La emergencia en el Himalaya ha entrado este viernes en una fase especialmente delicada, en la que China y Nepal afrontan una auténtica carrera contra el agua. El gigantesco desprendimiento que el miércoles desencadenó una violentísima riada en esos valles dejó a su paso toneladas de barro y sedimentos encajados en varios cauces a ambos lados de la frontera. Esos tapones naturales han formado dos lagos de barrera que Pekín y Katmandú mantienen bajo estrecha vigilancia. Con más lluvias previstas para las próximas horas y días, las autoridades de los dos países asiáticos advierten de que el peligro vuelve a estar río arriba: si esas presas cedieran, podrían provocar nuevas inundaciones en unas zonas que ya quedaron devastadas hace dos días en una catástrofe que se ha cobrado al menos 478 vidas y ha dejado 1.535 desaparecidos, 977 en Nepal y 558 en Tíbet.Seguir leyendo