En 1963, una empresa empezó a extraer gas de un yacimiento en los Países Bajos, en una región sin terremotos conocidos. Durante 30 años no pasó nada. Recién en 1991 la tierra empezó a temblar. La geología clásica no tenía una buena explicación para esa demora. La respuesta apareció recién décadas después, y no estaba en la superficie: estaba en las propiedades microscópicas de la roca, acumuladas durante millones de años de quietud