Hay algo extraordinario en las bibliotecas que, por estar tan acostumbrados a ellas, apenas nos detenemos a considerar. Una persona puede entrar en una biblioteca sin que nadie le pregunte cuánto dinero tiene, qué estudios ha cursado, a qué se dedica o qué piensa. Puede sentarse, consultar un periódico, estudiar o elegir un libro entre miles de posibilidades. Y puede llevarse ese libro a casa, disfrutarlo durante unos días y devolverlo para que otra persona haga exactamente lo mismo. Todo ello gratuitamente. Si lo pensamos bien, no abundan los lugares que funcionan de esta manera. Vivimos en una sociedad en la que casi todo tiene un precio , en la que poseer algo suele significar que los demás no pueden... Ver Más