Muchas de las zonas más vulnerables a las riadas de la costa mediterránea son también polos turísticos. El cambio climático y la orografía del Levante explican la destrucción provocada por las tormentas que sacuden esta región, pero también influye la gran cantidad de población que vive en estas zonas inundables y gran parte de ella ha llegado en las últimas décadas. En los 145 municipios afectados por el temporal de este lunes, la población empadronada ha crecido casi un 32% desde 1996, porcentaje que se eleva hasta el 47% en los municipios de costa.Las cifras del padrón ni siquiera reflejan el crecimiento real de la región, que es incluso mayor, puesto que muchas de las nuevas construcciones son segundas residencias vacacionales. Como ya se demostró tras la fatídica dana de 2024, muchas de las zonas afectadas eran antiguas tierras de cultivo que se reconvirtieron en polígonos industriales, centros comerciales, hoteles o viviendas. La comparación de imágenes satelitales permite ver fácilmente esta transformación.Estas tres comparativas corresponden a diferentes puntos que se inundaron con el paso del temporal Adam, y muestran terrenos que en 1999 estaban sin edificar. La primera imagen de cada comparativa es del año 2025, la segunda es de 1999 y la tercera muestra la situación actual, con la huella de las zonas inundables.En los tres casos, se sabe fehacientemente desde hace una década que esos terrenos, como tantos otros de la Comunitat Valenciana, son suelos inundables, según los mapas oficiales de hidrología. En Oliva y Jávea, los colores corresponden al Plan de Acción Territorial sobre Prevención del Riesgo de Inundación de la Comunitat Valenciana (Patricova) de 2015, elaborado por la Generalitat Valenciana.Guardamar de la Safor no aparece como zona inundable en esa cartografía –pese a que sí se inundó, como se puede ver en la fotografía principal–, pero sí aparece en el mapa de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) como zona inundable para un periodo de retorno de 100 años. Los mapas de las confederaciones hidrográficas se elaboraron entre 2013 y 2015, y fueron actualizados entre 2019 y 2020. Ahora están de nuevo en proceso de revisión.La dana de 2024 también puso de manifiesto que las cartografías de zonas inundables, tanto de la CHJ como del Patricova, se habían quedado muy cortas. Aunque también se ha demostrado que aquella tormenta estuvo fuertemente dopada por el cambio climático, como los científicos aseguran que ha ocurrido esta semana. El mapa de zonas inundables de la Generalitat acaba de ser actualizado esta misma semana aunque solo para el área afectada por la dana de 2024. La superficie considerada inundable ha aumentado un 60% tras incorporar a los cálculos los registros pluviométricos del 29 de octubre.Aunque estas urbanizaciones y naves industriales se construyeron cuando todavía los mapas de zonas inundables no existían, Jesús Vargas, profesor de Geografía en la Universidad de Málaga, dice que eso no es motivo para que se construyesen viviendas prácticamente dentro de los cauces secos de los ríos a lo largo de todo el Levante."La cartografía ahora es más precisa, pero no es excusa porque siempre se ha sabido cuáles son las zonas tradicionalmente de riesgo, igual que todo el mundo sabe qué peligro tiene una rambla o un barranco", contesta. Añade que los mapas de inundaciones se elaboran con registros históricos de lluvias, de manera que cuando se dibujaron esas cartografías ya se contaba con décadas de información sobre lluvias torrenciales y se habían catalogado los municipios de mayor riesgo.Una investigación de Datadista posterior a la dana de Valencia concluyó que tres de cada diez viviendas afectadas por la dana en Valencia se construyeron en zonas inundables a partir del año 2000, principalmente durante la burbuja inmobiliaria de 2000 a 2010.En el área afectada por la dana Adam, la población también aumentó considerablemente durante los años de la burbuja inmobiliaria, según muestran los datos de población de los 145 municipios que la Generalitat declaró confinados este lunes. Si en 1960 vivían en ellos 411.082 habitantes, en 1996 había 577.971 personas empadronadas y, a cierre de 2025, ya eran 757.317. En las últimas tres décadas, la población ha crecido un 31%.Sin embargo, muchos de esos municipios son de interior, mientras que es en la costa donde realmente se ha producido un boom inmobiliario. Si se analizan exclusivamente los 19 ayuntamientos con salida a la costa de esa lista, como Sueca, Denia o Altea, la población ha pasado de 128.828 personas en 1960, a 249.261 en 1996, y a 366.493 en 2025. En los últimos 30 años ha crecido casi un 50%, y eso sin contar con las segundas residencias en manos de población flotante que solo pasa allí los veranos.Otro estudio publicado el año pasado por Amnistía Internacional denunció incluso que en las zonas inundadas de l'Horta Sud que llegaron a tener tres metros de alturade agua el 29 de octubre del 2024, se ha seguido construyendo vivienda nueva en los últimos dos años, de manera que esta temeridad no se justifica solo con que se edificó en el pasado.Según la ONG, esto se debe al problema severo de vivienda que sufre la región y que obliga a jóvenes y familias a adquirir casas en lugares de riesgo porque son municipios humildes con precios más asequibles. También encontraron promociones de chalets adosados levantándose en estas ubicaciones, construcciones extremadamente vulnerables al agua."Si se ha construido en primera línea de costa o en zonas de elevado riesgo de inundación es por la ausencia de responsabilidades para la gente que lo permitió. Tendrían que responder penalmente o administrativamente por esos permisos, que se siguen dando todavía hoy", opina Fernando Prieto, investigador del Observatorio de Sostenibilidad y autor de diferentes informes sobre la construcción en España en zonas inundables.Prieto propone que, ahora que ya es demasiado tarde para evitar que se edifique allí, se fijen carteles en todas las calles con peligro de crecidas, que las casas lleven aparejada una etiqueta de nivel de riesgo –similar a una etiqueta energética–, que se instalen sirenas de aviso a la población y que se impartan cursos en estas barriadas para que la gente sepan cómo responder en situaciones extremas.