Latía la tensión en la plaza con una exigente corrida de Dolores Aguirre. Todo el mundo pendiente del toro, del que humillaba y del que cogía la matrícula más rápido que un guardia civil de tráfico. Qué tensión. ¡Bum-bum, bum-bum! De taquicardia algunos momentos, con el público volcado con la divisa. Contaba Isabel Lipperheide en la víspera que no estaba muy contenta: se le habían estropeado en el campo dos de los mejores toros -siempre se pelean los guapos- y le quedaban «seis raspaditos», sin opciones de sobreros. No hubo que tirar de remiendos, y eso que el quinto, tan mal castigado en varas y con ese volatinazo en la lidia, fue candidato al verde. No merecía el conjunto ese... Ver Más