"¿Dónde están las niñas que migran solas?": un informe pionero pide protocolos específicos para protegerlas

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Las niñas y adolescentes que llegaron a Ceuta hace un mes se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad. Las migrantes se enfrentan no solo a la amenaza palpable de la violencia sexual, en el centro del debate desde hace semanas, sino que además encaran un futuro incierto que en muchos casos las aboca a contextos de riesgo y exclusión marcados por violencias específicas. Pero su realidad apenas ha sido estudiada por los expertos. Una investigación pionera pone en evidencia la necesidad de un enfoque de género en la atención a la infancia no acompañada en procesos migratorios.Actualmente, un total de 1.400 menores se encuentran afiliados en la ciudad autónoma, según los últimos datos ofrecidos por el ministro Ángel Víctor Torres. La legislación de extranjería impide que sean deportados de forma masiva, así que el Ministerio de Infancia ha asegurado estar estudiando el traslado de medio millar de niñas a centros de protección gestionados por organizaciones de infancia, en distintas comunidades del país. A casi un mes de la entrada masiva de personas migrantes, sobre la mesa anidan más interrogantes que certezas. Las preguntas son inesquivables: ¿qué futuro les espera a estas niñas?, ¿sus derechos están verdaderamente asegurados?, ¿está el sistema a la altura a la hora de garantizarles una vida digna? Sin dejar a un lado la excepcionalidad de la situación actual, lo cierto es que un grupo de investigadores e investigadoras lleva tiempo estudiando el fenómeno y analizando algunas experiencias previas que permiten tomar nota sobre las necesidades específicas de las niñas y adolescentes que migran solas. El punto de partida fue un trabajo académico. El sociólogo y trabajador social Chabier Gimeno y una de sus alumnas, la hoy trabajadora social Alma Pilar Martín-González, trataron de contestar a una pregunta que deambulaba sin llamar la atención de los investigadores: dónde están las niñas que migran solas. Para dar respuesta, accedieron a los expedientes de niñas migrantes no acompañadas tuteladas en Aragón. Era la primera vez a escala global que la administración y la academia se daban la mano para explorar la realidad específica de las menores no acompañadas en base al estudio de sus expedientes. Aragón se convertiría, a partir de aquel trabajo, en la primera comunidad en incorporar la perspectiva de género en el diseño de su estrategia para menores no acompañados. La investigación resultante consiguió innovar "metodológicamente en el estudio de los servicios sociales, con una categorización pionera de los motivos migratorios de estas niñas y adolescentes acogidas en los centros de protección", presume la Universidad de Zaragoza. La semilla plantada por la trabajadora social abría todo un campo de trabajo inexplorado: mirar hacia las niñas migrantes considerando el aumento progresivo de su presencia en los flujos migratorios y preguntarse si el sistema de acogida estaba capacitado para atenderlas. La revista Affilia: Feminist Inquiry in Social Work publicaría poco después un artículo firmado por el coordinador de la tesis y a finales del año pasado la investigación despertaría el interés de la red internacional de investigación Girlhood in Migration Network. Y desde entonces, aquel grupo de investigadores ya no apartaría la mirada de las niñas migrantes y sus necesidades. Gimeno escucha hoy los testimonios de las niñas que han llegado a la ciudad autónoma de Ceuta y entrevé en sus palabras los mismos matices que encontró plasmados en los expedientes de las menores tuteladas de Aragón. Las experiencias son comunes, asiente al otro lado del teléfono, por eso precisamente se hace necesaria una estrategia estandarizada que atienda a las necesidades de las chicas jóvenes.En su primer trabajo conjunto, los sociólogos encontraron que la investigación sobre migraciones a menudo descuida los aspectos concernientes al género, por lo que las mujeres han quedado tradicionalmente en un segundo plano. Las únicas experiencias estudiadas, analizadas y validadas han sido siempre las de los migrantes varones. "La escasez de investigaciones sobre las niñas y adolescentes que han migrado solas, las limitaciones en la detección y en el diagnóstico de sus vulnerabilidades, además de las situaciones invisibilizantes a las que son sometidas en sus proyectos migratorios, dificultan la existencia de intervenciones adecuadas a sus características", exponen."Estas niñas se encuentran en un limbo en todas las vertientes porque el sistema tiene una visión masculina, pero también porque cuando existe una mirada de género se pierde la perspectiva de lo que supone ser menor y no acompañada", asegura en conversación con este diario Martín-González.Y en parte tiene una explicación: sucede así porque la emigración se ha presentado como un fenómeno eminentemente