Este martes falleció el actor Antonio Grimau, luego de permanecer algunos días internado. En los últimos años, su salud se fue debilitando, con algunas secuelas que le dejó luego de contraer Covid en 2021. Con la partida del actor se va uno de los referentes de una época de la ficción televisiva, pero también un artista con formación que ha transitado con talento y compromiso los escenarios teatrales. Había alcanzado la categoría de estrella popular en la década del ochenta gracias a la gran repercusión de los teleteatros que le tocó protagonizar, conformando una pareja artística recordada con la actriz Cristina Alberó.Compuso a un galán cercano a la gente, empático con la audiencia, pero también se destacó cuando tuvo que ubicarse en la piel de personajes menos amables con parlamentos hostiles.En lo personal, su vida había estado atravesada por varias pérdidas que lo marcaron de manera insondable, pero, fiel a su forma de mostrarse públicamente, jamás apeló a la victimización ni alimentó morbos ajenos. Su trabajo público se contraponía con una vida personal sobria y discreta. El hombre y la figura se manejaron siempre con gran ética. Un pibe de barrioAntonio Grimau, cuyo nombre real era Antonio Rebolini, había nacido el 10 de marzo de 1944 en la localidad de Remedios de Escalada, Partido de Lanús, en el sur del conurbano bonaerense. Allí se crio haciendo un culto de la amistad y los juegos en la calle. El potrero y el fútbol definieron los primeros años de su vida, en una comunidad marcada por la inmigración italiana. View this post on Instagram A los 11 años sufrió un duro revés en su vida que apuró su madurez. Arribando a la adolescencia padeció, en siete meses, las pérdidas de sus padres y de una de sus hermanas. Fue un golpe demasiado duro para un joven que apenas despuntaba a la adolescencia. Fue en ese tiempo cuando tomó conciencia que lo suyo no era el colegio industrial, dejando sus estudios inconclusos. Fue su hermano mayor, una suerte de tutor, quien lo conminó a trabajar. Hizo de todo, hasta que llegó el teatro a su vida. View this post on Instagram A los 16 años se presentó en una audición para participar en una propuesta escénica en el teatro Charles Chaplin de Almagro. Lo que comenzó como una aventura adolescente se transformó en una epifanía. Confirmó su vocación en el hacer. Ese paso por el teatro independiente capitalino lo conectó con un mundo desconocido. Lúcido, rápidamente entendió que debía formarse. El maestro Juan Carlos Gené fue el referente que le habilitó un camino, le marcó rumbos, teorías y lo acercó a lecturas profundas que conformaron en él una coraza académica que puso en juego en varios desafíos escénicos de notable envergadura. En 1970 se afilió a la Asociación Argentina de Actores, confirmando que su camino ya estaba marcado, definido. La escena y un hitoEn 1990, Antonio Grimau sorprendió con un inteligente viraje en su carrera. En ese tiempo era uno de los actores mejor cotizados de la televisión argentina, a partir de su trabajo en innumerables ficciones y habiendo sido cabeza de elenco en varias telenovelas, muchas de ellas muy exitosas.Sin embargo, su búsqueda artística lo llevó a desafiarse, a ir en busca de aquella formación iniciática y de recuperar algo de la esencia del actor de teatro independiente que apelaba a los textos clásicos. Aquel año, bajo la dirección de Alberto Ure, protagonizó Los invertidos junto a Cristina Banegas y Lorenzo Quinteros en el Teatro San Martín. El material, una de las piezas referenciales de José González Castillo, lo mostró con una enorme solidez escénica. Se había convertido en un actor maduro, no por calendario, sino por peso específico en la profundidad interpretativa. El nudo argumental de la pieza abordaba el tema de la homosexualidad, aún no tan transitado por la escena oficial. Antonio Grimau tomó el riesgo de romper con el paradigma del galán televisivo para adentrarse en otra lógica artística. Aquel trabajo fue muy reconocido. En teatro, ya había participado de propuestas de la escena independiente y del teatro comercial, pero Los invertidos significó un punto de quiebre. A lo largo de su extensa trayectoria se atrevió a los clásicos de la escena universal, desterrando prejuicios y demostrando que su valía artística la podía desarrollar en materiales de neto corte popular y también al servicio de las plumas más excelsas. El tren amarillo, Los Linares, 30 dineros, Aquí hay gato encerrado, Papas fritas, Alta sociedad, Vidas privadas, Ladrones a domicilio, Historia de un caballo, Salven al cómico, Cartas de amor, Cristales rotos, El acompañamiento, El reñidero, El anatomista, El precio, Segovia (o de la poesía), Yepeto, La mandrágora, Guayaquil: una historia de amor, La gata sobre el tejado de zinc caliente, Filomena