Cáritas alerta sobre el drama de la vivienda: «Se alquilan camas en trasteros y cocinas a 180 euros en Sevilla»

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El triste episodio de la vecina de Triana que murió sola sin que nadie se enterara ha abierto una herida que en realidad no ha estado nunca cerrada. La vivienda ha pasado de ser todo un derecho a un lujo según se coja o no la Constitución, y ese escenario viene agravando las circunstancias de numerosas familias, también en Sevilla, que se las ven para poder tener un techo digno bajo el que poder subsistir. Son historias con nombres y apellidos de quienes tienen que convivir con sus hijos y sus parejas en salones y camas alquiladas en torno a 100-180 euros, sin derecho a cocina , tal y como afirma el presidente de Cáritas Sevilla, Miguel Ángel Carbajo, que ya deslizó en una convocatoria que para tener dichas cocinas había que abonar un plus. Es lo que también denuncia la propia Cáritas Sevilla en su último boletín, donde se da cuenta de que la vivienda está capitalizando las más urgentes prioridades de muchos sevillanos. Cada vez es más difícil encontrar inmuebles que sean decentes y la oferta es a menudo indigna en barrios desfavorecidos como la Oliva, donde están mucho más castigados por la pobreza cronificada que allí se encuentra. La escasez no tiene rostros ni mucho menos escoge perfiles, de ahí que cada vez sea más frecuente ver a madres solas que no tienen el apoyo familiar de un marido y que deben sacar a sus hijos adelante. O migrantes que no están regulados y no tienen otra cosa que aceptar lo primero que se les ofrece, aunque eso a veces suponga vivir en una misma habitación varias personas que no forman parte del mismo núcleo familiar. Lo cuenta en el boletín de Cáritas Daniela, nombre ficticio, que aterrizó en la capital andaluza hace cuestión de meses junto a su marido y su hijo de cuatro años. En su caso, en el citado barrio de la Oliva, accedió a entrar en un piso de cuatro habitaciones que ya tenía a sus inquilinos allí, con cinco ocupantes en total. Sin embargo, siendo tres en la familia, no tuvieron otra que resignarse a vivir en el salón , y en concepto de ello, deben abonar 450 euros mensuales más todo lo que supone el gasto de luz y agua, que alcanzó la cifra de 350 euros al mes al ser ocho los residentes de este piso habilitado para cuatro personas donde conviven al final ocho. Otro de los casos lo representa Eva, una sevillana con vivienda, pero con hipoteca, que apenas tiene para el día a día. Tiene dos hijos y está separada. Ella fue empleada del hogar y, al empezar a cobrar el Ingreso Mínimo Vital (IMV), ha dejado de acudir a Cáritas. Sin embargo, cuenta al órgano en su sede en Sevilla que no ha podido afrontar el gasto de una avería en el frigorífico, y da con la gran conclusión de todo lo anteriormente sufrido y reflexionado: «No hablamos ya de cuestiones de ocio ni hablamos de vivir: hablamos de sobrevivir». El informe FOESSA ya aclaró que la vivienda se ha convertido en el eje principal de la exclusión social en Andalucía, afectando a una de cada cuatro personas. Consultada por este medio su versión regional, el informe FOESSA, que es el termómetro más fiable de la pobreza de un lugar concreto porque se basa en encuestas puerta a puerta, especifica en una de sus tablas que tanto Sevilla como su provincia son la segunda región en Andalucía que más ha visto subido el precio de su cuota mediana por metro cuadrado, sólo por detrás de Málaga. Si bien Sevilla capital registra en 2018 una cantidad de 6,92 euros al mes por metro cuadrado, la cifra sube hasta casi dos puntos en 2022, quedando en 8,72 euros al mes, y con la previsión de que esa cifra es aún mayor cuatro años más tarde. La capital malagueña alcanza los 8,86 euros al mes por metro cuadrado en 2022. Se trata de un 26 por ciento más en ese intervalo 2018-2022, donde también se atisba en Sevilla un incremento en la cuota mediana, que en euros pasa de 508 en el año 2018 a 641 euros al mes. Otra de las realidades sevillanas que quedaron plasmadas en el informe sobre exclusión y desarrollo social de Andalucía tuvo que ver con el número de hogares con indicios de exclusión. Para elaborar su documento, Foessa tomó una serie de muestras, en concreto 134 de 723.494 hogares que se contabilizan en Sevilla, de los cuales 89 fueron tildados como hogares con indicios de exclusión, motivados en muchos de ellos por la grave crisis de vivienda. Más de la mitad. Mucha menor fue la muestra elegida por el resto de capitales de provincia en Andalucía, salvando Málaga, pero ninguna ciudad alcanza la efectividad sevillana, con un mayor porcentaje de exclusión que el resto de la región andaluza.