Amparo Valcarce, Secretaría de Estado de Defensa, ya advirtió hace años que la «industria naval española está perfectamente capacitada» para consolidarse entre las mejores del mundo

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La industria naval militar española aspira a consolidarse como uno de los referentes internacionales en un momento en el que Europa busca reforzar sus capacidades de defensa y reducir su dependencia de proveedores extranjeros. La construcción de buques de guerra cada vez más avanzados exige combinar ingeniería, sensores, sistemas de combate y una cadena industrial capaz de responder a las necesidades de las Fuerzas Armadas.Esta ambición ya estaba presente en septiembre de 2023, cuando Amparo Valcarce, entonces secretaria de Estado de Defensa, defendió las capacidades del sector durante una reunión con empresas vinculadas a la industria naval. «La industria española está perfectamente capacitada para consolidarse entre las mejores del mundo en el campo de la construcción naval», afirmó en un encuentro celebrado en el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA).Navantia y los programas que impulsan la tecnología navalValcarce destacó el papel de Navantia como referente internacional y como empresa tractora de un tejido industrial con capacidad exportadora. La construcción de buques militares moviliza a numerosas compañías especializadas en ingeniería, electrónica, propulsión, comunicaciones y otros sistemas esenciales para las operaciones navales.Durante aquella reunión se revisó el estado de varios programas estratégicos, entre ellos los submarinos S-80, las fragatas F-110, los buques de acción marítima (BAM) y el BAM de intervención subacuática. Estos proyectos representan distintas facetas de la modernización de la Armada y requieren soluciones tecnológicas adaptadas a misiones específicas.En las fragatas modernas, por ejemplo, la eficacia operativa depende de la integración de radares, sensores, sistemas de mando y control y armamento. Los submarinos, por su parte, requieren avances en discreción acústica, navegación, propulsión y gestión de información. El desarrollo de estas capacidades permite acumular conocimientos industriales que pueden aplicarse a futuros programas nacionales e internacionales.La secretaria de Estado también subrayó que las inversiones en defensa generan retornos económicos y contribuyen al desarrollo de las economías locales y regionales, especialmente en los territorios donde se concentran los astilleros y las empresas auxiliares.Una industria estratégica para la defensa europeaLa apuesta por la construcción naval no se limita a fabricar plataformas militares. También implica desarrollar tecnología propia, mantener personal altamente cualificado y garantizar que los sistemas puedan actualizarse durante décadas de servicio.En su intervención, Valcarce defendió que la industria española de defensa debía proyectar una imagen de un país tecnológicamente avanzado y capaz de competir en los mercados internacionales. Esa aspiración resulta especialmente relevante en el contexto actual, marcado por la modernización de las flotas europeas y la creciente importancia de la seguridad marítima.La competitividad del sector dependerá de mantener inversiones estables, impulsar la investigación y fortalecer la cooperación entre la Administración, los astilleros y las empresas tecnológicas. También será esencial convertir la experiencia acumulada en contratos internacionales que sostengan la actividad industrial.El mensaje de 2023 conserva su relevancia: España dispone de capacidades para aspirar a una posición destacada en la construcción naval militar. El desafío consiste en transformar ese potencial en innovación continuada, producción competitiva y sistemas capaces de responder a las exigencias tecnológicas de las próximas décadas.