masculino, más aún cuando las diversas manifestaciones del patriarcado en los países de origen alientan la migración masculina como medio para mejorar las perspectivas económicas de la familia, asignando a los hombres el papel de principales sustentadores y reservando para ellas el rol del cuidado familiar. Ellos se marchan, ellas se quedan. Pero la coyuntura actual se ha demostrado cambiante, así que resulta fundamental conocer los motivos por los que las menores migran. Los casos estudiados por los investigadores destaparon tres tipos de situaciones de partida: contextos de explotación –sexual, laboral, doméstica o mendicidad–, circunstancias familiares –reunificación en algunos casos, pero también violencia machista o matrimonios forzados– y desarrollo personal –búsqueda de empleo o formación–. Las menores migran para huir de la violencia y para encontrar mejores oportunidades.Lo detalla la propia Martín-González: "Encontramos perfiles de chicas que habían sido víctimas de trata, así que ahí vemos cómo el género atraviesa la realidad de la migración. También vimos el peso primordial de la familia como factor de control del proceso migratorio, más que de protección. Y un tercer perfil tiene que ver con aquellas chicas que migran con autonomía, procedentes de familias acomodadas y con el objetivo de la promoción laboral o formativa". A pesar de la diversidad de perfiles, todas se encuentran con un escenario común. "A la falta de oportunidades en sus países de origen, motivada por los roles de género que el patriarcado articula en ese contexto, se suman en el país de destino el racismo y la islamofobia", concluye la investigadora en otro artículo. La investigación pone en evidencia una realidad: si nadie mira hacia las menores migrantes, nadie las ve. Los profesionales que fueron entrevistados por los investigadores reparaban entonces en las dificultades a la hora de detectar su presencia, acceder a ellas y ganarse su confianza. Para los especialistas, estas trabas son consecuencia directa de su invisibilización, un elemento que "incrementa su vulnerabilidad". La infradetección merece un análisis específico en el caso de las niñas. “En los países de origen suele estar estigmatizado que la chica menor migre sola”, expone Martín-González, por lo que es habitual que sus progenitores “acuerden con otra familia extensa una acogida no regular en el país de destino, con la expectativa de que cuide de ella”. Esos contextos a menudo pasan desapercibidos para las instituciones y se convierten en escenarios de violencia invisible: “Muchas veces no se cumple con la escolarización, con la atención sanitaria o incluso vemos casos de explotación para trabajo doméstico o sexual”. Los profesionales que participan en la investigación describen falta de protocolos específicos, escasa experiencia y ausencia de centros especializados para chicas migrantes, un asunto especialmente alarmante teniendo en cuenta el volumen de situaciones de explotación: el 41,1% de las chicas acogidas en la década estudiada había sido víctima de explotación. En consecuencia, la desconfianza hacia las instituciones se convierte "en un patrón de comportamiento y en un mecanismo de autoprotección".¿Y qué sucede cuando las mujeres desconfían? Los profesionales y los investigadores detectan tres situaciones de crisis que se reproducen: la existencia de relaciones sociales perjudiciales para las jóvenes, la aparición de comportamientos disruptivos fruto de experiencias traumáticas y las fugas de los centros de acogida, especialmente preocupantes cuando existen indicios de redes de explotación. "Constatamos que el 53% de las chicas acogidas se habían fugado antes de cumplir tres meses de acogida y más del 70% de las fugas se correspondían con víctimas de explotación", señalan los investigadores. Ni siquiera estar dentro del sistema supone una garantía de protección para las niñas no acompañadas.Entender los malestares que atraviesan a las menores no acompañadas es clave para mejorar su calidad de vida. Una vez en suelo europeo, estas jóvenes se enfrentan a contradicciones de peso: "Basculan entre su deseo de adaptarse a la nueva realidad en la que viven y la presión familiar y comunitaria para mantener su identidad de origen". Pero además "son sometidas a las exigencias de integración de las sociedades de acogida, donde el modelo de gestión de la diversidad prioriza la asimilación, con los consiguientes conflictos de identidad". En un periodo de transición vital como la adolescencia, "este proceso de navegación entre presiones contrapuestas genera profundos conflictos intrapersonales".Tras años de trabajo, Chabier Gimeno no puede apartar la vista de lo que sucede hoy en Ceuta. "Hay gente trabajando en este asunto que puede ayudar ahora", insiste el sociólogo. "Sabemos cuáles son los perfiles y las dificultades que detectan los profesionales, es hora de sentarse a hablar y diseñar un protocolo específico para las niñas que atienda a sus vulnerabilidades".