Tenía tanta vitalidad, tanta energía positiva y tanta luz, que cuesta creer que ya no pise fuerte en este mundo. Fallecida este 25 de agosto a los 80 años tras varios meses dando sustos a sus millones de fans por sus achaques, Dolly Parton ha sido un ejemplo a seguir desde el primer hasta el último momento de una carrera que si por ella fuera no habría acabado nunca. Sabía lo que era pasarlo mal y vivir penurias insoportables desde su infancia junto a sus trece hermanos en las montañas Great Smoky. Apenas tenían para comer más de una vez al día, como ella misma relató en varias ocasiones, y ese hambre sin duda la empujó a conseguir sus sueños, y también a tener imaginación: «No teníamos dinero para ir al cine, así que me inventaba mis propias historias y se las contaba a mis hermanos», relataría la artista al explicar cómo se convirtió en la enorme compositora que fue . Como casi todas las grandes vocalistas de música tradicional estadounidense, Dolly comenzó a cantar en la iglesia y sus padres, animados por su pastor, la enviaron a varios concursos infantiles que acabaron abriéndole la puerta a actuar en programas de radio y televisión desde los nueve años. Con trece grabó su primer single 'Puppy Love' y participó en el festival Grand Ole Opry, el gran encuentro de los aficionados al country, donde el mismísimo Johnny Cash ya vio algo especial en ella. Antes de cumplir los dieciocho se mudó a Nashville, la meca del género, donde se valoraron tanto sus dotes para componer que enseguida estaba escribiendo canciones para Hank Williams Jr. Hubo un banal y efímero intento de transformarla en artista pop al ser fichada por Monument Records en 1965, pero después volvió al country con sus primeros éxitos en las listas, 'Dumb Blonde' y 'Something Fishy', que sirvieron para catalizar la grabación de su primer álbum completo, 'Hello, I'm Dolly'. Pero fue un fiasco, y el sello la despidió. Tras lamerse las heridas, en 1967 aceptó unirse al programa semanal de música country de Porter Wagoner para firmar un contrato discográfico con RCA Victor, y el dúo arrasó desde el primer single, 'The Last Thing on my Mind'. Su mayor deseo era montárselo por su cuenta, pero el escaso éxito de sus discos en solitario (salvando el pelotazo de singles como 'Joshua', su primer número uno) la obligó a seguir junto a Wagoner siete años más. Ella vivió ese tiempo con cierta frustración, ya que sus composiciones eran objetivamente brillantes, como aquel 'Coat of many colors' ('Abrigo de muchos colores') de 1971 que escribió al recordar cómo su madre cosía remiendos en los vestidos de ella y sus hermanos, o la preciosa 'Down from Dover', en la que abordaba con un arrojo feminista insólito para el momento la historia de una mujer embarazada y abandonada que da a luz a un niño muerto. Pero en 1974 por fin llegó su momento. Su álbum 'Jolene' fue un fenómeno de ventas en Estados Unidos y Canadá, con canciones inmortales como la que dio título al disco (considerada por la revista Rolling Stone como una de las mejores canciones de todos los tiempos) o la no menos inolvidable 'I Will Always Love You', que estuvo a punto de ser versionada por Elvis Presley (un proyecto abortado por diferencias contractuales) y en los noventa le hizo ganar millones a Parton cuando Whitney Houston decidió que la interrpetaría para la banda sonora de 'El Guardaespaldas'. Porter Wagoner no le puso las cosas fáciles a Dolly cuando ella quiso dejar el programa y abandonar el dúo, pero la determinación de la ya superestrella fue mucho más fuerte y publicó dos discos más antes de dar otro salto de popularidad con su propio show de televisión, 'Dolly!', donde invitaba a compañeras de escena como Emmylou Harris, Linda Ronstadt o Karen Black. A partir de 1977 su popularidad ya no volvió a bajar nunca más, con álbumes superventas como 'Here You Come Again' o 'Great Balls of Fire', y en los ochenta irrumpió con fuerza en el mundo del cine con películas como 'Nine to Five' ('Cómo eliminar a su jefe'), 'The Best Little Whorehouse in Texas' o 'Rhinestone', sin dejar de arrasar en las listas de country con cada disco que sacaba, y lanzando recopilatorios de 'grandes éxitos' con enorme repercusión internacional. En los noventa se convirtió en una poderosa mujer de negocios, después de aprender durante más de dos décadas que «básicamente hay dos tipos de hombres con los que tienes que tratar en los negocios: los que quieren estafarte y los que quieren estafarte. Punto», como escribió en 1994. Un empoderamiento que la convirtió en unos d elos grandes referentes de estrellas ya no solo del country, sino también del pop como Sinead O'Connor o Bjork. Sus discos, el último de ellos publicado en 2023 con el título de 'Rockstar', han despachado más de cien millones de copias en todo el mundo, le han valido siete premios Grammy, así como varias nominaciones a los Globos de Oro y a los premios de la Academia, y forma parte del Salón de la Fama de Compositores de Nashville y el Salón de la Fama de los Compositores. Aunque lo consiguió todo en su profesión y su éxito le permitió desarrollar importantes labores filantrópicas, especialmente dedicadas a los niños, no tuvo suerte con una de las cosas de la vida que más anheló: ser madre. Pero este triste final de agosto para la música country, todo Estados Unidos se siente huérfano.