Las confesiones más duras de Eric Dane en sus memorias: "Físicamente parezco sano. Pero mentalmente estoy en decadencia"

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Eric Dane estaba comiendo sushi con sus hijas cuando notó los primeros síntomas de la enfermedad que acabaría costándole la vida dos años después. El actor se dio cuenta de que no podía sostener los palillos con una mano, aunque, lejos de darle importancia, pensó que había enviado demasiados mensajes con el móvil y se le habían entumecido los dedos. Sin embargo, la sensación se repitió tres semanas más tarde.Nueve meses después, y tras someterse a numerosas pruebas, llegó el diagnóstico definitivo: ELA (esclerosis lateral amiotrófica). Un escalofrío recorrió el cuerpo del intérprete, que llamó a su expareja, Rebecca Gayheart, para confirmarle que el peor escenario que ambos contemplaban ya era una realidad. "Ella rompe a llorar desconsoladamente y yo lloro con ella. Lloramos juntos. Finalmente, las lágrimas disminuyen y se convierten en suspiros", recuerda Dane en My Book of Days: A Memoir in Moments, el libro de memorias que llegará a las librerías estadounidenses el 3 de noviembre de la mano de Penguin Random House.El libro es, en parte, una respuesta al deseo de sus hijas de que su mensaje llegue a sus seguidores, pero también al del propio Dane de compartir su experiencia. Maria Shriver, autora y responsable de The Open Field, el sello bajo el que se publica la obra, la describe como "una reflexión sobre la familia, la resiliencia, la fe, la sobriedad, la paternidad y lo que significa vivir al máximo ante una enfermedad terminal".El actor, que alcanzó la fama internacional gracias a su participación en Anatomía de Grey, repasa su vida sin esquivar sus episodios más oscuros. Entre ellos figura su lucha contra las adicciones, una batalla que lo acompañó durante años y que constituye uno de los capítulos más duros de sus memorias.El diagnóstico que lo cambió todo"Solo recuerdo sentir un impacto violento, como si me hubieran quitado el aire, y a Rebecca llorando desconsoladamente al otro lado del teléfono", rememora Dane. "Entonces me derrumbé por completo. Mis sollozos hicieron que mi cuerpo temblara y oí sus palabras brotando entre lágrimas: 'Estoy aquí, lucharemos juntos contra esto, no me voy a ir a ninguna parte'".En aquel momento decisivo, el intérprete tomó una determinación: quería ser un ejemplo para sus hijas y afrontar lo que estaba por venir con entereza. "Voy a afrontar esto. Voy a luchar. Voy a enseñarles a mis hijas a vivir con gracia y dignidad, pase lo que pase. Voy a LUCHAR. Esto se ha convertido en mi propósito. Mi razón de ser. Este es ahora mi trabajo", escribe.Sin embargo, su lucha no estuvo exenta de momentos bajos en los que llegó a sentirse al límite. En sus memorias, Dane describe el deterioro físico que sufrió durante una de las etapas más complicadas de su vida y cómo este también afectó a su comportamiento en el trabajo"Mi cuerpo se va a la mierda. Bajo a 170, mi cara se hunde, mis ojos se nublan, me veo demacrado; mierda, parezco un drogadicto", relata el actor, que poco a poco se fue encerrando en sí mismo y dejó de ser el hombre divertido que animaba los rodajes.El día que su hija tuvo que salvarloOtro episodio que ilustra su vulnerabilidad ocurrió durante unas vacaciones en Antigua. Mientras nadaba, el actor se encontró en una situación de peligro y una de sus hijas tuvo que ayudarlo. Después, llamó por teléfono a Gayheart para contarle lo sucedido. "No sé nadar, Rebecca. No sé nadar", le dijo, según relató posteriormente. Antes de enfrentarse a su enfermedad, Dane ya había librado una batalla prolongada contra el consumo de sustancias. En el libro, describe aquella etapa como "mi época oscura" y recuerda que, mientras intentaba abrirse camino como actor, las drogas fueron ocupando cada vez más espacio en su vida. Su relato es explícito sobre la magnitud del problema, ya que asegura haber probado prácticamente todo tipo de sustancias, desde alcohol, marihuana y LSD hasta heroína, cocaína, metanfetamina y crack. También menciona el consumo de grandes cantidades de analgésicos y medicamentos como Vicodin, Percocet y OxyContin, además de benzodiacepinas y estimulantes.El intérprete también explica que, con el tiempo, consiguió recuperar cierto control sobre sus adicciones y mantenerse sobrio durante los rodajes. Pero esa mejoría no borró las consecuencias de aquellos años. En otro pasaje de sus memorias, recuerda cómo llegó a sentirse físicamente recuperado mientras su salud mental seguía deteriorándose. "Físicamente parezco sano. Pero mentalmente, estoy en decadencia", escribe.Pese a todo, el tono de sus recuerdos no se limita al dolor. Dane también reivindica la posibilidad de encontrar un propósito incluso en las circunstancias más difíciles. Su decisión de luchar contra la ELA y de transmitir a sus hijas una forma digna de afrontar la adversidad se convirtió en el hilo conductor de esta última etapa.A través de sus memorias, el actor deja un testimonio íntimo de sus errores, sus recaídas y sus esfuerzos por salir adelante, con la voluntad de que su historia sirva también a quienes atraviesan sus propias dificultades.