Roncar puede resultar molesto para quien comparte dormitorio, pero no todos los ronquidos tienen el mismo significado. La alarma se enciende cuando el sonido se interrumpe con pausas en la respiración, resoplidos o una sensación de ahogo. En esos episodios, la vía aérea puede cerrarse, el oxígeno en sangre desciende y el cerebro provoca pequeños despertares para que la persona vuelva a respirar.El doctor Eduard Estivill lo explicó con crudeza en una extensa entrevista en YouTube: «La falta de oxígeno puede afectar al corazón y pueden tener un infarto; estas personas pueden morir de infarto». Su advertencia se refiere a las apneas repetidas y no tratadas, no a que cualquier ronquido ocasional anuncie un ataque cardiaco. La precisión importa para que el titular no produzca miedo y, a la vez, no se normalicen señales que merecen estudio.Qué le ocurre al cuerpo durante una apneaLa apnea obstructiva del sueño aparece cuando los músculos de la garganta se relajan y la vía respiratoria queda bloqueada de forma parcial o completa. Cada descenso de oxígeno activa una respuesta de estrés: aumenta la actividad del sistema nervioso, se producen cambios bruscos en la presión arterial y el corazón trabaja en condiciones menos favorables. Cuando el ciclo se repite decenas de veces por hora y durante años, la carga deja de ser anecdótica.La Asociación Americana del Corazón vincula este trastorno con hipertensión, fibrilación auricular, enfermedad coronaria, insuficiencia cardiaca e ictus. La evidencia respalda una asociación cardiovascular relevante, aunque el riesgo de una persona concreta depende también de la gravedad de la apnea, la edad, el peso, el tabaco, la diabetes y otras enfermedades. No puede calcularse a partir del volumen del ronquido.Además, el sueño queda fragmentado. Como explicaron varios especialistas a La Razón, alguien puede permanecer ocho horas en la cama y levantarse agotado porque los microdespertares impiden un descanso reparador. La somnolencia diurna aumenta asimismo el peligro de accidentes al volante o en el trabajo.Las señales que justifican una consultaMuchas personas desconocen sus pausas porque ocurren mientras duermen. A menudo es la pareja quien observa silencios seguidos de jadeos. También deben hacer sospechar la somnolencia excesiva, la cefalea matutina, la boca seca al despertar, la falta de concentración, el sueño no reparador y una hipertensión difícil de controlar. El sobrepeso eleva la probabilidad, pero la apnea puede aparecer también en personas delgadas, mujeres y niños.El diagnóstico no se hace con una grabación del móvil ni con un reloj inteligente. Esos dispositivos pueden señalar patrones llamativos, pero la confirmación requiere valoración médica y, cuando procede, un estudio del sueño que mida respiración, oxígeno, frecuencia cardiaca y despertares. Estivill recuerda que contar las apneas y su duración permite graduar el problema.El tratamiento se adapta a la causa y a la gravedad. Puede incluir pérdida de peso cuando está indicada, evitar alcohol y sedantes por la noche, dormir de lado, dispositivos de avance mandibular, cirugía en pacientes seleccionados o presión positiva continua en la vía aérea, conocida como CPAP. No conviene comprar soluciones por cuenta propia ni dejar un tratamiento porque el ronquido haya disminuido.La advertencia del médico del sueño tiene una consecuencia doméstica concreta: una pausa respiratoria repetida no es una broma para grabar y enseñar al día siguiente. Es información útil que debe contarse en consulta, sobre todo si se acompaña de ahogos, cansancio diurno o problemas cardiovasculares.