Este artículo forma parte de nuestro número Especial Studio Ghibli [CINEMANÍA N372] que puedes adquirir en la tienda online.Allá por el verano de 1973, en la periferia de Tokio, tres personas se cuecen vivas dentro de un edificio prefabricado. Los más de 40 grados de temperatura en el cuchitril, las jornadas maratonianas y la escasez de personal hacen que su trabajo (poner en marcha una serie de animación titulada Heidi) se parezca mucho al infierno, pero, con el tiempo, también le darán una aura de leyenda.Uno de ellos, Yoichi Kotabe, acabará mudándose al campo de los videojuegos, donde hará historia con sus diseños para Nintendo; los otros dos son Isao Takahata ('Paku-chan' para los íntimos) y Hayao Miyazaki, amigos de edad similar (el primero nació en 1935, el segundo en en 1941) y bastantes rasgos en común. Licenciados en Literatura (Takahata) y en Ciencias Políticas (Miyazaki), ambos vivieron infancias marcadas por la II Guerra Mundial, comparten una ideología cercana a la extrema izquierda y tuercen el morro ante la industria del anime y su máximo referente, el veneradísimo Osamu Tezuka. Asimismo, tras haber vivido la efervescencia política del Japón de los 60, se ven como forasteros en un país cuya juventud parece "jerarquizada, sobreprotegida y asfixiada por la sociedad".Ah, y también les sobra el talento: su Heidi arrasará dentro y fuera de Japón, dando lugar a World Masterpiece Theatre, serie antológica que acogerá versiones de Marco (1976), Ana de las Tejas Verdes (1979) y otros clásicos de la literatura infantil. Los orígenes de Studio GhibliMiyazaki, el más aventurero de los dos, se estrenará como director de TV en 1978 mediante la serie Conan, el niño del futuro para después debutar en largo con El castillo de Cagliostro (1979), un título de la franquicia Lupin III. Llegado 1984, tras haber participado en una memorable adaptación de Sherlock Holmes, el cineasta se planteará mandar el anime al carajo y dedicarse exclusivamente a Nausicaä del Valle del Viento, el manga que publica desde 1982 en la revista Animage. Pero cuando Toshio Suzuki, jefazo de la publicación, le proponga llevar su tebeo al cine, Miyazaki aceptará... y reclutará a Takahata para que le eche una mano. Así, resumiendo mucho, fue como se ensamblaron las tres piezas de Studio Ghibli. Con Miyazaki aportando el cerebro (y la mala leche), Takahata ejerciendo de corazón en la sombra y Suzuki encargándose de la parte administrativa, Ghibli funcionará con normas estrictas: su trabajo estará destinado a la pantalla grande, nunca rodará secuelas y aspirará a la excelencia técnica frente a esa "polución cultural" en la cual, según el autor de Nausicaä..., se traducen los salvajes ritmos de producción del anime. Qué significa "Ghibli"El nombre del estudio, tomado de un caza italiano de la II Guerra Mundial, no solo dará pistas sobre el amor de su director insignia por la aviación, sino también sobre ciertos demonios personales: su padre, un ingeniero aeronáutico con el que tuvo una relación difícil, se había escaqueado de ir al frente tras Pearl Harbor, pero también se había forrado fabricando piezas para los aviones del ejército japonés. Las huellas de esa contradicción, sumadas a su rechazo a la pax americana de posguerra, su amor obsesivo por el detalle y el enfado con una industria que, a su juicio, daba la espalda a la idiosincrasia nipona, conformarán a partir de El castillo en el cielo (primer largo de Studio Ghibli, 1986) una imaginería inconfundible: tanto en sus paisajes como en sus historias y su puesta en escena, la obra de Miyazaki, y la del sello en general, mirarán tanto a Europa como al Japón rural y harán bandera del pacifismo, la defensa de la naturaleza y el cuestionamiento de las jerarquías. Eso sin olvidar el cariño por unos personajes femeninos que nadan a contracorriente: "Necesitan amigos, como todo el mundo, pero no necesitan salvadores", afirmará el director acerca de sus heroínas. Tras unas cuantas obras maestras, bien firmadas por Miyazaki, bien por otros directores como Takahata y Yoshifumi Kondō, Ghibli romperá barreras con La princesa Mononoke (1997), filme que no solo arrasará en Japón, sino que también conseguirá (¡por fin!) una distribución aceptable en Occidente. El declive de Studio GhibliEl viaje de Chihiro (2001) volverá a dar la campanada con su Oscar a la película de animación... y, a partir de entonces, el estudio mostrará sus grietas. Enfadado con la industria y con el mundo, Miyazaki empalmará amenazas de jubilación que nunca cumplirá del todo, mientras que la muerte de Isao Takahata en 2018 privará a Ghibli de su director más perezoso y más sensible. Nuevos talentos como Mamoru Hosoda (que dio el portazo durante el rodaje de El castillo ambulante) abandonarán sus filas y los fans mirarán por encima del hombro a Gorō Miyazaki, hijo del sensei y autor de los peores títulos del estudio. A estas alturas, con El chico y la garza (Miyazaki, 2023) como último título de su filmografía, el pequeño avión no parece tener planes para levantar el vuelo. Pero tampoco lo necesita: su estela sigue ahí.