesario retirar de inmediato cualquier toldo verde: sigue siendo una pantalla útil frente al sol. La mejora consiste en evitar que la protección se convierta en una lona muy caliente pegada al vidrio y, cuando toque renovarla, elegir un sistema opaco, reflectante por arriba, oscuro por abajo y bien ventilado.