“¿Cuánto nos queda de campaña? Estoy hasta las narices”. La pregunta de Nacho Abad, el conductor de ese programa de infoagitación llamado En boca de todos, que en las mañanas de Cuatro, la segunda cadena española propiedad de la familia Berlusconi, solivianta a los espectadores adictos a las emociones fuertes, aunque sean falsas, resume bastante bien lo largo que se le está haciendo todo esto a la brigada del apocalipsis.Todavía estamos en octubre y las elecciones son el 29N. ¿Qué puede salir mal? Pues la mayoría absolutista de PP y Vox, tantas veces proclamada, sondeo tras sondeo, con tanta vehemencia que, de hacerles caso, pareciera que ni siquiera hacía falta votar.El caso es que la recta final hacia las urnas se les está haciendo bola. La anunciada mayoría aplastante ha empezado a encoger, y con ella la paciencia de unos predicadores que contaban con llegar a la noche electoral sin sobresaltos.Manuel Roig lo plantea en El Confidencial con la prudencia de quien empieza a redactar la autopsia antes de que se certifique la defunción. Hasta la noche del 29N, escribe, no sabremos si poner el foco de la campaña en los sacrificios que vienen pasará a la historia como un ejercicio de responsabilidad de Núñez Feijóo o como “el primero de los errores que habrán llevado al Partido Popular y a Vox a dilapidar una mayoría absoluta amplísima en apenas dos meses”. No es todavía pánico, pero sí preocupación.Otros han optado por curarse en salud. David Jiménez da en El Mundo por cada vez más probables las impugnaciones, a raíz del “monumental lío” organizado en torno a la ley de nietos, la suspensión cautelar de sus efectos en el censo dictada por el Supremo y los plazos de la convocatoria. Su conclusión es que nuestra democracia se adentra, esta vez sí, en “territorio inexplorado”. Entre guiones le queda espacio para reprochar a Sánchez que no esperara a la primavera para convocar, lo que equivale a culparle de no haber prolongado una legislatura cuyo final la derecha llevaba meses reclamando.Carlos Herrera va más lejos, esta vez en las páginas de Abc, el diario del grupo Vocento. Siempre suspicaz, asegura que el Constitucional se ha negado a validar la ley de nietos para dejar abierto un “resorte oculto”, que no es otro que la posibilidad de impugnar las elecciones “una vez derrotado el sanchismo”. Herrera admite que esa impugnación probablemente no prosperaría, pero sostiene que serviría para embarrar la victoria de la derecha y movilizar “hasta la náusea a toda la chusma callejera que está ensayando el asalto”. Su consejo final, “vayámonos preparando para lo peor”, tiene la ventaja de dejar escrita la explicación antes de que se conozca el resultado.Federico Jiménez Losantos no necesita resortes ocultos, porque desde los micrófonos de esRadio lo ve todo con una claridad que ya quisieran para sí los institutos demoscópicos. La izquierda, explica, “no ha cambiado”, simplemente “se ha destapado”, y “90 años después ha vuelto al 36”. Apoyándose en un editorial de El Mundo, da por evidente que ETA se está reorganizando, porque “cómo no se va a estar reorganizando si han ganado”.El calendario de la catástrofe también está fijado, asegura. Si la izquierda pierde, dirá que le han robado las elecciones e irá “al golpe del 34”, que según Losantos llegará “en el verano del año que viene, después de las municipales”, con “una rebelión terrorista en el País Vasco, en Navarra, en Cataluña y lo que puedan en Galicia y en Valencia”. Cuando él mismo se pregunta por qué, la respuesta no admite réplica: “Porque es así”.La mano de obra para esa rebelión no será un problema, aclara, porque Sánchez “entra en las redacciones de los periódicos, de las radios y de las televisiones y tiene voluntarios a porrillo”, un retrato de la profesión que probablemente solo sorprenda a quien no le conozca.Lo llamativo, sin embargo, es que el blanco de su furia no son los terroristas de redacción, sino Feijóo y Abascal, a los que reprocha entretenerse con “el detallito” de las listas provincia a provincia, en vez de cerrar de una vez por todas listas conjuntas, mientras España se despeña. “Es para daros de bofetadas, pero hasta mataros”, les espeta a los “señoritos de Bambú y de Génova”, antes de recordarles que el poder autonómico no sirve de nada porque “no tenéis policía, no tenéis Guardia Civil, no tenéis Ejército”.Hay quien prefiere ir haciendo digerible lo que viene con argumentos de más largo alcance. Salvador Sostres sostiene en Abc que solo se reclaman herederos de la República quienes lo hacen “por ignorancia, por resentimiento social o por instinto asesino”, y a partir de ahí se adentra en una reivindicación del régimen que no se molesta en disimular. “El franquismo, o por lo menos una parte de lo que fue el franquismo, tuvo elementos muy interesantes para España”, escribe, y el primero de ellos habría sido “sofocar la brutalidad criminal y analfabeta de la República”. El matiz llega después, cuando aclara que nadie desea volver a una dictadura y que el franquismo tuvo “momentos oscuros e incompatibles con nuestro modo de vida libre”, una fórmula que despacha casi cuatro décadas de dictadura con la delicadeza de quien describe una mala racha.Ignacio Camacho conserva la calma en el mismo diario y sigue dando por segura la victoria, aunque con una rebaja apreciable que también es muy significativa. El pronóstico de 200 diputados entre PP y Vox que todos en la derecha proclamaban felices hasta hace solo unos días le parece ahora “bastante sobredimensionado”, porque la “contrastada habilidad sanchista para agitar las campañas” hace verosímil que las diferencias se aprieten. Una remontada del Gobierno, añade, solo sería posible si las formaciones de la oposición decidieran “arrojarse juntas por un barranco”, quizá a modo de advertencia a la vista de los muchos errores que Feijóo lleva cometidos desde que Sánchez disolvió las Cortes.Camacho espera ahora apenas 180 escaños, cuatro más de los 176 que marcan la mayoría absoluta. No parece una renta muy grande cuando quedan, todavía, 36 días hasta que votemos. Y muchas oportunidades para seguir cometiendo errores.