Matías Prats, 75 años, sobre su infancia: «Mi adolescencia estuvo marcada por una disciplina muy castellana. En mi casa no se daban muchas palmadas en la espalda»

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Hablar de Matías Prats es hacerlo de una las caras y voces más reconocibles y respetadas de la televisión española. Durante más de medio siglo, el periodista madrileño ha acompañado a millones de espectadores relatando algunos de los acontecimientos más relevantes de la historia reciente, como el inolvidable 11-S. Nacido el 14 de noviembre de 1950, pertenece a una de las grandes sagas periodísticas de España. Hijo de Matías Prats Cañete y padre de Matías Prats   Chacón , su apellido ha estado ligado a la comunicación durante generaciones. Sin embargo, aun teniendo a su progenitor como referente, el popular presentador reconoció que su camino hacia el periodismo no fue algo planeado minuciosamente. De hecho, estudiar no era precisamente su fuerte. «De adolescente, yo era un estudiante malísimo, de los peores. Mi padre me miraba y yo creo que pensaba: '¿Qué voy a hacer con este chico?'. No tenía ninguna vocación, solo quería jugar al fútbol », confesó en unas declaraciones por medios como la revista Semana o The Objective. Así, afirmó, entró en la carrera de Periodismo «por probar, casi por descarte , porque en casa no veían que yo tuviera fuste para otra cosa». Al final, logró construir una sólida trayectoria que le ayudó a superar algunas dificultades de su vida personal. «Era un chico muy tímido , me refugiaba en el deporte. La televisión me ayudó a vencer ese miedo, pero en mi adolescencia, lo de hablar en público era una tortura para mí», reveló. Llevar el mismo nombre que su padre no fue siempre motivo de orgullo para el periodista. Aunque con el paso del tiempo ha aprendido a valorar el legado familiar, durante su juventud quería encontrar su propio camino , lejos de las expectativas que podía generar su apellido. «Yo no quería ser Matías Prats, quería ser cualquier otra cosa. Luego te das cuenta del privilegio que es, pero con 15 años solo quieres ser tú mismo, sin comparaciones», manifestó. En casa, además, la educación estaba marcada por una disciplina exigente, donde los halagos no eran habituales: «Mi adolescencia estuvo marcada por una disciplina muy castellana . En mi casa no se daban muchas palmadas en la espalda. Si hacías algo bien, era tu obligación; si lo hacías mal, te lo recordaban con mucha claridad». Entre los recuerdos más difíciles de su juventud, fruto de su mala relación con los estudios, figura el verano que pasó en un internado de Antequera. Durante una entrevista en laSexta Noche, Prats describió las condiciones que vivió en aquel centro y recordó una disciplina que hoy resultaría difícil de imaginar. «Era rígido , poco flexible , y bastante duro », explicó sobre aquel lugar, antes de señalar las diferencias entre los métodos educativos de entonces y los actuales. «No tiene nada que ver cómo se instruía a los chavales repetidores y malos alumnos que éramos los que aterrizábamos por allí a los que van ahora, que seguramente serán ejemplares», remarcó. En este lugar, narró, «había castigo físico y te soltaban dos tortas por menos de nada. A mí me tocó en una ocasión». Él mismo recibió este correctivo en una ocasión: «Una vez que entré de noche en los dormitorios, que era un barracón enorme con literas, iba jugando con otro compañero. De la luz a la oscuridad sabes que hay unos momentos en los que se pierde la visión y no la vi llegar. Me dejó dos o tres dedos señalados ».