El Barça empezó desconfiando del balón y con Joan García como el único jugador que sabía lo que tenía que hacer para repeler los ataques franceses. El Barça parecía el París sometido al pillaje brutal de los últimos días. Un poste, dos remates parados milagrosamente por el portero y una sensación de vulnerabilidad de la que tantas veces habíamos advertido cuando el equipo de Flick jugaba contra rivales menores, y que sin embargo eran capaces de crear momentos de angustia a la frágil defensa barcelonista. El Barça no perdía la compostura, trataba de llevar el partido a su terreno y de brillar en sus virtudes, que las tiene, y muchas. Pero el PSG sabía explotar los defectos de su rival para proyectar sus mejores recursos y tenía mayores ganancias. Gordon hacía lo que podía y era poco. Los franceses sabían más lo que hacían que el Barça, pero el Barça no estaba lejos de adelantarse en el marcador y volver estériles los esfuerzos del siempre pesadísimo Luis Enrique. Qué pesado y qué intensito el asturiano. No es para quitarle méritos, pero ya está bien. Dembélé se rompió y tuvo que ser sustituido por Ferran Torres. Raphinha casi marca, Lamine también. El PSG tenía más autoridad pero el Barça -sin ser el tanque que arrasa a los rivales menores en La Liga- creaba más peligro. Ferran pudo marcar pero se encontró a un Joan García majestuoso que lo evitó. Dani Olmo confirmó su naturaleza trágica que consiste en marcar poco y lesionarse mucho: por eso se lo sacó de encima tan fácilmente el Leipzig. Fermín lo sustituyó. El recital de Joan García se extendió sobre la noche como si la Policía hubiera ganado a los manifestantes y en una jugada paró tres remates seguidos que fueron providenciales para que El Barcelona continuara existiendo. Sin duda este chico ha sido el mejor fichaje que ha hecho el club en los últimos tiempos. Pero ni Joan García ni nadie pudo hacer gran cosa contra el balón partido por Lamine y que Doué remató quirúrgicamente a gol. Un gran disparo, preciso, ajustado, que daba forma a la superioridad del juego de su equipo pero que en modo alguno sentenciaba el partido ni cuestionaba los argumentos con los que el Barça se había presentado en París. Joan García continuaba siendo el mejor jugador de su equipo, y salvo el gol, paraba todo lo que se le ponía por delante. El vendaval de los franceses se volvió como las piedras de los estudiantes contra la Policía. El Barça en Europa parece el Betis, es decir, una joven promesa aún por madurar en los partidos importantes. De otra pérdida de Lamine pudo marcar el PSG el segundo, pero el Barça tuvo suerte en primera instancia, y en la segunda, a su gran portero atajando el peligro. La maquinaria del PSG siguió ejerciendo su dominio en la segunda parte de un modo demasiado abrumador para un equipo como el Barça. Joan García era el único motivo por el que Flick podía continuar pareciendo un gran entrenador europeo. Y sin embargo el Barça continuaba inoculando sus dosis de veneno, lejos de dominio pero cerca del gol, y Xavi Espart surgido de la nada, y sin más méritos de los estrictamente atribuibles a la jugada concreta, consiguió empatar. Además, el PSG perdió a Marquinhos y a Kvaratskhelia. En el Barça, Bernal, Pedri y Raphinha fueron sustituidos por Rodri, Gavi y Adeyemi. Los franceses empezaron a perder fuelle y el Barça fue a por el partido, pero justo lo contrario que pasó en los momentos de dominio del PSG, en los que el Barça consiguió el empate, la defensa visitante se descuadró en dos ocasiones y la segunda bastó a los de Enrique para rematar el 2-1 por la escuadra. Brillante cabezazo de Hernández a la salida de un córner. Balde entró por Espart. Lamine empató de un golazo también por la escuadra pero la noche aún tenía guardado un instante de luz para Vitinha, que de otro disparo ajustadísimo parecido al de Doué volvió a adelantar a su equipo. Fabián marcó el cuarto para subrayar que el dominio provincial del Barça es insuficiente para conquistar Europa.