El maestro y el espejo

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Algún día el Barça de Flick tenía que perder el primer partido de la temporada, y es lógico que haya sido contra el doble campeón de Europa. En su campo, en una ciudad que ahora mismo vive inmersa en una recreación del Mayo del 68. Algunos dirán que el Barça vivió un baño de realidad, pero si hubiese ganado en París, o incluso empatado, hoy hablaríamos de la gran revelación de Europa y de los tres próximos Balones de Oro para Lamine Yamal. Y eso no toca, todavía. Bajo ese prisma, el Clásico del domingo contra el Real Madrid que ahora mismo, en octubre, es lo que importa nos habría parecido un trámite local, como bajar al súper a comprar leche, y quizás habríamos jugado ataviados con el abrigo de la soberbia.Seguir leyendo....