José Tomás toreó en esta plaza en el año de su regreso. Dieciocho años más tarde parecía volver a hacerlo, con ese azul pavo y oro tan suyo. Sólo que en este caso se había transfigurado en el cuerpo de Víctor Hernández. Mismos andares, mismos muletazos , y misma colocación, donde los pies queman. No le quemaron a Víctor con Pachoso, al que recibió con dos largas de rodillas y quitó por saltilleras ceñidas. Se plantó de hinojos para sacarse al toro por la espalda, terminando el inicio con un precioso pase del desdén, ya recuperada la vertical. Con transmisión iba el montalvo , que quería todo por abajo. Y así le exigía el torero, intentando siempre alargar sus embestidas.... Ver Más