Bajo el paisaje que ha convertido a Doñana en uno de los enclaves más emblemáticos de Europa se esconde una diversidad menos visible de la que vive en sus marismas, pero esencial para el funcionamiento del ecosistema, las abejas silvestres. Un equipo de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) ha identificado 387 especies de abejas silvestres, una cifra que representa aproximadamente un tercio de todas las especies conocidas en la Península Ibérica. El resultado convierte a este espacio natural en uno de los lugares con mayor riqueza de abejas documentada en España y ofrece una fotografía hasta ahora inédita de sus comunidades de polinizadores. El catálogo es el más completo elaborado hasta la fecha sobre las abejas de este espacio protegido. Para construirlo, los investigadores reunieron más de 27.000 observaciones de interacciones entre abejas y flores, además de miles de ejemplares que fueron identificados y revisados desde el punto de vista taxonómico. El trabajo permite conocer no solo qué especies están presentes, sino también qué plantas utilizan y cómo se relacionan con la vegetación de Doñana. La extraordinaria variedad de abejas no es casual. Doñana concentra en un mismo territorio una gran diversidad de ambientes —desde marismas y lagunas temporales hasta matorral mediterráneo, dunas y bosques— y cuenta con una flora especialmente rica. A ello se suma un clima mediterráneo que permite encontrar recursos florales durante buena parte del año. Esa combinación crea un mosaico de condiciones capaz de sostener especies con necesidades ecológicas muy diferentes. Algunas dependen de determinadas plantas para alimentarse, mientras que otras presentan requerimientos específicos relacionados con sus lugares de nidificación. «Esta elevada diversidad se explica por la gran variedad de hábitats que alberga Doñana, junto con una flora muy rica y un clima mediterráneo que proporciona recursos florales durante buena parte del año», explica Francisco P. Molina, investigador de la Estación Biológica de Doñana y primer autor del estudio. La cifra resulta todavía más llamativa cuando se compara con otros enclaves de gran riqueza. El único referente similar citado por los investigadores es la Sierra de Cazorla, donde décadas de estudios permitieron registrar 392 especies de abejas. Entre los resultados del estudio hay además un hallazgo especialmente llamativo. Los investigadores han registrado por primera vez en la Península Ibérica y en la Europa continental la presencia de Andrena purpurascens , una especie que hasta ahora solo había sido conocida en el norte de África, concretamente en Marruecos, Túnez y Argelia. Su aparición en Doñana abre una incógnita sobre el origen de esta población. La proximidad geográfica entre el sur de la Península y el continente africano podría apuntar a una conexión entre ambos territorios, aunque los científicos advierten de que tampoco se puede descartar que la especie haya llegado recientemente y esté colonizando el espacio. «No podemos descartar que se trate de una colonización reciente», señala Molina. El hallazgo es también un recordatorio de cuánto queda todavía por descubrir sobre las comunidades de insectos de Doñana. El catálogo supone un importante avance, pero no necesariamente el inventario definitivo. Cuando se habla de abejas, la imagen suele estar asociada a la producción de miel. Sin embargo, la mayor parte de las especies identificadas en Doñana son abejas silvestres, y su importancia ecológica va mucho más allá de ese producto. Estos insectos desempeñan un papel fundamental como polinizadores de la flora silvestre. Al desplazarse entre las flores en busca de alimento, transportan polen y permiten la reproducción de numerosas especies vegetales. Su presencia, por tanto, está estrechamente vinculada al funcionamiento de los ecosistemas. La diversidad de abejas es también una señal de la diversidad vegetal que las sostiene. No todas utilizan las mismas flores ni tienen las mismas necesidades, de modo que conservar una comunidad tan amplia implica mantener también los diferentes hábitats y recursos de los que depende Que Doñana albergue una riqueza excepcional no significa que sus abejas estén a salvo. El estudio señala varias amenazas que pueden alterar sus comunidades en los próximos años. Entre ellas se encuentra el cambio climático, que está provocando temperaturas más elevadas y periodos de sequía más intensos. También preocupa la sobreexplotación de los recursos hídricos, especialmente relevante en un espacio cuya dinámica ecológica depende estrechamente del agua. A estos factores se suma la transformación del paisaje, que puede reducir o degradar los lugares adecuados para la alimentación y reproducción de muchas especies. El problema no afecta únicamente al número de abejas. Los cambios ambientales pueden modificar el momento en el que aparecen los insectos y el periodo de floración de las plantas, alterando la sincronía entre ambos. Una floración que se adelante o una época de actividad de los polinizadores que cambie puede romper relaciones ecológicas construidas durante generaciones. Por eso, para los investigadores, conocer las especies que viven actualmente en Doñana es algo más que elaborar una lista. El catálogo establece una línea de referencia con la que comparar el estado de las comunidades de abejas en el futuro. Si dentro de unos años desaparecen determinadas especies, aparecen otras nuevas o cambia la composición de las comunidades, los científicos podrán detectar esas transformaciones y relacionarlas con cambios en el clima, el paisaje o la disponibilidad de recursos. La investigación plantea así un seguimiento a largo plazo de los polinizadores de Doñana. La idea es observar cómo responden ante un entorno que está cambiando y utilizar esa información para orientar las medidas de conservación. Una de las posibles actuaciones pasa por conservar y recuperar las plantas que ofrecen alimento a un mayor número de especies. Los investigadores señalan, por ejemplo, la jara rizada (Cistus crispus) y el romero (Salvia rosmarinus). Cada una de estas plantas proporciona recursos florales a más de un centenar de especies de abejas. Doñana es, en definitiva, también un territorio de pequeños habitantes que pasan buena parte del tiempo inadvertidos. Los casi 390 tipos de abejas registrados muestran que la riqueza del espacio natural no se mide solo en sus grandes paisajes o en las especies más conocidas. Entre las flores del matorral mediterráneo, las dunas y los claros del bosque existe una red de polinizadores cuya presencia resulta esencial para mantener el ecosistema. Ahora, por primera vez, los científicos disponen de un mapa mucho más preciso de esa diversidad. Y ese conocimiento puede convertirse en una de las mejores herramientas para saber qué está cambiando en Doñana antes de que sea demasiado tarde.