29 años después de su muerte, el recuerdo de Diana de Gales sigue vivo. De hecho, el final de la 'princesa del pueblo' ha servido como motor creativo para películas, documentales y libros que ahondan en su compleja personalidad . Criada en el seno de una de las familias aristocráticas más importantes de Inglaterra, a los seis años fue abandonada por su madre, quien tras encandilarse de otro señor se marchó del hogar que compartía con su entonces esposo y perdió el contacto con sus hijos . Este hecho tuvo un enorme impacto sobre la salud de una Diana que durante años fue saltando de institutriz en institutriz, primero, y de internado en internado, después. A punto de cumplir los 18, abandonó los estudios y se independizó, para poco más tarde ennoviarse con el príncipe Carlos de Inglaterra, heredero al trono británico . «Antagónicos por naturaleza' (y por su propia herencia personal), la pareja inició una relación secreta para el mundo, brotada por distintos intereses. Los de ella, completamente emocionales, y los de él, convenientes para cumplir con los requisitos que su corte le exigía. Así es. Diana encajaba a la perfección en el modelo establecido de cómo elegir a una princesa», explica la periodista y escritora Concha Calleja en su libro 'Diana. Réquiem por una mentira'. La pareja contrajo matrimonio en febrero de 1981, sin apenas conocerse, cinco meses después de la pedida de mano . Pero Diana no podía ni imaginar lo que implicaba emparentar con los Windsor y tampoco tardó demasiado en comprobar que su marido seguía encoñado de Camila Parker-Bowles, un amor de juventud que luego se convertiría en su segunda esposa. Tanto es así que al hoy monarca le faltó tiempo para ponerle los cuernos a Diana, quien sufría bulimia y ansiedad desde su boda con el susodicho y, a raíz de aquellos engaños, cayó en una fuerte depresión. Aunque la princesa puso todo su empeño en guardar las apariencias, la cosa cambió cuando se filtraron unas conversaciones privadas entre Carlos y Camila, y a finales del 95, harta de aguantar humillaciones y sin esperanzas de cambio, concedió a la BBC una memorable entrevista. « Éramos tres en ese matrimonio. Estaba un poco superpoblado» , confesó ese día, unos meses antes de que se anunciara oficialmente su divorcio. «Carlos fue para Diana su primera vez en todo: su primer amor, su primer beso, su primera vivencia sexual… El deterioro de esa relación fue para Di una experiencia frustrada y dolorosa, en la que una vez más era abandonada», apunta su biógrafa española. «Esa realidad provocó que su modo de amar quedase afectado y, a mi parecer, construyera imágenes idealizadas que nada tenían que ver con la realidad, sino con cómo a ella le hubiera gustado que fueran. Estoy convencida de que Diana se quedó enganchada al desafecto de sus padres, y esa actitud la convirtió, de alguna manera, en conflictiva; desbordada por el miedo, y con una necesidad extrema de venganza. Unos sentimientos tramposos, porque no conocía más paraíso que el que concebía su memoria». Por cierto que, en el transcurso de aquella charla con la 'BBC' seguida por 23 millones de espectadores, la princesa mencionó el escarceo clandestino que durante un lustro mantuvo con James Hewitt, un apuesto capitán de un regimiento de la caballería de la casa real al que pidió que fuera su profesor de equitación, después de advertir la traición de su marido. «Diana era bulímica, se sentía en un callejón sin salida y necesitaba tener algún tipo de esperanza», contó al respecto Hewitt. «Yo se la proporcioné. Habría sido fatal para ella si entonces yo le hubiera destruido esa esperanza. Así que vivíamos en esa especie de fantasía. Era su manera de mantenerse viva en medio de la pesadilla». Aunque Hewitt no fue el primer amante de la princesa, que debutó en ese terreno de la mano de Barry Mannakee, su guardaespaldas desde 1985, justo en el momento más tenso de su matrimonio . «El romance llegó a oídos de palacio, y fue alejado de la vida de Diana», apunta Calleja sobre un hombre que en 1987 perdió la vida en un accidente de coche. Dos años después de esto, añade la periodista, Diana se lió con James Gilbey , empresario de la automoción y el protagonista de un escándalo «que dio a conocer, a través de unas grabaciones telefónicas secretas, sus conversaciones privadas, poniendo de manifiesto que los espías de palacio estaban al acecho». Más tarde, Diana cayó rendida ante los encantos de Oliver Hoare, un empresario de arte islámico , casado y con dos hijos, que hizo de intermediario entre los príncipes cuando aún había posibilidad de reconciliación entre ellos. Sin embargo, Diana se quedó pillada de él e incluso llegó a hablarle de matrimonio. «Hoare le aclaró que nunca dejaría a su mujer, provocando en Diana una recaída emocional que la llevó a obsesionarse con él, al punto de llamarle compulsiva y obsesivamente», se apunta en el mencionado libro. «En este caso, fue la esposa de Hoare quien puso de manifiesto el acoso en el despacho de Scotland Yard para finiquitar esa incómoda situación». En 1994, Diana conoció en las instalaciones deportivas del Chelsea Harbour Club al famoso jugador de rugby Will Carling, también casado, con el que tuvo un flirteo , y un año más tarde apareció Hasnat Khan, cirujano musulmán y paquistaní, con el que según Calleja vivió su primera fantasía de vida en común. «Pensó que ese médico tan sobresaliente iba a salvarla de todo su sufrimiento, y a llevarla a algún sitio lejano donde pudieran vivir su historia de amor. Diana se tomó muy en serio la relación con Khan, estudió el Corán, se interesó por el islam, visitó a sus amigos, a su familia…». Ambos se enamoraron perdidamente, pero el médico no aguantaba la atención mediática y mandó aquel romance al garete a principios del 97. En verano de ese mismo año, Diana se ennovió con el productor de cine Dodi Al Fayed, hijo del multimillonario productor y empresario Mohamed Al Fayed, quien siempre sostuvo que la pareja estaba prometida cuando ambos perdieron la vida aquella noche del 31 de agosto en que el Mercedes donde huían de los paparazzi se estampó contra el pilar número 13 del túnel del parisino Puente del Alma. «Diana no tenía ninguna intención de casarse con Dodi Fayed, lo suyo era un coqueteo para molestar a Carlos y a la Familia Real», sostiene otra biógrafa de la princesa. Una incógnita que quedará por despejar , igual que las verdaderas circunstancias en que se produjo el trágico accidente.