El Arzobispo de Oviedo en el Senado de España: "Hago política siempre que puedo"

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El Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes, defendió la presencia de Dios en la vida pública durante el foro “Lo que aporta la fe católica a España y a Europa” celebrado en el Senado de España: “Hago política siempre que puedo”.La cita, organizada por la Fundación Enraizados en la Sala Europa del edificio de la Cámara Alta bajo el título “Dios, ¿luz en la vida pública?”, se celebró este lunes 19 de octubre y comenzó con una oración que incluía esta petición: “Convierte a nuestra patria en una antesala de la patria celestial”.Durante el encuentro, el obispo franciscano participó en una mesa redonda junto al rector de la Universidad Cardenal Herrera CEU, Higinio Marín; el senador por Melilla, Fernando Gutiérrez; y el director de El Debate, Bieito Rubido.Mons. Sanz Montes expuso cómo con frecuencia se le acusa de ser un obispo “que se mete en política” porque, como él mismo reconoce, “no suelo defraudar” en algunas homilías y escritos.“Digo todo lo que puedo. Hago política siempre que puedo”, defendió, detallando a continuación que por política entiende “ese ministerio de dar testimonio en la polis, en la ciudad”.Así, explicó que en estas intervenciones no comparte “proposiciones partidistas, sino valores en los que creo, que he aprendido de Dios y de su Iglesia”, de tal manera que, añadió, “cuando señalo la mentira y los mentirosos jamás señalo sus nombres y nunca digo sus siglas. Ya las ponen ellos cuando se dan por aludidos”.Por otro lado, el prelado defendió que Dios tiene cabida en la sociedad, una “legítima posibilidad de acompañarnos” como un Dios que “no es rival, que no nos suple, sino que, con discreción, nos acompaña siempre”.“No hay ateos y creyentes, sino creyentes e idólatras”Preguntado por la invitación de San Juan Pablo II en su homilía de inicio de pontificado a abrir “de par en par las puertas a Cristo” en “los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura, de la civilización y del desarrollo”, Mons. Sanz subrayó que el Pontífice polaco realizó un llamado previo a no tener miedo y señaló cómo Europa, “desde la Revolución francesa en adelante, ha ido decantándose por una especie de sospecha, indiferencia y hostilidad hacia la presencia del acontecimiento cristiano”.El Arzobispo de Oviedo también expuso que "en nuestra sociedad, no hay ateos y creyentes, sino creyentes e idólatras". Siguiendo al poeta TS Elliot, el prelado afirmó que "cuando el hombre ha perdido la fe en el verdadero Dios, ha dejado de ser creyente", porque siempre le quedan tres dioses menores que no lo son", pero a los que no se quiere renunciar: el poder, el dinero y el sexo.“Díganme ustedes si las personas que se pavonean y que te imponen mil y una barreras para que tú puedas expresar libremente tu fe no son las personas que se presentan como ateas o agnósticas y, sin embargo, son los que creen a pies juntillas en el poder, el dinero y el sexo lujurioso”, añadió.La tentación de la clandestinidadPor otro lado, el prelado alertó contra la tentación de la clandestinidad, porque “nos puede estar reduciendo a los católicos en la cosa pública, en el corazón de la ciudad, al mutismo y a la invisibilidad”.“Si no hablamos y no nos presentamos, podemos incluso ser subvencionados”, ironizó. “Ahora, si decimos una palabra desde estos valores que se derivan de la larga tradición cristiana y si tenemos una presencia que sea crítica, pero no criticona, somos molestos y, por tanto, no solamente no nos darán nunca una subvención —a Dios gracias porque seguiremos siendo libres—, sino que además tratarán de censurar hasta en la clandestinidad con nuestro mutismo y nuestra invisibilidad”, expuso.Por último, el prelado defendió que el católico, fuera de la clandestinidad debe estar en “el templo donde celebramos el misterio, la plaza donde lo testimoniamos y el atrio que está en el medio. Para ir y venir del templo a la plaza y de la plaza al templo” como testigos de la verdad.