«¿Y esa melena?»: Alcaraz desata la locura junto a Serena en su regreso al tenis

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«¿Y esa melena?». Algún despistado en Arthur Ashe, la pista central del US Open, se ha perdido los últimos capítulos de la vida de Carlos Alcaraz. Ese espectador en la zona noble todavía tiene la imagen del fenómeno murciano con la cabeza rapada y la sonrisa abierta, levantando su sexto Grand Slam aquí hace un año Y le ve aparecer en el mismo cemento azul de Nueva York con un pelazo que ha hecho furor en redes sociales, recogido en una diadema. Ha pasado mucho mientras ha crecido ese cabello. La victoria en enero en Australia, que le convertía en el tenista más joven de la historia en ganar el 'Grand Slam', los cuatro grandes. Y la desgracia que ha frenado en seco a Alcaraz: la lesión en la muñeca que sufrió en el polvo de arcilla del Conde de Godó . Alcaraz aparece con magnífica compañía: Serena Williams. Disputan el torneo de dobles mixtos que el US Open se inventó el año pasado para hacer más atractiva la semana de la previa y, claro, hacer más caja en taquilla. Y no hay nada más atractivo que la mezcla de la mejor jugadora de todos los tiempos -con perdón de los números de Margaret Court- en un regreso inesperado a las pistas y del gran dominador -junto a Jannik Sinner - del tenis contemporáneo. Salen a la pista y son la extraña pareja . Ella, a sus 44 años, un icono global, deportivo, social, de la moda… Él, un joven de Murcia que lo gana todo y que tiene la cara tatuada en murales publicitarios por todo Nueva York. El cebo de la organización funciona: tres cuartos de entrada en el estadio de tenis más grande del mundo. Muchos han venido a rendir un último homenaje a Serena, que no juega aquí desde 2022 y a quien no se le esperaba ver más en competición. Y otros tantos por devoción al murciano. ¿Viene usted por Serena o por Carlos? «Por Carlos, soy fan», dice una señora con sombrero de paja, acompañada de dos niños. «No esperaba ese pelo. Dice mi hijo que parece más mayor. Yo lo veo más guapo». Pero la parte de la anatomía de Alcaraz que importa es su muñeca derecha. Los problemas en esa articulación provocan pesadillas a los tenistas. Lo sabe por ejemplo Juan Martín del Potro , que ganó aquí y poco más porque se la fastidió. Es la primera vez que Alcaraz juega un partido en 113 días y los ojos de quienes se preocupan por su tenis están puestos en esa muñeca. Al llegar a su silla, entre risas con Williams, se coloca una manga compresora en el brazo derecho. Y una muñequera sobre la zona afectada. Lo siguiente es comprobar cómo está su tenis y sus sensaciones. Alcaraz y Williams se enfrentan a Lloyd Glasspool y Erin Routliffe . El británico y la neozelandesa, apenas conocidos en el circuito, son como los Washington Generals, aquel equipo que se enfrentaba a los Harlem Globetrotters. El público quiere que den juego, pero que pierdan. Y eso es lo que pasa. Carlos y Serena se imponen, con la mirada de la afición pendiente de la derecha del murciano. ¿Tiene la potencia de antes? ¿Ha cambiado el golpe liftado? ¿Se habrá hecho daño al caer en escorzo en una volea? Todo parece normal en el español, aunque este no es el examen que determinará su estado de forma, su capacidad de obrar el milagro de estar casi cinco meses sin jugar y ganar un 'grande'. Pese a que el dobles mixtos tiene un premio de un millón de dólares, el partido tiene la tensión de una exhibición. Alcaraz arranca con muchos errores -como la doble falta inicial-, pero se entona con el avance del partido, de formato exprés. «Estaba muy nervioso», dice después del partido. Por jugar con Serena y por regresar a la pista. «Casi he olvidado cómo se siente estar aquí». A él nadie le ha olvidado aquí. De hecho, verle moverse en la pista y golpear la pelota solo multiplica la ilusión de que pueda dar el campanazo en Nueva York.