El océano acaba de batir su récord de temperatura media desde que hay registros y lo ha hecho fuera de la estación en la que más cálidas suelen estar sus aguas. Como si España sufriera durante el veranillo de San Miguel, ya en septiembre, los rigores propios del mes de julio. En la superficie marina, habitualmente el calor llega a su pico entre marzo y abril, tras el verano austral y tras el fenómeno El Niño iniciado un año antes. Sin embargo, el pasado 22 de agosto la temperatura de la superficie del mar alcanzó los 21,1 °C. Sobrepasó así la marca histórica previa de 21,09º registrada en marzo de 2024, el año más cálido hasta la fecha. Los datos publicados este lunes por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S) son reveladores. La 'desestacionalización' del récord de temperatura confirma los primeros efectos del fenómeno El Niño, que de forma natural eleva las temperaturas de la superficie del Pacífico tropical y aumentan la media global. Es un evento cíclico, pero los pronósticos apuntan que podría alcanzar niveles inéditos en un siglo hacia finales de año y principios de 2027. Esta intensidad, además, se superpondrá al calentamiento global de fondo que ya existe por la acumulación de gases de efecto invernadero, elevando la temperatura de todo el planeta. «Este récord es otra clara señal de un océano sometido a una presión creciente. El Niño está añadiendo calor al sistema, pero lo hace sobre décadas de calentamiento provocado por la actividad humana«, ha valorado Samantha Burgess, responsable estratégica de Clima del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF, por sus siglas en inglés). El Niño, por sí mismo, es capaz de impulsar las temperaturas globales y modificar patrones de lluvias, exacerbar sequías e impulsar huracanes y ciclones de medio planeta. Las olas de calor y las inundaciones extraen de aquí la energía que los alimentan. Un océano más cálido transfiere más calor y humedad a la atmósfera, lo que puede intensificar las precipitaciones y algunos sistemas de tormentas. En general, El Niño se vincula a graves sequías y calor en Australia, el sur y el centro de África, la India y algunas zonas de Sudamérica. En cambio, en el sur de Estados Unidos, partes de Oriente Medio y el centro-sur de Asia puede dar lugar a fuertes precipitaciones. El problema es que el Superniño que ha comenzado, añadido al cambio climático, intensificará los efectos a una escala todavía por comprobar. El Servicio Meteorológico Nacional de Gran Bretaña (Met Office) dijo el viernes que el actual El Niño probablemente será el más intenso desde el siglo XIX y prevé que 2027 supere a 2024 como el año más cálido registrado hasta el momento. «Si el pronóstico es preciso, en 2026 superaremos con creces nuestra experiencia reciente con El Niño y sus influencias climáticas a nivel mundial», declaró Adam Scaife, jefe de pronósticos a largo plazo de Met Office. En España no está claro el efecto que tendrá. Cuanto más lejos del Pacífico, menor es la influencia. Y en Europa también se suma el efecto del Atlántico y del Mediterráneo. Hay estudios que vinculan El Niño con otoños más lluviosos en la Península, pero no hay pruebas de que provoque veranos más calurosos