Un virus mata una bacteria y reparte su vitamina B12 por el ecosistema microbiano: el hallazgo revela una red de alimentación que nadie se esperaba entre los científicos que lo analizaron

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La vitamina B12, conocida científicamente como cobalamina, es un nutriente imprescindible para procesos biológicos esenciales que van desde la síntesis del ADN y la formación de glóbulos rojos hasta el funcionamiento adecuado del sistema nervioso. No obstante, su origen en la naturaleza es sumamente exclusivo. Ni los seres humanos, ni los animales, ni las plantas poseen la capacidad metabólica de fabricarla; únicamente un grupo selecto de bacterias y arqueas cuenta con todo lo necesario para producirla.Debido a que su síntesis requiere un alto consumo de energía metabólica, la mayoría de los microorganismos han evolucionado para obtener cobalamina o sus compuestos derivados directamente de su entorno. Esta dependencia genera un dilema biológico intrigante en ecosistemas que abarcan desde los océanos y los suelos hasta el intestino humano, ya que no resultaba claro por qué un microorganismo liberaría voluntariamente un recurso tan valioso y costoso de fabricar para alimentar a sus "vecinos".La importancia del momento y el lugar en la liberación de nutrientes para la diversidad bacteriana Los autores del estudio: Bryan Hsu (izquierda) y David da Silva Barreira (derecha)Una reciente investigación liderada por científicos de Virginia Tech y publicada en la revista The ISME Journal ha revelado una respuesta inesperada. El estudio demuestra que los bacteriófagos, los virus que infectan exclusivamente a las bacterias, actúan como catalizadores al romper violentamente las células bacterianas y liberar la vitamina B12 que se encuentra atrapada en su interior. Durante el ciclo de infección lítica, el fago se adhiere a la bacteria, inyecta su material genético y secuestra la maquinaria celular para replicarse hasta que la célula huésped se destruye por completo.Al reventar la membrana bacteriana, no solo se escapan los nuevos virus, sino que todo el contenido interno acumulado por la bacteria, incluyendo proteínas, azúcares, ADN y nutrientes vitales como la vitamina B12, se "derrama" de golpe, quedando disponible en el medio ambiente, quedando disponible para los microorganismos circundantes.Para comprobar si esta liberación de nutrientes era determinante en el crecimiento de otras bacterias, los investigadores llevaron a cabo experimentos en un sistema controlado con dos tipos de microorganismos: uno capaz de sintetizar la vitamina y otro dependiente de ella pero incapaz de producirla. Cuando la bacteria productora permanecía intacta, la especie dependiente no lograba prosperar, demostrando que la B12 no se filtra de forma natural hacia el exterior. Solo cuando se introdujeron fagos que destruyeron a las bacterias productoras, la vitamina B12 quedó libre en concentraciones suficientes para sostener el crecimiento de la población vecina. Para descartar que otros componentes celulares liberados fueran los responsables de este estímulo, el equipo repitió el experimento utilizando una cepa bacteriana modificada genéticamente incapaz de sintetizar cobalamina. Aunque los virus destruyeron estas bacterias y liberaron su contenido, los microorganismos dependientes no crecieron, lo que confirmó que la B12 era el recurso indispensable detrás de este fenómeno. Esto es lo que le pasa a tu cuerpo si tomas vitamina B12 todos los díasLo descubierto en este estudio va más allá de los cultivos de laboratorio, demostrando impactos significativos en grupos bacterianos del tracto digestivo humano y en la diversidad de la microbiota. La liberación puntual de cobalamina por fagos no solo benefició a especies individuales, sino que reestructuró la composición general de las comunidades microbianas e incrementó su diversidad de forma más efectiva que cuando la vitamina se añadió de manera homogénea al medio.Todo esto apunta a que la ubicación y el momento exacto en que se liberan los nutrientes son tan importantes como el nutriente en sí. Así, los virus dejan de ser vistos únicamente como agentes destructores para consolidarse como recicladores microscópicos de nutrientes capaces de moldear la dinámica de ecosistemas complejos, transfiriendo recursos esenciales desde los organismos que los fabrican hasta aquellos que dependen de su recolección, tanto en el intestino como en el suelo y los océanos.