El Gran Wyoming, sobre su infancia: «Mi madre estaba en un sanatorio por depresión. Lo veíamos como algo normal, pero su ausencia ha influido en mis relaciones de pareja»

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José Miguel Monzón, conocido por los espectadores españoles como El Gran Wyoming, ha logrado reinventarse con éxito a lo largo de varias décadas. Nacido en Madrid el 15 de mayo de 1955, formó parte de la movida madrileña con su propio grupo musical, trabajó como médico , la profesión para la que se formó, participó en distintas producciones cinematográficas y presentó espacios tan populares como 'Silencio, se juega' o 'Caiga quien caiga'. Desde hace 20 años, es presentador de 'El Intermedio' , programa en el que desde 2006 repasa la actualidad con su particular combinación de ironía, humor y crítica social. Sin embargo, detrás de esta faceta humorística, se esconde una dura historia personal . El comunicador ha relatado en diversas entrevistas a lo largo de su vida cómo la enfermedad de su madre, la educación estricta que recibió en un colegio religioso y la ausencia de determinadas muestras de afecto influyeron en su forma de ser. En una entrevista concedida hace años al programa 'Palo y Astilla', Wyoming recordó cómo vivió durante su infancia la grave depresión que sufrió su madre , una enfermedad que en aquella época todavía estaba rodeada de incomprensión y estigma social. El presentador contó que su madre desarrolló la depresión tras años de embarazos consecutivos: «Somos cuatro hermanos nacidos en cinco años y pico y con un aborto entre medias, es decir, que era un proceso que desgastaba mucho en aquel tiempo». «Entonces esto le produjo una descalcificación que a su vez se le jodió la boca. Entonces no dormía y ya se le lio todo», señaló. Desarrolló entonces una depresión que todavía con contaba con tratamientos muy desarrollados. «No estaba la terapia no estaba tan avanzada, los psicofármacos supongo que no tenían nada que ver con lo que hay ahora, y el tratamiento era más de choque. Entonces lo que hacían era coger al individuo y anularlo hasta cierta manera. Se daba una medicación que te dejaba grogui». No obstante, aseguró que cuando iba a verla parecía todo normal, lo que le creó una enorme confusión. «Nosotros íbamos de visita a un sanatorio y para mí era normal, pero el concepto de enfermedad... yo no entendía bien qué pasaba. No la veía que estuviera mala. Entonces no entendía bien el proceso», reconoció. El presentador relató además cómo su padre trató de proteger a la familia en una época en la que los trastornos mentales eran vistos de forma muy diferente a la actual. «Intentaba protegernos a nosotros y a ella para que no se corriera la voz de que estaba loca, que era lo siguiente», afirmó. Aquella situación generó una extraña sensación de angustia en casa: «Todo el mundo me preguntaba por mi madre, porque era muy conocida en el barrio, y yo solo podía decir 'bien, bien'». La ausencia materna dejó una huella que el presentador asegura haber identificado con el paso de los años. No tanto por una reflexión consciente durante la infancia como por la manera en que aprendió a relacionarse con los demás y a expresar sus sentimientos. «Por un lado, yo creo que también tú eres distinto en el sentido de que hay una parte de convención social, de alguna manera a nosotros no nos colocaron en un espacio. Es decir, nosotros podríamos haber sido pijos, no fuimos pijos. ¿Por qué? Influyó el que yo me tenía que vestir de pequeño. Entonces esto te hace un poco libre pensador, el no tener a nadie encima. Y yo creo que esa ausencia pues tiene ese lado», narró. Esto es algo, detalló, cuyo impacto notó en su vida adulta: «Lo he notado de mayor con mis parejas. Como que afectivamente soy un poco distante y no me manifiesto... Físicamente no soy sobón. Y esto sí que me lo recriminan, porque no saben bien si es que quieres poco o qué te pasa». Con su madre enferma y su padre desbordado por las responsabilidades familiares y laborales, fueron sus abuelos quienes asumieron gran parte del cuidado de los cuatro hermanos. «Mi abuela tuvo que dejar sus quehaceres en el pueblo y venirse a Madrid a cuidar de nosotros. Es la persona que estuvo más al cargo», confesó. De ella conservaba una imagen muy concreta: «Era una persona que venía de la época de la Edad Media totalmente: austeridad total. Yo siempre la vi vestida de negro con un moño. Jamás la vi con ningún otro tipo de ropa. Y nunca llevó dinero encima, ni siquiera tuvo carné de identidad». Esa realidad rural golpeó directamente a Wyoming cuando tuvo que viajar al pueblo para pasar tiempo con sus abuelos. La primera vez, su padre lo dejó al cuidado de un hombre que viajaba en la misma dirección. El niño tenía unos seis años y apenas conocía a sus familiares. «Cuando llego a la casa estoy aterrorizado porque a mis abuelos prácticamente no los conocía», relató. «Primero no sabía que hacía allí y luego los niños pequeños son un poco como las mascotas, no saben si hay camino de vuelta. Tú nunca sabes si eso es para siempre, si no... Estás en un estado de desolación absoluto », agregó. Esto hizo que su cuerpo reaccionara de forma inesperada: «M meé encima, no podía más. Y entonces lo que me faltaba. Cuando llegué yo estaba meado y mi abuelo me cogió y me sentó en el borriquito. Todo era horrible , no sabía si llorar... me daba vergüenza porque los niños no podíamos llorar por aquel entonces. El llanto no era rentable en aquella época». La infancia de Wyoming también estuvo marcada por la educación que recibió en un centro religioso. En el programa 'Usted está aquí', el presentador describió las prácticas disciplinarias de aquel colegio, donde los castigos físicos formaban parte de la rutina. «Yo fui al colegio La Fuencisla , un colegio muy pequeño con tres o cuatro profesores, tendría dos o tres cursos. Y allí las hostias volaban . Te estoy hablando de palizas . Todavía no se había inventado el término 'maltrato infantil'. El terror era la norma», reveló. El humorista comentó que la violencia estaba tan normalizada que los alumnos aprendían a estudiar bajo una presión constante. «Todos sacábamos unas notas espectaculares. Yo tenía un 10 en todo, toda mi vida he trabajado bajo presión, tortura o similares», señaló con su habitual ironía. Más allá de las calificaciones, aquellas experiencias también influyeron en su manera de interpretar el mundo y las contradicciones que observaba a su alrededor. «Decías: '¿Y por qué va al cielo un señor que pega a los niños?'. O sea, si ese es el ejemplo, ese es el portavoz, vaya Dios , ¿no?», reflexionó.