Cuando se anunció que Studio Ghibli recibiría el premio princesa de Asturias de comunicación y humanidades, se abrió la duda de qué talentos legendarios se asomarían por Oviedo para sostener el galardón. En ausencia de Isao Takahata, fallecido en 2018, podíamos ilusionarnos pensando en el productor Toshio Suzuki, el compositor Joe Hisaishi e incluso, puestos a soñar, el mismísimo Hayao Miyazaki. Pero nada de nada: al final han sido Kenichi Yoda, presidente del estudio, y el director de su museo, Kiyofumi Nakajima, quienes se han pasado a probar las fabes y a estrechar la mano de la princesa Leonor. ¿Un desplante? No necesariamente, porque el historial de Ghibli en general, y de Miyazaki en particular, en los eventos internacionales permitía esperarse algo así. ¿Ha viajado Miyazaki fuera de Japón?"Miyazaki tiene 85 años", ha señalado Kenichi Yoda en su rueda de prensa. Acto seguido, el presidente de Ghibli tranquilizó al público señalando que el titán del cine sigue dibujando todos los días, pero sus palabras nos recordaron que el director de La princesa Mononoke lleva en esto de la animación desde la década de 1960, y ya ha llegado a una edad en la que los viajes largos apetecen poco. Por otra parte, no es la primera vez que el director ha esquivado una entrega de premios: en 2023, agradeció su premio Donostia honorífico en el Festival de San Sebastián con un mensaje en vídeo desde Tokio. Y veinte años antes, cuando El viaje de Chihiro fue nominado a ese Oscar que terminaría ganando, Miyazaki tampoco hizo acto de presencia en la gala: "No me apetecía visitar un país que está bombardeando Irak", reconoció. Esto no significa que Miyazaki nunca haya puesto el pie fuera de su país: su currículum incluye expediciones a Estonia, Reino Unido y Alemania, pero siempre para documentarse de cara a sus películas. Su primer gran viaje internacional, a Suecia en 1971, tuvo como objeto entrevistarse con la escritora Astrid Lindgren para que esta le autorizase a adaptar sus relatos de Pippi Calzaslargas. Algo que, por desgracia, no consiguió.Así pues, podemos decir que Miyazaki ha rechazado viajar a España en esta ocasión debido a sus nulas ganas de quedar bien con las grandes instituciones... y también porque, cuando uno es una leyenda viva del cine, no necesita coger un avión si no le apetece. Y menos aún si ese aeroplano es a reacción, porque al director siempre le han gustado más los vehículos de hélice.