Enrique Ponce, 54 años: «Antes de torear, siempre comía un plato de pasta, solo con aceite de oliva. Nada más»

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Enrique Ponce recibe este miércoles 26 de agosto una de las distinciones más especiales para un torero. El Excelentísimo Club Taurino de Bilbao le nombra miembro de honor y le concede la insignia de oro y el pergamino de su entidad. En el marco de la semana grande de la ciudad vasca, este reconocimiento pone en valor la relación del diestro valenciano y el coso bilbaíno dentro de una trayectoria general de referencia para las nuevas generaciones. Llega a este evento con 54 años y una lista abrumante de hitos en los ruedos de todo el país. Solo en la Vista Alegre de Bilbao ha toreado más que ningún otro diestro (63 corridas), ha cortado 36 orejas y ha salido 6 veces por la puerta grande. Además, es el torero con mayor número de temporadas sobre los 100 festejos y el único caso en la historia de mantener esta hazaña durante diez años consecutivos. El secreto de su éxito puede ser el talento, la suerte, el entrenamiento o cualquier otra razón que se pueda imaginar. El propio torero no nos da la respuesta en su entrevista más reciente, concedida a ' El Correo '. Eso sí, revela un peculiar ritual que mantuvo en sus últimos años en activo antes de cada faena . «¿Comía siempre un plato de pasta antes de torear?», le pregunta el medio. Es conocimiento popular que este menú precedía las hazañas de Ponce y así lo ha confirmado. «Sí, sobre todo en los últimos años. Era una de mis dietas . Me tomaba una pasta, sólo con aceite de oliva. Nada más. Hacía mejor la digestión». Después de tres décadas en la cúspide del toreo -debutó en la adolescencia y se retiró con 2021- ya conocía a la perfección su cuerpo. «Antes de torear tienes que estar lo más ligero posible », apunta. Por eso añadía a su rutina otro paso que a muchos les sigue sorprendiendo porque es poco habitual en su gremio. Si la cita ocurría en una ciudad con campo de golf, allí que se iba el matador a despejarse unas horas antes. «Si llegaba con tiempo y había descansado bien, me hacía nueve hoyitos. Jugar al golf me mantenía despejado . Ese paseíto por el campo y el olor a hierba recién cortada de la mañana era maravilloso», recuerda. A veces jugaba el día antes «o incluso alguna vez la misma mañana». En este ritual buscaba ampliar su visión de la vida más allá de su trabajo: «Echaba un ratito, jugaba, comía y ya me quedaba tranquilo . Al final de mi etapa como torero entendí que había que relativizar las cosas. Estar metido todo el tiempo en la habitación me tensaba mucho. Con el tiempo entendí que era mejor relajar la vida y entenderla de otra manera». En esta misma conversación ha defendido su puesto vitalicio como torero. Lleva cinco años en un segundo plano -ahora apoya a David de Miranda - pero el que fue nunca dejó de ser. «Ser torero va mucho más allá de vestirse de luces. Es un sentimiento y una manera de vivir , de ser y de comportarse ante la vida. No solamente lo eres cuando estás delante del toro. Ya no estoy en activo, pero me sigo sintiendo torero y me moriré torero », afirma. La primera vez que encaró un toro, a los 8 años, no se imaginó que llegaría a este homenaje en Bilbao. «Ni mucho menos pensé en llegar a conseguir lo que, gracias a Dios, he logrado. Haber llegado a lo más alto y estar tantos años arriba, en la Champions, como yo digo, no es nada fácil». Entre el estreno y el punto final han pasado muchos miedos, éxitos, crisis y distracciones, como el fin de su matrimonio con Paloma Cuevas .