La España de Chus Mateo sumó ante Portugal su segunda derrota consecutiva en su camino hacia el Mundial de 2027. Ni mucho menos se puede hablar de crisis, pues el combinado nacional lidera con Ucrania el grupo A y la cita internacional no peligra en demasía, pero es cierto que el grupo parece haberse estancado ligeramente, reincidente en sus errores e incapaz de potenciar sus virtudes. Como contra Georgia , la selección fue irregular, impetuosa, intercalando tramos de mucha superioridad con otros demasiado descontrolados. Ni siquiera el genial hacer de Cárdenas pudo convertirse en pegamento de un conjunto que acabó abrasado por los portugueses, escasos en calidad pero sí con su libreto bien aprendido. El bache está ahí y el próximo lunes, ante una Grecia en horas bajas, se verá si España sale de él o cava aún más hondo. Como es costumbre desde la llegada de Chus Mateo , la selección apostó desde el inicio por la velocidad, por enseñar los colmillos a campo abierto, potente presentación solo contrarrestada por el talento de Williams, estadounidense nacionalizado para la causa lusa. En medio del tiroteo, Queta le propinó un fuerte codazo a Willy, fea la sangrante brecha en su ceja, contratiempo que, por otra parte, propició el esperado debut de Aday Mara. El pívot le sentó de maravilla a la defensa española, aunque sus compañeros se descontrolaban en exceso en el otro lado de la pista, tan anárquicos que se confundían a sí mismos. Así, Portugal, con más insistencia que talento, se puso siete arriba tras un triple de Prey y a una gran suspensión de Williams, siempre superior a todos sus defensores. La brecha, sin ser crítica, invitaba a una ligera preocupación. Pese a todo, la reacción española no se hizo esperar y el segundo cuarto se inauguró con un parcial de 5-0 gracias a un triple de Yusta y a dos libres de Willy. Brizuela se unió a la fiesta con un salvaje tapón y otros tres puntos, acciones que levantaron al Príncipe Felipe, embelesado al ver cómo España recuperaba su esencia y, además, igualaba el marcador a 21. El vasco, siempre picante, lideraba de forma magistral al combinado nacional mientras los lusos comenzaban a atascarse sin remedio. El tanteo ascendió hasta el 15-3 después de un triple de Saint-Supéry, España mandaba por ocho y solo Lisboa evitaba un distanciamiento mayor con acciones aisladas. De hecho, sus dianas, unidas a un triple de Williams, propiciaron ocho puntos en 40 segundos para los visitantes, ráfaga inesperada a la que se unió Queta, gran estrella portuguesa, para devolver una holgada ventaja a los suyos. Cárdenas, brillante perla, asumió con aplomo el liderazgo necesario, un carácter que le permitió anotar cuatro puntos consecutivos y asistir a Parra , que esta vez no falló desde la larga distancia. España iba a rachas, necesita mucha más consistencia, pero es cierto que de talento va sobrada y, cuando entra en ebullición, sus rivales tienden a apartarse de su camino. El problema es que sus enemigos mostraban mucho oficio y finura para anotar desde la pintura, por lo que el cambio de liderazgo nunca llegaba a materializarse. Al menos hasta que Cárdenas, Mara y Brizuela se conjugaron para disparar las expectativas locales. Los triples de Ventura suavizaron el golpe y el empate volvió al electrónico antes del último acto, fin a un partido excelso en cuanto a fiereza y pasión. En esas asignaturas volvía a destacar Queta y su prodigioso físico. Al pívot se unieron Williams y Ventura, que elevaron la ventaja portuguesa hasta los siete puntos. El abismo volvía a aparecer ante los pupilos de Mateo, la reacción era obligada, pero Portugal, con Queta lesionado y Ventura desatado, no cedía ni un centímetro. Con casi todos sus compañeros desinflados, Cárdenas y Parra proseguían en su empeño de no tirar la toalla, un esfuerzo que acabó en anécdota por las carencias defensivas del grupo y por una serie de técnicas que permitieron a los lusos cerrar el choque desde la línea de personal.