La historia de la mujer que murió en un trastero de Triana sin que nadie lo supiera

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El pasado martes era una tarde de finales de agosto cualquiera en la calle Tejares. Un hombre entró a su trastero, en el bajo de un bloque de viviendas ubicado en el número 9, cuando percibió un fuerte olor que emanaba de uno de ellos. Alertó a los servicios de emergencia que tuvieron que tirar la puerta abajo para acceder. Al abrir el trastero, se encontraron el cuerpo sin vida de una mujer en estado de descomposición. Llevaba al menos 48 horas muerta. Nadie la conocía, nadie sabía que había estado viviendo allí. Sobre las nueve de la noche se personaron Bomberos, Policía Nacional y Servicios Sanitarios que confirmaron que el cuerpo no presentaba signos de violencia. Se trataba de una mujer de 70 años que acudía al comedor del Centro de Participación Activa de Triana, en la plaza de Chapina. Un lugar donde los menús son económicos y que se encuentra a escasos minutos a pie de la calle Tejares. Al parecer, solo volvía al pequeño cubículo que usaba como apartamento para dormir. Estos trasteros están ubicados en un local comercial de una urbanización compuesta por varios edificios que rodean la plaza Virgen de la Amargura. Su carácter es residencial prácticamente en su totalidad, salvo por una farmacia y algún que otro comercio. Los portales de acceso a los edificios se encuentran en esta plazoleta. Frente al local de trasteros, en la pequeña calle Tejares, hay más bloques de pisos. A escasos metros hay un parque infantil, en la plaza capataz Jesús Basterra, donde Emvisesa está construyendo una promoción de viviendas. Hay que caminar varios minutos desde esta comunidad para encontrar un bar o tienda, alguien que pudiera haber visto con regularidad a la mujer entrar en los trasteros. Junto al edificio, hay otra empresa de alquiler de trasteros y plazas de motos y un estudio de pilates. Su dueño, se entera también por la prensa de lo ocurrido. El complejo llevaba poco tiempo funcionado, no más de un año. Solía ser un garaje de reparación de vehículos. Fue hace unos cuatro meses cuando alquiló el espacio , confirman desde la empresa a este periódico. «No sabemos quién era. Aquí la gente llega, paga y no la volvemos a ver», explican. Tampoco confirman que estuviera viviendo allí. Sus pertenencias siguen allí, no han sido retiradas. La Policía Nacional -a cargo de la investigación- está esperando a que alguien las reclame. En el vecindario, esta trágica muerte ha pillado completamente por sorpresa. De todas las personas con las que ABC ha podido hablar en la tarde de este jueves, no saben nada, ni la identidad, ni la procedencia, ni tan siquiera el tiempo que llevaba allí malviviendo. Hay quien se han enterado de lo sucedido al ser entrevistado por este periódico. «Es una pena que hayamos llegado al punto de que una persona termine viviendo en un trastero», comenta Mónica, vecina del bloque de enfrente. Un joven residente en el mismo edificio vuelve a confirmar que no se sabe nada en la comunidad. «Una vecina dice haber visto a una mujer que entraba con muchas bolsas a los trasteros, pero no es algo que se supiera a ciencia cierta entre los vecinos», comenta. «Al conocer la noticia, sí que me he planteado que una mujer pasaba mucho tiempo apoyada en la verja (ubicada justo a la salida del acceso a los trasteros) pero a saber si sería ella», añade este veinteañero. Otra chica, vecina del quinto del mismo edificio, ha pasado en la mañana de este jueves por el local mientras procedían a la limpieza del complejo. El de la mujer fallecida sería el último de los módulos y, según explica, las medidas no superan los tres metros de ancho por dos metros de largo. «He visto muchas bolsas de almacenaje , muy grandes». El local no tiene más que los propios trasteros, ni baño, ni ventanas. «Es una fila de trasteros seguidos unos de otros», aclara. Desde las viviendas que están justo encima del local no se percibía ningún olor. Tampoco por la calle, comenta otra vecina que aparca justo en frente y vive en la calle perpendicular. «Es mi trayecto de todos los días y yo no me he dado cuenta de nada», reconoce la señora. ABC ha podido contactar con el presidente de la comunidad de la urbanización, quien dice no saber nada sobre lo ocurrido. «Llegué cuando los bomberos ya estaban actuando», añade. Una mujer y su hijo, que visitan con frecuencia a su madre y abuela, residente en la urbanización, dejan clara su incredulidad. «Es imposible que una persona pudiera vivir ahí, alguien le habría visto», añade la mujer. Detalla que ha habido casos de personas sin hogar que han intentado vivir en los alrededores de los edificios y que han sido desalojadas. Es por ello, que le cuesta mucho creer que se haya permitido que alguien viviera en los trasteros. Son pocos los vehículos que transitan por esta calle de un único sentido. En uno de los coches que pasan por delante viajan dos chicas. A la altura de los trasteros, una de ellas señala hacia la puerta para, presumiblemente, contarle lo ocurrido a su compañera de viaje. La Policía Nacional colocó un cartel advirtiendo de que, por condiciones sanitarias, no se podía acceder . Este jueves, ha sido retirado. A ojos de quien desconozca lo ocurrido, todo está como de costumbre. Solo queda imaginar a esa mujer, la que nadie vio vivir y morir entre las cuatro paredes de un trastero.