Marturano, El avaro, Hamlet, Danza macabra, Rotos de amor, Un guapo del 900 y La ternura, entre otros títulos, formaron parte de su extenso paso por las tablas. Cuando Susana Giménez decidió despedirse del teatro, lo convocó para ser parte de Piel de Judas. La remake de la comedia fue un suceso y el actor, una vez más, mostró sus dotes para un género que requiere una gran precisión y timing escénico. El teatro musical no le fue ajeno. Junto a Karina K protagonizó Al final del arcoíris, en torno a la vida de Judy Garland, material que contó con dirección musical de Alberto Favero y dirección escénica de Ricky Pashkus.En el verano 2020, previo al estallido de la pandemia, estelarizó el entrañable musical ¡Hello, Dolly! junto a Lucía Galán en el escenario del Teatro Opera porteño. Su afición por el canto también lo había llevado, en su juventud, a intentar suerte con la canción romántica. En el año 2023, volvió a reunirse con Cristina Alberó, luego de décadas de no trabajar juntos. Esa vez fue para protagonizar La ternura en el Teatro El Plata de Mataderos, dependiente del Complejo Teatral de Buenos Aires. El material, de bellísima factura y atmósfera shakesperiana, mostró a la pareja artística sumamente empática, con bríos renovados y con la aceptación del público que colmó cada una de las funciones. Sus últimas tareas teatrales se dieron en las obras Vamo los pibes y El verdadero diario de Adán y Eva, que se ofrecieron durante este año. En la primera, formó parte de un elenco variopinto integrado por Raúl Lavié, Osvaldo Laport y Osvaldo Santoro, mientras que en el segundo título estuvo acompañado por Betiana Blum. Seducir a la cámaraDesde jovencito, la televisión fijó su atención en él. Recorrió el escalafón de rigor, desde “actor de reparto” hasta protagonizar sucesos muy recordados. El bulín, ¡Arriba juventud!, El exterminador, Rolando Rivas, taxista, Con odio y con amor, Ese que no la quiere, Siempre te amaré y Dos a quererse fueron algunas de las ficciones donde demostró su poder de seducción a través de las cámaras. Muchos de estos títulos contaron con la rúbrica de Alberto Migré, prócer de la escritura televisiva. A comienzos de la década del ochenta, con Trampa para un soñador y Quiero gritar tu nombre se consagró como estrella. En las mencionadas ficciones formó rubro artístico con Cristina Alberó, siendo una de las parejas mejor cotizadas del medio televisivo. El rating de las mencionadas telenovelas superaba los 30 puntos, siempre bajo la fórmula del culebrón tradicional, afianzado en el gusto de los televidentes de ese tiempo.Luego de aquellos sucesos, formó parte de grandes éxitos de elenco coral como Más allá del horizonte, Por siempre mujercitas, Poliladron, Cha Cha Cha, Verdad consecuencia, Para toda la vida, Ricos y famosos, Cabecita y Mi ex. En el relevante ciclo de unitarios Alta comedia participó en diferentes temporadas y episodios.También fue parte de Soy gitano, Padre Coraje, Sin código, Hombres de honor, Se dice amor, Algo habrán hecho por la historia argentina, Mujeres asesinas, Mujeres de nadie, Todos contra Juan, Vidas robadas y Valientes, muchas de estas producciones generadas en Pol-ka, la compañía de Adrián Suar. En 2018 volvió a dar un volantazo en su trayectoria y sorprendió con su interpretación de Roberto Sánchez en la serie Sandro de América, dirigida por Adrián Caetano. Por ese papel recibió el Premio Martín Fierro como Actor Protagonista de unitario o serie.El cine no le fue ajeno, aunque no fue el ámbito donde se desempeñó mayormente. En este lenguaje fue parte de los elencos de La Mary, Una mariposa en la noche y Caballos salvajes, entre otros títulos. Otra tragedia En lo personal, siempre mantuvo la discreción de sus vínculos sin sumarse a ningún escándalo mediático. Entre 1973 y 1980 fue pareja de la actriz Leonor Manso. Fruto de esa relación nació Lucas, quien, en 2010, tendría un final trágico y prematuro como consecuencia de algunas adicciones y problemas psiquiátricos. El dolor por la pérdida de su hijo lo atravesó profundamente, pero no detuvo su tarea artística. View this post on Instagram Además de su relación con Leonor Manso, estableció vínculo con otras dos parejas, Zonia Tela y Cristina Sánchez, apodada “Marty”, traductora y correctora de textos literarios, fanática del actor, quien le llevaba más de treinta años. Además de Lucas, fue padre de Luciana y Antonia, fruto de estas relaciones y era abuelo de cuatro nietas. Entre sus hobbies se encontraba la pintura. Su nutrida producción lo llevó a contar con un importante acervo de obras e incluso vender algunas piezas a coleccionistas. En 2005, la Asociación Argentina de Actores y el Senado de la Nación le otorgaron el Premio Podestá a la Trayectoria Honorable, en reconocimiento a su recorrido artístico.